Luigi Dallapiccola (1904-1975) ha sido el engarce imprescindible entre la regeneración musical italiana de principios del siglo XX y el tránsito hacia las técnicas modernas que empalmarían, gracias a él, con toda naturalidad con las generaciones de Nono, Berio o Maderna. Para Dallapiccola, la puesta al día del lenguaje musical y la adopción del serialismo constituyeron procesos inseparables de una postura ética y política que baña de rigor el trabajo de sus obras de las que resulta imprescindible citar sus óperas “Vuelo nocturno”, “Il prigioniero” y “Ulisse”, obras esenciales del siglo XX que por motivos incomprensibles no figuran en los repertorios operísticos, ahora que el siglo XX se encuentra en revisión.
La monografía de Zimbaldo es, ante todo, un trabajo analítico de la producción de Dallapiccola, su vida se insinúa a través de la descripción de la obra y nos deja con ganas de saber más. Pero el trabajo musical es admirable, analítico, sí (y con una rica variedad de indicaciones técnicas, especialmente de su técnica serial), pero no como para resultar ajeno al buen aficionado.
