Baldur Brönnimann lidera el 30º aniversario de la Real Filharmonía de Galicia: memoria, legado y futuro compartido
La orquesta conmemora su 30º aniversario con el concierto “Historias da Historia”, un homenaje a Helmuth Rilling y un recorrido emocional por su trayectoria. Santiago, Vigo, Ferrol y A Coruña acogen esta gira especial entre el 28 de febrero y el 6 de marzo.

La Real Filharmonía de Galicia celebra tres décadas de historia con un programa concebido como una experiencia de descubrimiento. Integrado en la temporada “Historias”, el concierto “Historias da Historia” propone un repertorio sorpresa que invita a la escucha activa y a la emoción compartida, convirtiendo cada obra en parte de un relato musical que conecta memoria y futuro.
La gira comenzó el pasado 28 de febrero en el Auditorio de Galicia (20,30 h.) y continuará el 4 de marzo en el Centro Cultural Afundación de Vigo (20 h.), el 5 de marzo en el Auditorio de Ferrol (20,30 h.) y el 6 de marzo en el Palacio de la Ópera de A Coruña (20 h.). Cuatro ciudades para una celebración compartida que refuerza el vínculo de la formación con el territorio y con su público.
Al frente de este aniversario se sitúa Baldur Brönnimann, director musical y artístico de la RFG, figura clave en la proyección contemporánea de la orquesta. Nacido en Suiza y residente en Madrid desde hace más de trece años, Brönnimann se ha distinguido por su compromiso con la creación actual y por su defensa de la relevancia social de la música clásica. Su trayectoria internacional —al frente de formaciones en Europa y América Latina y presente habitual en algunos de los principales festivales y teatros de ópera— ha consolidado un perfil artístico que combina rigor, curiosidad y vocación pedagógica.
En esta conversación, Brönnimann reflexiona sobre el significado de estos treinta años, el legado de Helmuth Rilling en los inicios de la orquesta y los retos de futuro de un proyecto cultural público que mira hacia adelante sin renunciar a su memoria. Junto a la Real Filharmonía de Galicia, el director traza un balance de lo recorrido y reivindica la música como espacio de encuentro, exploración y compromiso con la sociedad contemporánea.
¿En qué momento diría que se encuentra hoy la Real Filharmonía de Galicia tras cumplir 30 años?
Creo que la Real Filharmonía se encuentra en un momento de madurez consciente. Treinta años no son solo una cifra simbólica; representan la consolidación de un proyecto que ha sabido crecer con coherencia, con rigor y con vocación pública. Pero, al mismo tiempo, percibo una energía muy viva, una voluntad clara de no acomodarse. Estamos en un punto de equilibrio entre la experiencia acumulada y el deseo de seguir transformándonos. Esa combinación es especialmente provechosa.
Desde que asumió la dirección musical, ¿qué ha querido cambiar o reforzar en la identidad de la orquesta?
Más que cambiar, he querido ampliar. La identidad de la Real Filharmonía está sólidamente construida, y mi intención ha sido reforzar su apertura: apertura a nuevos repertorios, a nuevos formatos, a otras formas de relacionarnos con el público. Una orquesta del siglo XXI no puede limitarse a interpretar el gran repertorio, por extraordinario que este sea; debe participar activamente en el diálogo cultural de su tiempo, generar nuevo patrimonio y asumir riesgos. En ese sentido, hemos reforzado la presencia de la creación contemporánea y la conexión con la sociedad actual.
¿Qué le ha sorprendido más de la orquesta desde que empezó a trabajar con ella?
Es una orquesta con una gran capacidad de adaptación estilística y con músicos que proponen y que se implican en cada proyecto. También me ha impresionado la relación de cercanía que mantiene con su público. Esa dimensión humana no siempre es evidente en todas las instituciones, y aquí forma parte del ADN del proyecto.
Desde su llegada a la titularidad de la orquesta, ¿qué aspectos siente que han evolucionado más en la Real Filharmonía, tanto en lo artístico como en su relación con el público?
En lo artístico, diría que hemos consolidado un discurso más transversal, donde tradición y contemporaneidad no se presentan como ámbitos separados, sino como partes de una misma narrativa. En cuanto al público, percibo una creciente complicidad. Hemos trabajado para generar contexto, para acompañar la escucha, para invitar al descubrimiento. No se trata solo de programar obras nuevas, sino de crear las condiciones para que el público pueda apropiarse de ellas con naturalidad.
