El Festival Perelada, que celebra su 40.ª edición desde el pasado 17 de julio, afronta un intenso fin de semana en el que convivirán una de las grandes voces de la lírica internacional, la creación operística contemporánea y el estreno absoluto de una nueva obra del compositor Alberto García Demestres. La programación de los días 25 y 26 de julio refleja una de las señas de identidad del certamen: combinar grandes intérpretes con una decidida apuesta por la nueva creación.
La primera cita llegará el sábado 25 de julio, a las 19 h., con el regreso del bajo-barítono galés Bryn Terfel, una de las figuras más reconocidas del panorama operístico internacional. El cantante volverá a Perelada, donde debutó en 1990, para ofrecer un recital acompañado por la arpista Hannah Stone y la pianista Annabel Thwaite. El programa recorrerá distintos universos musicales, desde las canciones tradicionales galesas y el lied centroeuropeo hasta algunas de las páginas más emblemáticas del repertorio operístico, configurando un retrato de la trayectoria artística del intérprete.
Esa misma noche, a las 22,30 h., el festival presentará Estètica i massacre, ópera de Carles Prat nacida en el proyecto Òh!pera del Gran Teatre del Liceu. Con libreto de Carlota Gurt y dirección escénica de Oriol Pla, esta tragicomedia para soprano y barítono reflexiona sobre la construcción de la identidad en la era digital y los mecanismos de representación contemporáneos. La producción inaugura además una colaboración entre el Festival Perelada y el Gran Teatre del Liceu para impulsar la creación operística actual.
El domingo 26 de julio, a las 20 h., llegará uno de los estrenos absolutos de la edición con Diario di una madre, ciclo de catorce canciones y dos interludios para piano compuesto por Alberto García Demestres sobre textos en italiano de Cristina Pavarotti. La obra será interpretada por la soprano Sabina Puértolas y el pianista Rubén Fernández Aguirre.
El ciclo adopta la forma de un diario imaginario que acompaña a una madre desde el descubrimiento del embarazo hasta el progresivo desvanecimiento de la memoria. A través de escenas cotidianas marcadas por la infancia, el crecimiento, la separación y el paso del tiempo, la partitura construye un relato íntimo en el que la música dialoga con la palabra para explorar la complejidad de los vínculos familiares y la fragilidad de la memoria.
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