- Ortega nos dijo: yo soy “yo” y mis circunstancias. Con la edad hay cada vez más “circunstancias” y menos “yo”: mochila, obligaciones, familia… Este año, apenas una semana en agosto para asistir al FIS, así que hay que aprovecharlo a tope si queremos cumplir con obligaciones musicales y familiares.
El primer día disponible, 23 de agosto, Noja, es para asistir a una de las facetas de uno de los músicos ¿de jazz? más admirados, ya que le sigo con asiduidad desde 2020, creo. Ariel Brínguez, Santa Clara, Cuba. Pongo jazz entre interrogantes porque es quizá su faceta más conocida, pero desde la primera escucha me di cuenta de que el jazz era solo una arista de su compleja personalidad musical: Cuba, negritud, música clásica, pensamiento… son sus “especialidades”, algo que para mí es importante ahora: música sin tanto “apellido”.
Nos presenta un quinteto que aborda uno de los hitos más importantes de la música clásica occidental, como supone la obra de Johann Sebastian Bach. Quizá la que mejor se presta a combinarse con el jazz por ritmos y armonías. A las pruebas me remito, en base al uso que se ha hecho de sus obras para ser interpretadas en un contexto instrumental jazzístico. Comienza el concierto con una de las suites para violonchelo para acabar con el Aria de las Variaciones Goldberg, pasando por otras cinco obras del autor de Leipzig.
Si alta era la expectativa —compositor, intérpretes—, más alto fue el resultado: casi dos horas de concierto repasando a Bach, la historia reciente del jazz y los ecos cubanos que atraparon a la audiencia y que dejaron momentos musicales, desde coltranianos hasta rockeros en el bis, siempre inspirados los músicos, acompañantes y líder.
El segundo día, 24 de agosto, tocaba acercarse a Castro-Urdiales, ya en el límite con Vizcaya, para asistir a otra experiencia de fusión: Moisés P. Sánchez, Ana María Valderrama y Juan Pablo Caminero, con su acercamiento entre el jazz —del que provienen, junto con la música clásica— y Manuel de Falla, clasicismo español postimpresionista de un altísimo interés para el momento actual.
El concierto —Falla Imaginado— fue descomunal. Los ingredientes son magníficos: Falla, Moisés P. Sánchez, Ana María Valderrama, Pablo Martín Caminero. Todos grandes instrumentistas, con mucha experiencia y muy premiados. Noventa minutos de alto voltaje musical. Se parte de una base muy fuerte: Falla. Para mí, a la altura de Ravel o de Debussy; arreglos más que adecuados para poder improvisar sobre escalas jazzísticas y con una aportación virtuosa y racial del violín de A. M. Valderrama —su disco Lorquiana sigue al lado del equipo de sonido en mi casa desde hace más de un año—.
¿Qué podía salir mal? Nada. Y no salió: el público, que llenaba la iglesia gótica de Santa María de la Asunción, en pie, prodigando minutos de aplausos. No pude acudir cuando estuvieron en Valladolid, en el Centro Miguel Delibes, pero, en efecto, es un recital para ser disfrutado en una instalación de ese tipo por su magnitud musical, a pesar de ser un trío.
25 de agosto: Palacio de Festivales de Santander, Rodrigo Leão, fundador del mítico grupo musical portugués Madredeus.

Navega Leão en aguas muy variopintas: tradición portuguesa, minimalismo, música popular actual. Todo con una visión muy global y muy bien anclada en Europa después del Impresionismo, sumando culturas musicales. El impacto de Madredeus en España fue muy importante. Ahora nos presenta sus trabajos Os Portugueses y O Rapaz da Montanha, con una amplia formación compuesta por once personas entre músicos, técnicos y colaboradores creativos.
Después de la tormenta (los dos días anteriores) llegó la calma. Un sonido que iguala la fidelidad de los discos; supongo que la prueba de sonido llevará unas cuantas horas. Complejidad instrumental, pues como poco cantaron cuatro personas y había tres instrumentos acústicos. Buen sonido para la complicación de ajustes que supongo tuvieron que hacer, muchos micros en el escenario.
Presentan sus trabajos Os Portugueses y O Rapaz da Montanha y alguna pieza de Madredeus, todo con una contención… portuguesa. En España somos más lanzados en los directos. Ellos son más contenidos y melancólicos. Leão deja muchos espacios para sus músicos y limita las alturas de los posibles crescendos en los temas. Todo muy apacible e introspectivo, con un cierto poso nostálgico que acentúa el acordeón de Celina da Piedade, que se marcó una magnífica pieza en castellano dentro de las canciones de temas amorosos; las había también de lucha.
Abundancia de percusión e instrumentación constante. Esto último al público le encantó, pero a un servidor le pareció un tanto excesivo: desarrollos muy comunes en los temas, por otra parte muy bien estructurados.
Quiero destacar también el magnífico diseño de iluminación del espectáculo: sencillo, eficaz, con uso de las máquinas de humo y una paleta de colores muy interesante que iluminaba también la sala.
Al final surgió, para mí, la gran sorpresa de la noche. Los tres últimos temas, cantados en portugués, castellano y francés, fueron toda una declaración de intenciones musicales para la Europa actual: ¿la creatividad musical popular está ahora en las periferias sur y norte de este continente?… ¡Atentos!
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