En una fecha tan simbólica, ¿qué cree que define mejor a la Real Filharmonía: su historia o su capacidad de transformación?
Diría que precisamente la capacidad de transformación forma parte de su historia. La Real Filharmonía ha sabido evolucionar desde su fundación, adaptarse a los cambios culturales y sociales, ampliar su repertorio y su proyección. Por tanto, no es una disyuntiva: su historia es la historia de una transformación constante.
En los conciertos por el 30 aniversario se rinde homenaje a Helmuth Rilling, figura clave en los inicios de la orquesta. ¿Cómo dialoga este reconocimiento con la identidad actual de la Real Filharmonía?
El homenaje a Helmuth Rilling es un gesto de memoria y de gratitud. Él sentó las bases musicales y profesionales del proyecto, estableció un estándar de calidad y una ética de trabajo que siguen siendo fundamentales. Reconocer esa herencia no implica mirar hacia atrás con nostalgia, sino afirmar que nuestra identidad actual se construye sobre cimientos sólidos. La continuidad y la renovación no son conceptos opuestos; dialogan de manera natural cuando existe un proyecto claro.
Usted ha desarrollado buena parte de su carrera en el ámbito de la música contemporánea y la creación actual. ¿Cómo convive esa vocación con la tradición y el legado que representa una efeméride como esta?
Para mí no hay contradicción. La tradición solo permanece viva si se renueva. Como decía Gustav Mahler, «la tradición no es la adoración de las cenizas, sino la preservación del fuego». Esa idea resume muy bien mi manera de entender el repertorio: no se trata de conservarlo como algo estático, sino de mantener encendida la energía creativa que lo originó.
La música contemporánea no es un apéndice del repertorio, sino su continuidad natural. Una institución pública tiene la responsabilidad de presentar la amplitud del repertorio, desde la música antigua hasta la creación más reciente. Celebrar 30 años implica honrar el legado, pero también asumir que estamos obligados a contribuir activamente al patrimonio del futuro.
El concierto de Santiago de Compostela se complementa con un taller creativo para público infantil. ¿Qué papel cree que deben desempeñar las orquestas públicas en la formación de nuevas generaciones de oyentes?
Un papel central. La formación de nuevas generaciones no es una actividad complementaria, es una responsabilidad estructural. Si queremos que la música sinfónica siga siendo relevante, debemos crear experiencias significativas desde la infancia. No se trata únicamente de enseñar a escuchar, sino de fomentar la curiosidad, la creatividad y el vínculo emocional con la música. Una orquesta pública está al servicio de la sociedad en su conjunto, y eso incluye pensar en el público del mañana.
¿Cómo se mantiene motivada a una formación que ya cuenta con tres décadas de trayectoria?
Manteniendo la exigencia artística y ofreciendo retos estimulantes. La motivación nace del sentido de propósito: cuando los músicos sienten que forman parte de un proyecto con dirección, con coherencia y con impacto cultural, la energía se renueva. También es fundamental diversificar los repertorios, colaborar con artistas de perfiles distintos y explorar formatos que nos saquen de la zona de confort.
Si tuviera que elegir un rasgo distintivo de la Real Filharmonía frente a otras orquestas españolas, ¿cuál sería?
Su combinación de excelencia y proximidad. Es una orquesta con ambición artística, con proyección internacional y con un compromiso real con la creación contemporánea, pero al mismo tiempo profundamente arraigada en su territorio y en diálogo constante con su comunidad. Esa doble dimensión —local e internacional, cercana y exigente— es una de sus mayores fortalezas.
¿Cuáles son los retos a los que se enfrentará la Real Filharmonía de Galicia en los próximos años?
El principal reto es la relevancia social. Debemos seguir ampliando públicos, diversificando formatos y demostrando el impacto cultural y educativo de nuestro trabajo. También será clave sostener el equilibrio entre tradición e innovación, mantener el compromiso con la nueva creación y reforzar nuestra proyección exterior. En definitiva, el desafío es continuar siendo una institución pública viva, capaz de asumir riesgos y de dialogar con la realidad contemporánea sin perder la identidad que hemos construido a lo largo de estos treinta años.
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