Después de unos años sin salir de mis ocupaciones profesionales y con la casi única escucha de jazz y música contemporánea, redescubrí, en los primeros años del siglo XXI, mi antigua querencia por la canción de autor… desde Pi de la Serra a Dylan, pasando, por ejemplo, por Javier Bergia, a quien recordaba en la Casa Revilla de la Fundación Municipal de Cultura de Valladolid allá por los 80, creo.
Desde entonces, su obra ocupa un lugar destacado en la estantería de mi discoteca y le veo en directo siempre que puedo, además de mantener con él conversaciones de todo tipo… lo divino y lo humano… especialmente sobre Joni Mitchell.
Fenómeno «My Generation», lo llamó Pete Townshend, de The Who. Bergia es la banda sonora de muchas personas de mi generación…
Este es su disco número veintiuno (yo solo tengo once, tengo que arreglar esto) y, ante el desdoro de industrias e instituciones musicales, Javier se arremanga, sigue componiendo, grabando maquetas, instrumentando, experimentando sonidos, escribiendo textos y… ¡alehop!, disco nuevo después de un año de trabajo entre Mojácar y Asturias.
Toca todos los palos… desde el «mester de cantautoria» a la canción urbana de amores imposibles, desde el jazz vocal a la crítica social —de manera apocalíptica, dado el estado de shock en el que hemos entrado— o el rock adulto… como corresponde a quienes tuvieron que hacer la mili. No es mi caso, el pelo largo me impedía ver al enemigo.
Un tono directo y, a veces, socarrón le salva de esta miseria en la que se ha convertido el mundo actual.
Diez temas como diez mandamientos, bailables algunos…
Mientras escribo, escucho y hoy repito la escucha de tres temas: «La Quimera y el Laberinto», «Dichosa Primavera» y «Agnóstico de Manual». Hoy son estos; mañana serán otros.
Como dije antes, ha grabado todos los instrumentos, lo que da una gran unidad a la obra sobre la variedad de temas, estilos, melodías, armonías y acentos que tiene su música.
Para mí ha sido un magnífico reencuentro; para usted, querido lector-lectora-lectore, puede ser la puerta de entrada a una casa encantada.
No le encontrará en las ya inexistentes tiendas de discos, sino en su tienda en línea o en alguna de las consabidas plataformas… (PlataJuntas he estado a punto de escribir).
Pasen sin llamar… por favor.
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