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miércoles, 7 de octubre de 2026
miércoles 07/10/2026

UNA SINFONÍA DE BRAHMS, UN ORATORIO CLÁSICO, UNA OBRA MONUMENTAL COMO LOS PLANETAS DE HOLST O UN ARREGLO ORQUESTAL PARA EUROVISIÓN COMPARTEN UN MISMO FIN: APELAR DIRECTAMENTE A LAS EMOCIONES DEL ESPECTADOR

Entrevista con la directora de orquesta Silvia Sanz Torre ante una nueva temporada con el Grupo Talía en el Auditorio Nacional

La directora de orquesta Silvia Sanz Torre afronta una nueva temporada al frente del Grupo Talía y de sus principales formaciones, la Orquesta Metropolitana de Madrid y el Coro Talía, con nueve conciertos en el Auditorio Nacional de Música.

Bajo el lema «la música no solo es importante, es imprescindible», la programación 2026-2027 combina el gran repertorio sinfónico-coral con propuestas populares, familiares y pedagógicas, manteniendo como ejes la cercanía con el público y la diversidad de lenguajes musicales.

La temporada se articula en torno a cinco conciertos del Ciclo Sinfónico-Coral que recorren un amplio arco de repertorios. La apertura, el 3 de octubre, estará dedicada a Brahms y Mendelssohn, con el Schicksalslied, el Salmo 98 y la Sinfonía n.º 2 de Brahms. El programa continuará con el concierto de fin de año Singing Latino, dedicado a la música latinoamericana; Viaje Cósmico, que reunirá el Te Deum de Dvořák y Los Planetas de Holst; una selección de grandes coros de oratorio de Haendel, Bach y Haydn; y un cierre dedicado a grandes éxitos del Festival de Eurovisión en versiones para coro y orquesta sinfónica.

Junto a este ciclo, el Grupo Talía mantiene su apuesta por acercar la música al público a través del Ciclo Batuta, en el que Silvia Sanz explica y comenta las obras desde el escenario, y de una programación familiar que incluye Música y Juguetes y Viajando con la música. La dimensión pedagógica, presente también en el trabajo con formaciones infantiles y juveniles, constituye una de las líneas centrales de su actividad. La temporada llega además tras la concesión a Sanz del Premio Internazionale Flaiano Speciale per la Cultura, reconocimiento que recibió como primera figura española distinguida con este galardón.

entrevistas  Entrevista con la directora de orquesta Silvia Sanz Torre ante una nueva temporada con el Grupo Talía en el Auditorio Nacional

Nacida en Madrid, Silvia Sanz Torre se formó en el Conservatorio Superior de Música, donde estudió Dirección de Orquesta con Enrique García Asensio, y amplió posteriormente sus estudios con maestros como Helmuth Rilling y Aldo Ceccato. Durante la temporada 1993/1994 fue directora asistente de la Orquesta y Coro Nacionales de España. Es fundadora y directora titular del Grupo Talía y de sus diferentes formaciones, entre ellas la Orquesta Metropolitana de Madrid y el Coro Talía, que mantienen una temporada estable en el Auditorio Nacional de Música.

A lo largo de su trayectoria ha dirigido más de 200 conciertos en el Auditorio Nacional, además de trabajar con orquestas en Europa, América, África y Asia. Su actividad internacional ha estado especialmente vinculada a la pedagogía y a las orquestas de jóvenes, con proyectos como su trabajo con la Orquesta Sinfónica Juvenil de El Salvador o el concierto que dirigió en 2012 en el Teatro Nacional de Addis Abeba, primer concierto de una orquesta en este espacio después de cuatro décadas. Su labor ha sido reconocida con diferentes distinciones, entre ellas su selección como una de Las TOP 100 Mujeres Líderes en España y los VII Premios Solidarios a la Igualdad MDE. En la actualidad compagina su actividad como directora con la docencia, las conferencias y su participación como jurado en concursos de interpretación musical.

La nueva temporada del Grupo Talía y la Orquesta Metropolitana de Madrid parte de una afirmación muy rotunda: «la música no solo es importante, es imprescindible». ¿Qué significado tiene esta idea para usted y de qué manera se refleja en la programación de la temporada 2026-2027?

Entender la música como algo imprescindible es situarla más allá del simple ocio o el entretenimiento. La música actúa como un canal directo de emoción, consuelo y expresión donde el lenguaje verbal resulta insuficiente y además funciona como un punto de encuentro intergeneracional y una herramienta que fortalece la empatía.

Por ello nuestra programación se basa en la variedad de estilos, desde las grandes obras del repertorio sinfónico-coral clásico hasta géneros como el pop, la música de dibujos animados o bandas sonoras abarcando géneros que gusten a todos.

También mantenemos la apuesta por conciertos cercanos y explicativos, con el Ciclo Batuta, que ayudan al público a conectar con las obras y entenderlas, eliminando formalismos innecesarios que lo único que hacen es distanciar al oyente.

