Seguimos en Cantabria y, tras un día de campo para visitar la cueva de El Pendo, magnífica y al lado de Santander, volvemos a la actividad del FIS 26 en su 75.ª edición.
En Santoña, dentro del programa que se desarrolla en los Marcos Históricos, se programa para el día 27 de agosto una actuación de la formación de música antigua —y más, como veremos adelante— Taracea, de quienes se reseñó en estas páginas su primer disco, magnífico encuentro entre la música antigua y la improvisación, con referencias blueseras y jazzísticas.
Volvemos a otra iglesia de arquitectura gótica, con una monumentalidad más contenida que la de Castro-Urdiales: la iglesia de la Virgen del Puerto de la localidad pesquera cántabra.
Lleno total para escuchar un recital que recorre Europa en sus peregrinajes religiosos, presentando temas de España —Galicia, Castilla, Euskadi—, Francia y Alemania. Completo abanico que ellos amplían con sus «escapes» improvisatorios en la onda Pentangle, algo que me resulta más que apropiado para este repertorio.
Público en pie y bis con un tema tradicional de Asturias que incluirán en su próximo disco.
Los instrumentos: voz, vihuela, percusiones, contrabajo, flautas. Todo sin amplificación, lo que hace que la música llegue al público de forma muy directa, muy natural, muy orgánica, sin mediaciones técnicas complicadas. Grandes instrumentistas que controlan este proceso de comunicación de forma muy notable. Un acierto en la programación y un placer para los espectadores, incluyendo, en mi caso, un reencuentro con el director musical de la formación, Rainer Seiferth.
El 28 de agosto, uno de los platos fuertes del FIS 26: Riccardo Chailly dirigiendo la Orquesta Filarmonica della Scala, con Alexander Malofeev al piano. Repertorio clásico, pero muy apropiado para la ocasión: Rajmáninov y Chaikovski.
El primero, con dos obras: Utyos (La Roca) y Concierto n.º 4 para piano y orquesta en sol menor, op. 40. La primera es una obra potente y oscura; la segunda, muy conocida, aportaba el talento del joven pianista ruso, muy eficaz en los dos primeros movimientos y excepcional en el tercero y en el bis, solo, con apenas veinticuatro años. Un gran descubrimiento.
El plato fuerte de verdad llegó con la Sinfonía n.º 4 en fa menor, op. 36. Muy conocida también; los aficionados a Radio Clásica la podemos cantar de las veces que la hemos escuchado. ¿Qué aporta esta versión? En mi opinión, unido a la maestría de los intérpretes, una dirección clara, precisa, decidida y buscando siempre la complicidad de los excelentes músicos, que es «marca de la casa Chailly» —yo empecé a escuchar sus discos sobre composiciones del siglo XX— y que le ha encumbrado al olimpo de la dirección de orquesta actual.
Público en pie, aplaudiendo al maestro, y un bis de Rachmaninov magnífico como fin de concierto, con ecos de otras músicas, como eran en su día el naciente jazz y el swing.
Una tarde para no olvidar por la presencia de Riccardo Chailly y —en mi opinión— su impresionante dirección de la pieza de Chaikovski.
El 30 de agosto llegó —para mí— el final del FIS 26, con la actuación de la Compañía Nacional de Danza con el espectáculo NumEros, dirigido por su actual directora, Muriel Romero.
Parte Muriel de un concepto que incluye dos ideas distintas: Num, el hálito, la inspiración, la idea. Eros, el deseo, la acción. ¿Cómo unirlas? Algunas herramientas tenemos en la danza, por ejemplo: la estructura matemática, las series, los números, la geometría de los cuerpos y los movimientos escénicos.
De esta manera, la nueva directora de la CND estructura en tres partes el espectáculo: Serenade, de George Balanchine, comienzos del s. XX, es la primera; la danza se despega del argumento, comienza a ser autónoma y usa ya otros signos escénicos: música, silencio, luz como apoyo al movimiento y a los cuerpos de bailarinas y bailarines y sus diversas composiciones. No hay más ambientación.
