
El texto estuvo terminado en 2005 pero no ha sido hasta 2012, gracias a T&B Editores, cuando ha visto por fin la luz. Tiempo que sirvió de algún modo para ultimar la nutrida información relativa a la filmografía / discografía, que terminó de completarse en agosto de este mismo año de publicación.
Luis Miguel Carmona trata de reunir en este libro las cien colaboraciones más relevantes entre directores y músicos, bajo subtítulos sugerentes. Las partituras originales, y su relación con las imágenes creadas por los directores, son las verdaderas protagonistas, insertadas a través de la narración con anécdotas, confesiones e historias hasta ahora desconocidas, contadas de manera amena y sin pelos en la lengua.
El hilo conductor de la narrativa da privilegio a los compositores, poniéndolos en primer lugar, hablando de sus vidas, inicios musicales y su relación con el mundo del cine para pasar después a hacer lo mismo con los directores. Estas estrechas relaciones que aquí se presentan se han producido a partir de los años sesenta, cuando las grandes compañías comienzan a perder poder en beneficio de cineastas independientes que podían escoger sus colaboradores. Así, y debido a tener que limitar el número de colaboraciones, el grueso del libro lo forman los directores que más y mejor han cuidado, “hasta donde han podido, querido o aguantado, como se irá viendo” a los compositores. Incluso esta frase de Carmona tiene un tono que nos pone al compositor como el malo de la “peli”, pero no deja de ser un hecho más que real que el compositor de cine acaba siendo el más desconocido dentro del organigrama de una película. Y eso pasa a lo largo de la lectura de este libro, que comienza a tomar forma en nuestra mente cuando se abordan los títulos de films más conocidos, o que se encuentran dentro de nuestro repertorio de cinéfilos; y en ese momento intentamos tener más en cuenta esos nombres.
La banda sonora ha sido, y sigue siendo, maltratada y relegada desde sus inicios, como mero elemento útil para que el público no oyera el ruido del proyector, hasta el retroceso de los últimos veinte años. Ahora se ha implantado un espectacular sonido, muy propio para el cine de acción del siglo XXI, una idea de Hans Zimmer procedente de la “factoría” Media Ventures. El punto de inflexión de la consideración de la música en el cine se produjo en 1932, con Max Steiner, quien introdujo por primera vez música de fondo original para remarcar el carácter dramático de una determinada escena. Esto ocurrió en La melodía de la vida, dirigida por Gregory LaCava.
Este libro va dirigido a todo tipo de público amante tanto del cine como de las bandas sonoras. Nos quedamos con una frase de uno de los grandes: «La imagen y la música deben cumplir una función creativa en común… la mejor música para una película debe revelar algo que no se puede ver o contar. Debe ilustrar lo que el guión de una película no puede expresar, lo que la imagen no puede decir». Ennio Morricone