La directora del certamen, que celebra su 22.ª edición del 16 al 21 de noviembre en Barcelona, defiende un modelo que combina la formación musical, la experiencia escénica y las oportunidades de desarrollo profesional para los jóvenes intérpretes.
La nueva edición del CIM se celebrará del 16 al 21 de noviembre de 2026, con categorías de canto lírico e instrumental y tres fases presenciales que culminarán en el Auditorio AXA de L’Illa Diagonal.
Entre las novedades figuran el incremento de los premios principales, dotados con 5.000 euros para el ganador de cada categoría, y la incorporación de nuevas distinciones vinculadas a oportunidades de actuación y desarrollo profesional.
Economista y formada en las universidades de Barcelona y Nancy y en la Universidad de Bruselas, Silvia Chocrón cuenta con más de 30 años de experiencia en consultoría, dirección empresarial y gestión de proyectos.
Tras una etapa como gerente de Accenture, decidió orientar su trayectoria hacia la educación y la cultura musical. En 2003 fundó A Tempo, Centre d’Estudis Musicals, en el barrio barcelonés de Les Corts, donde nació también el Concurso Internacional de Música de Les Corts (CIM), a partir de una propuesta para organizar un ciclo de conciertos de jóvenes músicos. La iniciativa se transformó en un certamen que, a lo largo de 22 ediciones, ha adquirido proyección internacional y ha contribuido al desarrollo de intérpretes como las sopranos Sara Blanch y Mercedes Gancedo, el barítono Carles Pachón o la flautista Elisabeth Franch.
En esta entrevista, aborda los objetivos del certamen, la evolución de su dimensión internacional, los criterios de valoración artística y los retos de una iniciativa que aspira a seguir creciendo sin perder su vínculo con el barrio que la vio nacer.
Usted dejó su trayectoria directiva en el ámbito empresarial para impulsar un proyecto educativo y cultural vinculado a la música en su barrio natal. ¿Cómo surgió la iniciativa de crear este concurso y de qué manera se relaciona con la filosofía educativa de A Tempo y con la vida cultural de Les Corts?
El CIM nació de una manera bastante espontánea, pero muy vinculada a mi manera de entender la educación musical y a mi relación personal con el barrio de Les Corts, donde crecí.
Después de varios años trabajando en el ámbito de la consultoría y la dirección empresarial, decidí emprender un proyecto propio que me permitiera combinar dos de mis grandes intereses: la gestión y la música. Así nació A Tempo, en 2003.
Poco después, desde un centro cívico de Les Corts me propusieron organizar un ciclo de conciertos de jóvenes músicos. La idea me pareció interesante, pero pensé que podíamos ir un paso más allá y les propuse transformarla en un concurso de música. Quería crear un proyecto que no solo ofreciera oportunidades de actuación, sino que también estimulara el talento, el esfuerzo y el crecimiento artístico de los jóvenes intérpretes.
Así nació el Concurso Internacional de Música de Les Corts, que este año celebra su 22.ª edición y que, con el tiempo, se ha consolidado como un referente en el ámbito de los concursos musicales para jóvenes intérpretes.
El CIM comparte plenamente la filosofía educativa de A Tempo. Siempre he creído que la formación musical debe ir mucho más allá del aula: los jóvenes necesitan escenarios, retos, experiencias y oportunidades para compartir su música y aprender de otros intérpretes.
Y, al mismo tiempo, el concurso mantiene una vinculación muy especial con Les Corts. Me hace especial ilusión haber contribuido a que una iniciativa nacida en mi barrio haya adquirido una proyección internacional, sin perder sus raíces ni su compromiso con la vida cultural del distrito.

El concurso se ha consolidado a lo largo de los años como una plataforma para jóvenes intérpretes. ¿Cuáles son sus principales objetivos y qué considera que lo diferencia de otros concursos de música clásica?
El principal objetivo del CIM es impulsar el talento de los jóvenes músicos y ofrecerles oportunidades reales de desarrollo artístico y proyección profesional.
Desde sus inicios, hemos querido que el concurso fuera mucho más que una competición. Para nosotros, participar en el CIM debe ser una experiencia enriquecedora en sí misma: preparar un repertorio, actuar ante un jurado de profesionales, escuchar a otros intérpretes y compartir experiencias con jóvenes músicos de diferentes procedencias.
Creo que uno de los aspectos que nos diferencia es precisamente esta voluntad de ir más allá del reconocimiento económico o de los premios tradicionales. A lo largo de los años hemos construido una red de colaboraciones con instituciones y entidades musicales que nos permite ofrecer premios vinculados a oportunidades reales de actuación y desarrollo profesional.