La segunda parte, más cercana: Echoes from a Restless Soul, de Jacopo Godani, elige como hilo conductor la gran obra de Maurice Ravel Gaspard de la nuit, interpretada en directo por Gustavo Díaz-Jerez al piano. Un gran acierto de comunicación entre músico y bailarines. Elige el pianista una versión más oscura y swingueante de lo habitual, que Muriel Romero divide en tres partes. Todas ellas de gran exigencia para el cuerpo de baile, con magnífico vestuario e iluminación.
La tercera parte, Playlist (Track 1 y 2), es una coreografía de William Forsythe que trabaja con materiales que podríamos denominar pop, pero pop afroamericano: temas populares, pero cargados de ritmo y negritud. Muy cercanos al público actual y sin concesiones. Física pura, absolutamente precisos todos los movimientos y composiciones. Un gran acierto.
Un espectáculo a la altura de las mejores formaciones europeas de la mano de Muriel Romero, nueva directora de la CND, que desde su nueva andadura desea poner social y culturalmente la danza en España a la altura de las creaciones artísticas que se están produciendo. Tarea nada fácil a tenor de lo poco que se programa esta disciplina artística por parte de las instituciones culturales públicas en redes y circuitos. ¿Una cuota? Yo soy partidario de ello; ahora solo se programa el diez por ciento de danza frente a teatro y música. Llegar a un veinte por ciento debería ser una buena meta para una nueva legislatura.
Para completar esta reseña, me pareció muy oportuno hablar con la propia directora, haciendo una breve entrevista por teléfono, y pulsar su opinión sobre algunos temas de interés para la danza y para la cultura española.

Doce Notas.—Deseo-cuerpo, idea-forma, tangible-intangible. ¿Cómo hacer un espectáculo a partir de estos conceptos?
Muriel Romero.— Son dos conceptos diferentes, pero complementarios. La suma de las capacidades del espíritu, la poesía, el movimiento y el cuerpo. Las matemáticas ayudan a encontrar esta síntesis y organizar secuencias, movimientos, gestos, pasos en la danza.
Es un espectáculo sin escenografía, pura danza: cuerpo, iluminación y música.
La CND es una institución cultural que nace hace no demasiados años, 1979, pero que ya tiene una herencia producto de sus comienzos como «baile español» y de lo realizado por Víctor Ullate, María de Ávila, Maia Plisetskaya, Nacho Duato o José Carlos Martínez. ¿Cómo se guarda ese legado?
En 2029 cumple cincuenta años y se celebrará sin duda. Ya estamos trabajando en el asunto. Vamos a investigar sobre nuestros atributos y repertorio. Son un regalo que recibimos del pasado. Será en el Centro Cultural Matadero y será una gran gala. Hay que tener un gran aprecio y cuidado con el repertorio heredado y lo vamos a celebrar.
¿Necesita ya la CND una «casa propia» donde celebrar y mostrar este repertorio?
Eso supondría un crecimiento artístico y patrimonial para la danza en España. ¡Por fin!
La creación dancística en España ha sido un «trabajo exiliado». Se podrían hacer ochenta noches de actuaciones al año y seguir con las giras como hasta ahora; nos dotaríamos por fin de una «estructura» y se podría acabar con la injusticia de treinta años sin tocar, por ejemplo, los salarios de nuestras bailarinas y bailarines.
¿Dónde podría estar ubicada esa sede?
Sin duda, el lugar idóneo estaría en los Teatros del Canal, que, aunque gestionados por la CAM, podría llegarse a un acuerdo y coordinarse entre instituciones. Tiene tres espacios de representación de diferentes dimensiones y disposición y salas de ensayos para producir esos espectáculos. Se podrían compartir esos espacios. Es el lugar adecuado.
Deseo fervientemente que pueda ser así. Muchas gracias por su tiempo y buenos días.
Muchas gracias.
________