Esta será una nueva temporada de la Orquesta Metropolitana de Madrid en el Auditorio Nacional, con una programación que combina grandes obras del repertorio sinfónico-coral con propuestas más cercanas y populares. ¿Cómo ha concebido el equilibrio entre tradición, innovación y apertura a nuevos públicos?

En el caso de las grandes obras del repertorio sinfónico-coral éstas representan el pilar interpretativo de la Orquesta Metropolitana y el Coro Talía. Interpretar a los grandes maestros garantiza la excelencia técnica, la fuerza emocional y el respeto por el patrimonio musical de referencia.

La innovación radica en cómo se presentan los conciertos, pues se incorporan recursos explicativos, narrativos o temáticos que contextualizan la música. También con una serie de actividades previas a los conciertos para facilitar la forma en que el oyente conecta con la obra.

Y con respecto a los nuevos públicos incluimos géneros cercanos como la música de cine, el pop, la música tradicional y popular que sirven de puente de entrada para personas que quizás no frecuentan la música sinfónica ni las grandes salas de conciertos. Estas propuestas demuestran que una orquesta en directo puede emocionar desde múltiples lenguajes.

La temporada se abre con Brahms y Mendelssohn y recorre después territorios tan diferentes como Dvořák y Holst, el gran repertorio de oratorio o incluso Eurovisión. ¿Qué hilo conductor une propuestas aparentemente tan diversas?

No planteamos una Temporada alrededor de una temática determinada sino una programación basada en dos ejes fundamentales:

La capacidad de emocionar y conectar y la calidad y la exigencia interpretativa. Una sinfonía de Brahms, un oratorio clásico, una obra monumental como Los Planetas de Holst o un arreglo orquestal para Eurovisión comparten un mismo fin: apelar directamente a las emociones del espectador y comunicar ideas universales mediante el poder del sonido en directo. Además, el rigor técnico y el compromiso artístico son los mismos independientemente del género y tratamos con el mismo respeto académico y pasión un oratorio sacro y una canción popular o de dibujos animados.

Usted es fundadora y directora titular del Grupo Talía y de sus diferentes formaciones, entre ellas la Orquesta Metropolitana de Madrid y el Coro Talía. ¿Cómo ha evolucionado su relación con la orquesta desde sus inicios hasta la actualidad y qué siente que ha cambiado en todos estos años?

En los comienzos, la prioridad estaba en afianzar la técnica, estructurar el proyecto y cohesionar el sonido de las diferentes agrupaciones. Con los años, la relación ha evolucionado y en la actualidad es suficiente con un gesto o una mirada sobre el escenario para entendernos. Hay una confianza muy grande en el trabajo conjunto y una complicidad que se siente desde el público.

Lo que más ha cambiado es la solidez y versatilidad de la orquesta y del coro. Hoy en día nuestras formaciones abordan con la misma solvencia y dinamismo un gran repertorio sinfónico-coral clásico y arreglos complejos de pop, rock o música de cine, algo que requiere un grado de madurez artística muy alto.

Y lo que nunca ha cambiado, sino que se ha reforzado, es la ilusión colectiva. Mantener vivo ese entusiasmo inicial después de 30 años de Grupo Talía es de lo que me siento más orgullosa.

Después de dirigir más de 240 conciertos en el Auditorio Nacional de Música, ¿qué supone para usted seguir construyendo una temporada estable en este escenario y qué retos se plantea actualmente con la Orquesta Metropolitana de Madrid?

Haber dirigido más de 240 conciertos en una Sala de la exigencia del Auditorio Nacional de Música es un privilegio y a la vez una responsabilidad enorme.

El Auditorio Nacional es nuestra “casa musical” y mantener una temporada estable aquí significa renovar cada año el compromiso con nuestro público habitual y con la excelencia artística. Más que una rutina, cada concierto sigue siendo una cita única donde buscamos ofrecer vivencias memorables y mantener viva la frescura con la que empezamos.

Con la Orquesta Metropolitana de Madrid seguiremos ampliando nuestro repertorio con programas exigentes. Y diseñando programas atractivos que sigan convenciendo a nuestros abonados de siempre y, al mismo tiempo, enganchen a nuevas generaciones y a personas que pisan por primera vez el Auditorio.

El ciclo Batuta propone una manera diferente de acercarse a la música, con la directora explicando y comentando las obras desde el escenario. ¿Qué cree que descubre el público cuando se le ofrecen algunas claves para escuchar una sinfonía o comprender una obra musical?

Cuando se le brindan al público algunas claves desde el escenario antes de la interpretación, la experiencia de escuchar una sinfonía o cualquier obra musical cambia por completo. El oyente deja de percibir la obra como una sucesión de notas y empieza a identificar los hilos invisibles que la componen: un tema que regresa, un diálogo entre la madera y el viento, un cambio de tonalidad o la intención dramática del compositor.