También damos mucha importancia a la calidad y diversidad de los jurados, así como al trato cercano y personalizado que ofrecemos a los participantes. Queremos que se sientan valorados y que su paso por el concurso sea una experiencia positiva, independientemente del resultado.
¿Qué perfil de participantes y qué nivel de interés han observado, especialmente en lo que respecta a la proyección internacional del certamen?
Una de las cosas que más nos sorprende y satisface, año tras año, es el extraordinario nivel de los participantes. Recibimos jóvenes intérpretes con una preparación musical y técnica que se encuentran en una etapa decisiva de su desarrollo profesional.
El nivel es realmente altísimo y, en muchas ocasiones, la labor del jurado resulta especialmente difícil. No es extraño encontrar intérpretes con una madurez musical sorprendente para su edad.
A lo largo de estas 22 ediciones, el CIM ha ido adquiriendo una creciente proyección internacional, atrayendo a músicos de distintas nacionalidades y convirtiéndose en un punto de encuentro para jóvenes talentos.

Pero quizás lo más emocionante es mirar atrás y comprobar la trayectoria de algunos de los músicos que han pasado por nuestro concurso. Artistas como las sopranos Sara Blanch o Mercedes Gancedo, el barítono Carles Pachón, la flautista Elisabeth Franch, el cuarteto de saxofones Kebyart Ensemble o el Trio Pedrell son ejemplos de intérpretes que hoy cuentan con una importante proyección internacional.
Para mí es una satisfacción enorme haberlos conocido en etapas tempranas de sus carreras y ver hasta dónde han llegado. Evidentemente, el mérito es suyo, fruto de años de estudio, talento y esfuerzo, pero nos gusta pensar que el CIM ha podido aportar su pequeño grano de arena.
Y creo que eso es precisamente lo que da sentido al concurso: descubrir talento, ofrecer oportunidades y, con el paso de los años, poder seguir celebrando los éxitos de quienes un día pasaron por nuestros escenarios.
Esta edición se desarrollará en tres fases presenciales, del 16 al 21 de noviembre, con categorías de canto lírico e instrumental. ¿Cómo se estructura el proceso de selección y qué aspectos se valoran especialmente en los participantes, más allá de su calidad técnica?
El concurso se desarrolla en tres fases que permiten conocer y valorar progresivamente a los participantes, tanto en la categoría instrumental como en la de canto lírico.
A lo largo de estas fases, los jóvenes músicos tienen la oportunidad de mostrar diferentes aspectos de su preparación y de su capacidad interpretativa, hasta llegar a la gran final, que celebramos en el Auditorio AXA de L’Illa Diagonal.
Para nosotros es fundamental contar con jurados de reconocido prestigio y amplia experiencia profesional, que aportan distintas perspectivas y garantizan el rigor y la calidad de las valoraciones.
Evidentemente, el dominio técnico es imprescindible, especialmente teniendo en cuenta el altísimo nivel de los participantes. Pero a partir de cierto nivel, la técnica deja de ser el elemento diferenciador.
Lo que realmente buscamos es la personalidad artística, la madurez musical, la sensibilidad interpretativa y, muy especialmente, la capacidad de comunicar y emocionar al público. Nos interesan los músicos que tienen algo propio que decir, que son capaces de ir más allá de la partitura y establecer una conexión con quien los escucha.

Una de las novedades de este año es el aumento de la dotación económica de los premios principales, hasta los 5.000 euros, junto con nuevas distinciones y oportunidades profesionales. ¿Qué importancia tienen estos incentivos y cómo pueden contribuir realmente al desarrollo de la carrera de un joven músico?
El incremento de la dotación económica hasta los 5.000 euros es, sin duda, una noticia importante y refleja nuestra voluntad de seguir creciendo y reforzando el prestigio del concurso.
Para un joven músico, un premio económico supone un reconocimiento a muchos años de estudio, esfuerzo y dedicación, pero también puede representar una ayuda muy valiosa para continuar su formación, participar en cursos internacionales, realizar audiciones o adquirir un instrumento.
Sin embargo, siempre he creído que el verdadero valor añadido del CIM está en las oportunidades profesionales que podemos ofrecer a los participantes.
Para un joven intérprete, tener la posibilidad de actuar en una sala de prestigio, participar en una programación musical o entrar en contacto con profesionales e instituciones del sector puede representar un impulso decisivo en su trayectoria.
Por eso, a lo largo de los años hemos trabajado para construir una red de colaboradores que comparten nuestra voluntad de apoyar el talento emergente. Los premios especiales y las oportunidades de actuación son una parte esencial de la identidad del concurso.
Me parece especialmente importante que estos reconocimientos no se queden en un diploma o en una compensación económica, sino que puedan traducirse en experiencias reales que ayuden a los jóvenes músicos a dar sus primeros pasos en el mundo profesional.
