Doce Notas

Entrevista con Sara Nieto, bailarina del Ballet Nacional de España

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Durante más de treinta años, los bailarines de la Compañía Nacional de Danza (CND) y del Ballet Nacional de España (BNE) aseguran haber desarrollado su labor bajo un marco laboral y retributivo que consideran desfasado. Tras meses de negociaciones con el Ministerio de Cultura y el INAEM, y pese a los avances en el diálogo, el colectivo denuncia que sigue sin existir una solución definitiva para una reivindicación que, insisten, trasciende la mejora salarial y afecta al reconocimiento de la danza dentro de las políticas culturales españolas.

Sara Nieto es bailarina del Ballet Nacional de España desde hace veinte años. Antes de incorporarse a la compañía desarrolló su carrera en distintas compañías privadas, también obtuvo diversos premios y becas que reconocieron su trayectoria artística. Es licenciada en Pedagogía por la Universidad Complutense de Madrid, formación que compaginó con su carrera como intérprete. Actualmente impulsa iniciativas vinculadas a la pedagogía y la difusión de la danza, convencida de que la excelencia artística debe ir acompañada de una mayor proyección social e institucional de la danza. Asimismo, defiende la modernización del marco laboral de las compañías nacionales de danza y el reconocimiento de la danza como una disciplina esencial dentro de la cultura española.

Habéis afirmado que las condiciones laborales y retributivas se rigen por un marco diseñado en los años noventa. ¿En qué aspectos concretos ha quedado obsoleto ese modelo?

Nuestro marco retributivo tiene su origen en el convenio de 1995, cuando aún hablábamos en pesetas. Este convenio era propio de las unidades de los ballets, es decir tanto del BNE como de la CND, con el que se funcionaba, al menos en su momento, muy bien. Posteriormente se integró en el Convenio Único de la Administración General del Estado, dejándonos en un limbo estructural porque seguimos en transitoria desde entonces, congelados. Además, este convenio es un marco generalista que no recoge las especificidades laborales de los artistas.

Esto ha provocado un desfase acumulado de casi treinta años, por lo que ya no responde a la realidad profesional actual, ni a la responsabilidad, formación y exigencia que implica ser bailarín de una compañía nacional. Trabajamos en el siglo XXI con un convenio del siglo XX.

A menudo el público ve el resultado artístico sobre el escenario, pero desconoce lo que hay detrás. ¿Cómo es el día a día de un bailarín de una compañía nacional y qué nivel de exigencia física y emocional implica?

Nuestro trabajo empieza mucho antes de que se levante el telón. Cada jornada supone varias horas de entrenamiento técnico, ensayos, preparación física, prevención y recuperación de lesiones.

Somos artistas, pero también atletas de alto rendimiento, nuestro cuerpo es nuestra herramienta de trabajo. La exigencia física es enorme y la carrera profesional es muy corta porque el cuerpo tiene un límite. A ello se suman las giras, los cambios constantes de escenarios y de horarios, la presión artística y la responsabilidad de hacer que tu vocación sea un trabajo excelente.

El público ve dos horas de espectáculo, pero detrás hay décadas de formación y una dedicación absoluta.

En vuestro manifiesto insistís en que esta reivindicación «no busca privilegios». ¿Qué es exactamente lo que reclamáis al Ministerio de Cultura y al INAEM?

Pedimos algo muy sencillo: que la danza ocupe el lugar que le corresponde dentro de la cultura pública española.

Queremos que se actualicen unas tablas salariales que llevan décadas desfasadas, que se reconozca la singularidad de nuestra profesión y que las compañías nacionales de danza dejen de ser las unidades artísticas peor retribuidas del INAEM.

No buscamos un trato de favor; buscamos un trato justo y acorde con la responsabilidad que asumimos como compañías nacionales.

Pero hay una cuestión que va más allá de lo económico. Cuando comparamos nuestras condiciones con las de otras compañías nacionales europeas, vemos que el Ballet Nacional de España y la Compañía Nacional de Danza se sitúan muy por debajo de la mayoría de ellas, a pesar de representar oficialmente a nuestro país y de compartir el mismo nivel de excelencia artística. Esa diferencia invita a reflexionar sobre cómo se valora la danza dentro de las políticas culturales.

