
En poco más de una década, