SOFÍA GUBAIDULINA: «COMPONER ES SÓLO LA MITAD DEL TRABAJO»
09/01/2009
El encuentro con la prensa de la compositora rusa Sofia Gubaidulina, que tuvo lugar ayer en el Auditorio Nacional, lo abrió ella misma, sin esperar las preguntas de los presentes, declarando: «Es una gran fiesta venir a Madrid y encontrarme con el público español, músicos e intérpretes, donde he encontrado una orquesta de gran calidad», ya que esa misma mañana se iniciaron los ensayos para el ciclo Carta Blanca de la OCNE.
Explicó que estos encuentros le otorgan «nuevas posibilidades de mostrar sus ideas y obras y establecer un lazo con las personas que son receptivas al arte». La compositora, nacida en la república de Tatarstán en 1931, cree que su trabajo como escritora de música no está completo si no se realiza en compaginación con los intérpretes y la audiencia: «Escribir una partitura es una cosa, tanto el músico como el auditorio se encargan de que esta partitura sea aceptada o no».
El ciclo, que da comienzo hoy 9 de enero y se alarga hasta el 18, incluye dos conciertos sinfónicos (comenzados con la Sinfonía núm. 1 en Do mayor, Opus 21 de Beethoven, y posteriormente centrados en la obra de la artista) y dos de cámara, en los que la propia compositora se ocupará de un instrumento llamado acuófono: «Fue creado por un señor Waters, americano que ama la soledad y vivió aislado una temporada, cuya afición es la de inventar instrumentos musicales», comentó Gubaidulina, a quien le gusta contar historias. Un encuentro casual la acercó al acuófono, durante los ensayos de un concierto, y «superé mi timidez para preguntar al percusionista acerca de cómo conseguirlo». Resalta la capacidad de «improvisación» del invento, que llega a funcionar como un medio para hablar unos con otros.
La otra historia que relató fue la de la gestión de In tempus praesens, concierto para violín y orquesta, que se estrena estos días en Berlín y llega calentito a Madrid. Para dicho concierto se contará con la violinista Anne-Sophie Mutter, virtuosa a la que está dedicada la obra. «Fue una iniciativa de Paul Sacher, quien admiraba la personalidad y el talento de Anne-Sophie desde que tenía dieciséis años, o incluso antes. Él me encargó que escribiera un concierto para violín dedicado a ella, lo ideó al escuchar mi pieza Offertorium. Pero por entonces yo estaba saturada de encargos y no lo pude atender. Luego él murió y yo lo he completado ahora».
Preguntada acerca del problema del público para la música contemporánea, Gubaidulina dijo no sentirse inquieta: «No es un problema nuevo, el público siempre fue selecto y la música no era accesible a todas las capas sociales. Es pretencioso exigir que nos comprenda todo el mundo». Según ella, «la sustancia musical es, ha sido y será algo muy complicado».
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