BRUCKNER: SINFONÍA Nº 5
Orchestre des Champs-Élysées, Philippe Herreweghe.
HARMONIA MUNDI
A estas alturas, Philippe Herreweghe no sólo ha demostrado su magisterio en lo que convencionalmente entendemos como música antigua, sino que ha abordado en varias ocasiones con éxito la música de los siglos XIX y del XX. Bruckner, cuya obra comenzó a amar en su niñez, tras conocer sus sinfonías interpretadas en la catedral de Gante bajo la batuta de Bernard Haitink, es uno de los compositores recurrentes en sus grabaciones.
Herreweghe ha afirmado aplicar a esta música los mismos principios que emplea en la de Orlando di Lasso o la de Bach para conseguir una interpretación históricamente informada que permita que la música fluya y hable por sí misma. En esta quinta sinfonía, el de Gante consigue aligerar la épica y el peso brucknerianos, y logra hacernos oír detalles que pasan desapercibidos en las grabaciones de siempre, logrando-y ahí está su principal mérito-que la música del austríaco conserve todo su sabor.
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Zapatero, a tus zapatos. Herreweghe se debería dedicar a dirigir Rameau, Bach y compañía, que es lo que hace verdaderamente bien, y dejar Bruckner a los herederos de Böhm, de Jochum, de Giulini o de Celibidache, que haberlos haylos.
Herreweghe, se aberroncha en una suerte de baras, que para cualquier bruckneriano, que haber habemos pocos,nos deja indisolubles. Al igual que bono haciendo Lemoooon. Definitivamente NO,he dicho