Con la tinta todavÃa caliente en nuestro último número de DÃa a dÃa (nº 4, octubre-noviembre), y con el eco resonando de la advertencia que lanzábamos en el editorial sobre los posibles recortes presupuestarios en Cultura, acaba de llegar al Parlamento el proyecto de Presupuestos para 2009. Y no fallábamos, Cultura es uno de los más atacados junto con Ciencia e Innovación, (-5,1 %), Sanidad y Consumo (-4,6 %) y Defensa (-3 %); el corte a Cultura es de -2,7 %. SabÃamos que iban a ser unos presupuestos restrictivos y también que las prioridades del Gobierno eran las partidas sociales y las de infraestructuras. Normal. Tampoco hay que fijarse sólo en los porcentajes, no es lo mismo -2,7 % sobre 814,55 millones de euros (Cultura) que -5,1 % sobre 3.420,27 millones de euros (Ciencia e Innovación), o -3 % sobre 8.237,93 millones de euros (Defensa). Tampoco vamos a entrar en partidas que no bajan, como son las de la justicia o las territoriales, todo tendrá su razón de ser seguramente. Pero, como decÃamos en el editorial, el corte en Cultura es el chocolate del loro sobre esos 141.413 millones de euros del gasto del Estado; pero para el sector es algo muy serio.
Los portavoces del Gobierno se han apresurado a decir que Cultura o Sanidad son los ministerios más descentralizados a modo de justificación. Pero también lo estaban el año pasado y los anteriores y las cantidades estaban bien justificadas, asà que menos lobos. El problema es que parece que la cultura es un pompón para nuestros responsables polÃticos. Y lo peor es que aquà no hay diferencias en todo al arco polÃtico español (ni en Gobierno Central ni en Comunidades Autónomas). Nadie va a defender en el Parlamento (ni una triste voz minoritaria del Grupo Mixto) que la cultura no es ese adorno que llega lo último y se va lo primero. Nos corresponde, pues, a nosotros, los que sabemos que un paÃs sin cultura se convierte en esa cosa perfectamente “odiable†a la que se refiere Sánchez Ferlosio; o peor aún, un ente manipulable y frágil. Hay que gritar que, además de una actividad del espÃritu imprescindible, es también soporte de sectores económicos y empresariales, ¿o se nos olvida lo que hay detrás del cine, la literatura, las artes plásticas, la música o la inversión en infraestructuras?
Señalemos, además, que ese recorte terminará siendo asimétrico, ya que el sufrido, y tan cacareadamente proclamado como el más descentralizado, Ministerio de Cultura deberá atender a Museos Nacionales, Patrimonio, inversiones de infraestructuras que ya puedan estar en marcha; todo ello aparte de regar el huerto de atender a las profesiones culturales. Y a algunas de estas partidas no se les podrá recortar, al menos sensiblemente, asà que ya sabemos lo que les espera a las demás…, y a todos, ya se sabe, a la tele a ver el fútbol hasta que pase la crisis, la postcrisis, el sÃndrome de lo mal que acabamos de pasarlo, la desidia por tener aún las neuronas apalancadas y el largo tramo de poner en marcha una maquinaria cultural que cuando arranque de nuevo quizá estemos en la siguiente crisis. ¿Es eso lo que quieren esas cabezas pensantes del Gobierno para las que lo social es lo primero y la cultura, lo último, como si una cosa y la otra no se fundiesen las más de las veces? ¿Es eso a lo que tenemos que resignarnos los que comemos y bebemos cultura y la preferimos a unas tapas, una cervecita o una copa por la noche?
No es lo mismo restringir que destruir; se puede ahorrar inteligentemente, pero hay que escuchar a los profesionales de la cultura porque el hacha del poderoso nunca sabe donde cae y en España el tronco de la cultura es muy pequeñito.
¿Y tú cómo lo ves?
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Esto pasará. Los de siempre, perderán. Los de siempre, ganarán. Todo va a seguir estando en su sitio. Si, al menos, algunos aprendieran a pasar hambre… Pero el artista continuará teniendo cosas que decir, y en los peores momentos se crean mensajes mucho más intensos…
La ONE va a cambiar el programa de uno de sus próximos conciertos por aquello de apretarse el cinturón. Como no hay pasta para pagar a un puñado de refuerzos, suprimen «Ameriques» de mi amigo Edgard Varèse, y lo cambian por «El concierto para orquesta» de Bela Bartok. Mi amigo está muy disgustado porque su obra no se toca casi nunca, en cambio la del húngaro suena todos los años. ¡Qué pena!
¡SÃ, sÃ, juntemos ejemplos de cómo este objeto de marketing que se llama crisis está afectando a nuestro disfrute como consumidores de cultura!