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sábado, 1 de agosto de 2026
sábado 01/08/2026

PERALADA

El Festival Perelada inaugura su 40 edición

El Festival Perelada inauguró su cuadragésima temporada con un recital lírico a cargo del tenor Benjamin Bernheim y la soprano Ermonela Jaho, celebrado en la iglesia del Carme del municipio de Peralada.

Lejos de las concurridas ediciones de antaño en el auditorio instalado en los jardines del castillo de Peralada que convirtieron a este certamen en el faro estival de la lírica en España, el veterano festival ampurdanés sigue viviendo una prolongada e indefinida etapa de transición, sorteando una programación de pequeño y mediano formato y una diversificación de escenarios (de Roma a Barcelona) que desdibujan su identidad. No obstante, desde la dirección artística se sigue trabajando con empeño para ofrecer experiencias musicales de notable relieve, como la vivida en la jornada inaugural del 17 de julio del corriente.

En plena oleada de calor, Bernheim y Jaho medraron para ofrecer al público que llenaba el templo un programa operístico de indudable atractivo musical. Un repertorio que se vio excepcionalmente realzado por la contribución de Marcos Madrigal al piano, quien, lejos de limitarse a acompañar las voces, estableció con estas un diálogo rico y estimulante. La primera parte del recital transcurrió por los senderos del verismo y el romanticismo italianos, con arias y canciones de Cilea y Puccini, complementadas con números musicales del Simon Boccanegra verdiano y Pagliacci de Leoncavallo. La segunda parte, el romanticismo francés alcanzó su cénit con algunas de las piezas más emblemáticas de Charles Gounod y Jules Massenet, incluidos unos contrastantes Impromptu y Toccata para piano solo, interpretados con un aliento magistralmente soberbio.

A la soprano albanesa se la observó un tanto aquejada por el calor y con cierta incomodidad acústica, quizás acusada por la afectación auditiva que, según parece, le obliga a usar tapones en los oídos desde la época del COVID. Sus intervenciones fueron de menos a más, siempre volcada en la expresión dramática de la partitura y en la explotación de las regulaciones y las veladuras canoras, marca de la casa —a destacar su extraordinaria interpretación de «Chi il bel sogno di Dorotea» de La rondine pucciniana—. Su actuación alcanzó el punto culminante en la recreación del aria de Manon «Adieu, notre petite table» y el dueto «N’est-ce plus ma main que cette main presse?».

El tenor francés demostró ser una de las voces más sólidas y excepcionales del panorama internacional, con una interpretación que aunó refinamiento y potencia canoras. Sus características vocales lo hacen un intérprete idóneo para el repertorio verista, aunque su recreación de las páginas románticas francesas del Roméo et Juliette de Gounod y el Werther y Manon de Massenet fueron dignas de figurar entre los momentos estelares de los anales del festival.

Quizás por ello, el público quedó un poco sorprendido de que, después de su sentida ovación al finalizar el recital, los intérpretes no se dignaran a ofrecer una sola propina. Algo realmente insólito en un certamen donde con frecuencia el turno de propinas se acaba convirtiendo en la tercera parte del concierto.

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Etiquetas: noticiaportada

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