Nuestro objetivo es que el CIM no sea únicamente un reconocimiento a lo que un músico ya ha conseguido, sino también una puerta abierta a lo que puede llegar a conseguir.
El certamen cuenta con un jurado integrado por intérpretes, docentes y representantes de importantes instituciones musicales. ¿Qué papel desempeña el jurado en la trayectoria de los participantes y qué oportunidades pueden surgir del contacto con estos profesionales?
El jurado desempeña un papel fundamental en el CIM, y no únicamente por su responsabilidad en la valoración de los participantes. Siempre hemos procurado contar con profesionales de reconocido prestigio, combinando intérpretes en activo, docentes y representantes de instituciones musicales, que aportan miradas y experiencias complementarias.
Para un joven músico, tener la oportunidad de actuar ante estos profesionales supone ya una experiencia de gran valor. No solo por el reconocimiento que pueda obtener, sino también por la posibilidad de darse a conocer y establecer contactos que pueden resultar importantes en su trayectoria.
En el mundo de la música, el talento y la preparación son imprescindibles, pero también lo es tener oportunidades para mostrar ese talento. Y, en ocasiones, una audición, una conversación o el interés de un miembro del jurado pueden abrir puertas inesperadas.
Creo que uno de los grandes valores del CIM es precisamente facilitar ese encuentro entre jóvenes intérpretes y profesionales que conocen de primera mano la realidad del sector musical.
Nos gusta pensar que el concurso no termina con la entrega de premios, sino que puede ser el inicio de nuevas oportunidades y relaciones profesionales.
El Concurso Internacional de Música de Les Corts nació con la voluntad de acercar el ámbito profesional a los jóvenes músicos. Desde su experiencia al frente de A Tempo, ¿cuáles son las principales dificultades a las que se enfrentan hoy quienes quieren convertir su formación musical en una carrera profesional?
Creo que hoy nos encontramos con una generación de jóvenes músicos extraordinariamente preparados. El nivel técnico y artístico es altísimo, pero, paradójicamente, las oportunidades para desarrollar una carrera profesional no siempre crecen al mismo ritmo.
Una de las principales dificultades es precisamente dar el salto del ámbito académico al profesional. Durante muchos años, los jóvenes se forman en conservatorios y centros superiores, pero al finalizar sus estudios se encuentran con un sector muy competitivo, con pocas oportunidades estables y en el que resulta difícil hacerse un lugar.
Además, creo que la formación musical tradicional no siempre prepara suficientemente para la realidad profesional. Hoy un músico necesita, además de excelencia artística, capacidad de iniciativa, habilidades de comunicación, conocimiento del sector y herramientas para gestionar su propia trayectoria.
Desde A Tempo siempre hemos intentado transmitir una visión amplia de la formación musical, y desde el CIM queremos contribuir a tender ese puente entre la etapa formativa y el mundo profesional.
El talento es imprescindible, pero necesita oportunidades, orientación y un entorno que le permita desarrollarse. Creo que ahí tenemos una responsabilidad importante quienes trabajamos en la educación y la gestión cultura.
De cara al futuro, ¿qué retos se plantea el Concurso Internacional de Música de Les Corts para seguir creciendo y reforzar su dimensión internacional? ¿Qué le gustaría que este certamen aportara a los jóvenes músicos y al panorama musical dentro de unos años?
Después de 22 ediciones, creo que el principal reto del CIM es seguir creciendo sin perder la esencia que nos ha acompañado desde el principio: descubrir talento, apoyar a los jóvenes músicos y ofrecerles oportunidades reales de desarrollo artístico y profesional.
Nuestra ambición no es tanto crecer en número de participantes como consolidarnos como un concurso de referencia internacional, reconocido por la calidad de sus intérpretes, el prestigio de sus jurados y, especialmente, por las oportunidades que ofrece a los jóvenes talentos.
En este sentido, queremos seguir ampliando nuestra red de colaboraciones. Creo que el futuro de los concursos pasa por ir más allá de la competición y convertirse en auténticas plataformas de impulso profesional.
También me gustaría que el CIM siguiera siendo un punto de encuentro entre jóvenes músicos de diferentes países y culturas, un espacio donde compartir experiencias, establecer relaciones y enriquecerse musicalmente.
Y, por supuesto, hay algo que para mí es especialmente importante: mantener nuestra vinculación con Les Corts. Me hace mucha ilusión pensar que un proyecto que nació de una pequeña iniciativa de barrio pueda seguir creciendo y proyectándose internacionalmente sin perder sus raíces.
Dentro de unos años, me gustaría que el CIM fuera reconocido no solo por los grandes músicos que han pasado por él, sino por las oportunidades que ha sido capaz de generar y por su contribución en el desarrollo de nuevas generaciones de artistas.