Creemos que la cultura no se defiende solo con discursos o con el prestigio internacional de nuestras compañías. También se defiende garantizando que quienes la hacen posible puedan desarrollar su carrera en condiciones acordes con la responsabilidad que asumen.

Por eso insistimos en que no estamos reclamando un privilegio. Estamos reclamando que las principales compañías de danza de España reciban un reconocimiento equiparable al que ya existe en otras disciplinas artísticas del propio INAEM y al que las grandes compañías nacionales reciben en buena parte de Europa.

Tras la suspensión de las movilizaciones a finales de 2025, ¿qué expectativas teníais respecto a las negociaciones y qué ha ocurrido para que la situación siga sin resolverse?

Suspendimos las movilizaciones porque confiábamos en que el diálogo permitiera alcanzar una solución estructural al problema. Durante las negociaciones se llegó a trabajar en una propuesta de actualización de nuestras tablas salariales, algo muy importante porque suponía reconocer que el modelo vigente había quedado obsoleto y que era necesario corregirlo. Con aquello esperábamos iniciar una actualización progresiva de las tablas salariales para integrarnos plenamente en el sistema retributivo del resto de las unidades artísticas del INAEM y corregir un desfase que se arrastra desde hace casi treinta años.

Sin embargo, ese escenario cambió y esa propuesta finalmente no salió adelante. Se nos trasladó que ya no era posible modificar las tablas salariales en los términos planteados inicialmente y que había cambiado el marco en el que se estaba negociando.

Su escenario habrá cambiado pero el nuestro no…. por eso seguiremos defendiendo exactamente lo mismo que defendíamos al principio: una solución estructural, estable y que dignifique la danza dentro de la Administración General del Estado.

Los sindicatos han desconvocado los paros tras la última reunión con el INAEM, aunque advierten de que podrían retomarse en septiembre si no hay avances. ¿Qué sensación predomina ahora entre los bailarines: esperanza, preocupación o cansancio?

Pues una mezcla de las tres…

Hay esperanza porque se han producido avances que hace unos años parecían impensables, aunque todavía no sean suficientes. Hay preocupación porque aún no existe una solución definitiva ni sabemos cuándo llegará. Y hay cansancio porque llevamos mucho tiempo defendiendo una reivindicación que consideramos justa y de la que todavía no vemos un final claro, por lo que también tenemos que aprender a guardar energía para lo que queda por recorrer.

Pero si algo nos está sosteniendo es el apoyo entre compañeros. Nos cuidamos, nos escuchamos y nos damos fuerza para que nadie decaiga, porque sabemos que esta reivindicación va más allá de nosotros mismos: habla del futuro de la danza y de las generaciones que vendrán después. Ese sentimiento de comunidad es lo que nos permite seguir adelante con esperanza y responsabilidad.

Más allá de las mejoras salariales, ¿qué cambios estructurales serían necesarios para garantizar un futuro más estable para los bailarines de las compañías nacionales?

La actualización salarial es una parte importante, pero no la única. Lo que realmente necesitamos es un marco normativo específico para el colectivo artístico de las compañías nacionales de danza, adaptado a la realidad del siglo XXI.

Hoy seguimos desarrollando nuestra profesión con unas condiciones reguladas, en gran medida, por un convenio concebido en 1995. Desde entonces nuestra profesión ha evolucionado enormemente, pero la normativa no lo ha hecho al mismo ritmo.

Por ejemplo, nuestras actuaciones pueden difundirse hoy a través de plataformas digitales y otros canales audiovisuales, pero seguimos sin tener reconocido un marco claro de derechos de propiedad intelectual acorde con esa realidad. Nuestra actividad implica una movilidad constante. Sin embargo, aspectos como los desplazamientos, las dietas, los cambios de horarios, los tiempos de descanso, las largas estancias fuera de casa o la propia organización de las giras siguen regulándose con un marco que ya no responde a las necesidades actuales.

A todo ello se suma la singularidad de nuestra profesión: una carrera artística muy corta, una elevada exigencia física y emocional, y una disponibilidad constante para representar a España dentro y fuera de nuestras fronteras.

Por eso creemos que no basta con corregir una tabla salarial. Es necesario construir un marco laboral moderno que recoja las particularidades de nuestra actividad y garantice unas condiciones acordes con la responsabilidad que asumimos como compañías nacionales.