A menudo existe la idea de que la música clásica requiere conocimientos previos o un entrenamiento académico para disfrutarla. Ofrecer explicaciones accesibles y cercanas elimina esa barrera, haciendo sentir al público que la música es un lenguaje que le pertenece y le habla directamente.

Es importante conocer el contexto en el que se escribió una pieza, las emociones o las circunstancias del autor porque esto ayuda a humanizar la música. De esta forma el público pasa de ser un espectador pasivo a un oyente involucrado, como una especie de “detective sonoro” que reconoce las claves explicadas a medida que transcurre la música.

La dimensión pedagógica ocupa un lugar muy importante en su trabajo, desde los conciertos familiares hasta las formaciones infantiles y juveniles. ¿Considera que la educación musical debe tener hoy un papel más central en la vida cultural y social?

Por supuesto. La educación musical debería ocupar un lugar estratégico y vertebral en la sociedad actual, no como un complemento optativo, sino como una necesidad formativa básica. Trabajar la música desde las formaciones infantiles y juveniles enseña valores fundamentales como la disciplina, la escucha mutua, el trabajo en equipo, la empatía y la constancia. Un niño o un joven que canta en un coro o toca en una orquesta aprende todos estos valores de forma natural.

En la actualidad vivimos en un mundo marcado por la inmediatez y la sobreestimulación digital por lo que la práctica y educación musical ofrecen un espacio único para la concentración, el trabajo a largo plazo, la gestión emocional y la creatividad y deberían estar presentes en todas las etapas de la vida.

En su trayectoria ha trabajado con orquestas de jóvenes en distintos países y ha dirigido en Europa, América, África y Asia. ¿Qué experiencias de esa carrera internacional han marcado especialmente su manera de entender la dirección de orquesta y la relación de la música con la sociedad?

Todas mis experiencias musicales fuera de España son un aprendizaje constante.

He tenido la oportunidad de hacer música en contextos culturales muy diferentes (algunos con enormes dificultades socioeconómicas) y esto me afianza en la idea de que la música traspasa cualquier barrera lingüística o social. En muchos de mis viajes he podido constatar cómo la práctica orquestal y coral puede cambiar la vida de jóvenes en situaciones vulnerables.

Trabajar con ellos exige ser claro, empático y capaz de contagiar la pasión por cada nota y mi labor en el podio va mucho más allá de marcar el compás. Consiste en cohesionar voluntades, generar confianza y extraer la mejor versión de cada miembro del grupo.

Su formación comenzó en Madrid y estuvo marcada, entre otros maestros, por Enrique García Asensio, Helmuth Rilling y Aldo Ceccato. Mirando ahora su trayectoria, ¿qué enseñanzas de aquellos años siguen presentes en su manera de enfrentarse a una partitura y de trabajar con una orquesta?

De Enrique García Asensio el rigor, la claridad técnica y el gesto preciso. Siempre tengo presente la importancia de la técnica de dirección como herramienta de comunicación clara porque un gesto preciso simplifica el ensayo, genera seguridad en los músicos y permite que la orquesta toque con soltura y sin tensiones innecesarias.

De Helmuth Rilling la profundidad analítica y la pasión por el repertorio sinfónico-coral. Me contagió la búsqueda del significado de cada nota, el análisis minucioso de la estructura y el fraseo de una obra, y el profundo respeto por la voz humana y la interacción entre coro y orquesta.

De Aldo Ceccato tengo que destacar el carácter, la pasión y la expresividad. Me enseñó el dramatismo de la música, el equilibrio sonoro y la capacidad de dotar de vida e intensidad una interpretación orquestal.

De los tres me queda el valor de la honestidad hacia la partitura, la disciplina de estudio y la convicción de que la técnica está siempre al servicio de la música y del factor humano de la agrupación.

Recientemente ha recibido el Premio Internazionale Flaiano Speciale per la Cultura, convirtiéndose en la primera figura española en obtener este reconocimiento. ¿Cómo recibió esta distinción y qué significado tiene para usted en un momento de especial consolidación de su trayectoria artística?

Fue una verdadera sorpresa y a la vez una enorme alegría, orgullo y gratitud.

Ser la primera figura española en obtener este reconocimiento es un premio personal, pero, por encima de todo, lo siento como un galardón colectivo. Es el reflejo del esfuerzo diario de los músicos de la Orquesta Metropolitana de Madrid, de las voces del Coro Talía y de todo el equipo que hace posible la labor cultural y social del Grupo Talía.

Que una institución de tanto prestigio internacional valore no solo la calidad artística, sino también el compromiso con la divulgación y la educación de la música reafirma que el camino elegido desde los inicios del grupo era el correcto.

Y además creo que ha llegado en una etapa de plenitud y madurez profesional por lo que más que invitarme a parar y mirar el camino recorrido, este premio funciona como una inyección de energía y responsabilidad para seguir innovando, asumiendo nuevos retos artísticos y llevando la cultura a más personas.

Etiquetas: noticiaportada

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