
La voz de nunca es una obra escénica total donde confluyen movimiento, palabra y música interpretada en directo por un pianista. La música original toma como punto de partida el Claro de Luna, de Beethoven y la Sonata para viola, de Shostakovich.
Según la coreógrafa Luz Arcas, “Nuestra propuesta nace de la necesidad de devolver a Beckett su más pura carnalidad, desperezarlo hasta quebrar la rígida carcasa donde se ocultan, detrás de la ya tópica obra, sus hombres tristes y desarraigados. Sí, para nosotros Beckett nos habla fundamentalmente del deseo, como único soporte del ser, que se desplaza, en su desasosiego atroz, hasta la identidad del otro: uno y otro se aman desde el hueco de sí mismos, uno es sólo acogida para el otro.
El trabajo coreográfico trata de hacer visible esta oscuridad, bailar los lazos de la carne en un desesperado intento de anudarse en medio del silencio de un mundo que no sabe, pero presiente, las catástrofes que le quedan por experimentar”.
Desde su nacimiento, en el año 2009, La Phármaco se ha propuesto recuperar el concepto clásico de ceremonia escénica: el espectáculo total, donde los elementos expresivos se reúnen y se afinan en una misma tonalidad, comprometida con el mensaje.
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