También creemos que es importante reforzar la presencia de las compañías nacionales en nuestro propio país. Paradójicamente, representamos a España en los principales escenarios internacionales y, sin embargo, muchos ciudadanos desconocen que existen el Ballet Nacional de España y la Compañía Nacional de Danza. Disponer de un espacio escénico de referencia donde desarrollar temporadas más estables contribuiría a acercar nuestro trabajo al público, crear una identidad reconocible y consolidar una programación continuada. Las compañías nacionales no deberían ser solo embajadoras culturales en el extranjero; también deberían ser una referencia cultural permanente dentro de España. 

¿Qué consecuencias tendría para el sector que en septiembre no llegara una propuesta definitiva y hubiera que retomar las movilizaciones?

Lo primero es que ojalá no tengamos que llegar a ese escenario.

A los bailarines nos cuesta muchísimo tomar la decisión de movilizarnos. Nuestra forma natural de defender la danza es desde el escenario, compartiendo nuestro trabajo con el público. Cada función que no hacemos es una decisión muy difícil, porque sentimos que nos aleja precisamente de aquello a lo que hemos dedicado nuestra vida.

Es casi una contradicción personal: para defender nuestra profesión, a veces nos vemos obligados a dejar de ejercerla durante unos días. Y eso duele.

También somos conscientes de que nuestras movilizaciones no generan el mismo impacto social que las de otros sectores. Cuando un transporte o un hospital se paralizan, la repercusión es inmediata. En nuestro caso, el efecto es menos visible y, precisamente por eso, muchas veces cuesta que se comprenda la importancia de lo que estamos defendiendo.

Pero la cultura también es un servicio público esencial para una sociedad. La pandemia nos lo recordó a todos. Durante aquellos meses de incertidumbre, millones de personas encontraron refugio en la música, el teatro, el cine, los libros y la danza. La cultura nos acompañó cuando no podíamos salir de casa y nos ayudó a sobrellevar una situación muy difícil.

Por eso nuestra reivindicación no pretende perjudicar al público. Todo lo contrario. Queremos fortalecer unas compañías nacionales que son patrimonio de todos y garantizar que quienes las integran puedan seguir desarrollando su trabajo con la dignidad y el reconocimiento que merece la cultura.

¿Qué mensaje te gustaría trasladar tanto al público como a las instituciones sobre esta reivindicación?

 Al público, agradecerle el apoyo que estamos recibiendo y pedirle que entienda que esta reivindicación nace precisamente porque creemos profundamente en la cultura y en el servicio público que prestamos. 

Y a las instituciones, trasladarles que esta es una oportunidad para fortalecer las compañías nacionales y enviar un mensaje claro de que la danza forma parte del patrimonio cultural de España y merece el mismo reconocimiento que el resto de disciplinas artísticas.

Desde tu experiencia personal, ¿qué significa formar parte del Ballet Nacional de España y qué te gustaría que cambiara para las futuras generaciones de bailarines?  

Formar parte del Ballet Nacional de España es uno de los mayores orgullos de mi vida profesional. Es pertenecer a una institución que preserva y difunde un patrimonio artístico único y tener el privilegio de representar a España dentro y fuera de nuestras fronteras.

Pero esta reivindicación es compartida con nuestros compañeros de la Compañía Nacional de Danza, porque ambas somos las compañías nacionales del Estado y compartimos las mismas necesidades y los mismos retos. 

Nos gustaría que las futuras generaciones de bailarines no tuvieran que dedicar años a reclamar cuestiones que deberían estar plenamente resueltas. Que pudieran incorporarse a unas compañías modernas, con un marco laboral actualizado, con condiciones acordes a la exigencia de la profesión y con el reconocimiento que merecen como máximos representantes de la danza en nuestro país.

También que la sociedad conociera mucho mejor la existencia y el valor de nuestras compañías nacionales. Que el Ballet Nacional de España y la Compañía Nacional de Danza fueran instituciones reconocidas por todos los ciudadanos, con una mayor presencia en nuestro país, una programación más estable y un espacio donde el público pudiera identificarlas como referentes culturales.

Porque, al final, nuestra reivindicación no busca mejorar solo el presente de quienes estamos hoy sobre el escenario. Busca dejar unas compañías nacionales más fuertes, más visibles y mejor preparadas para las próximas generaciones de artistas y para la sociedad a la que pertenecen.

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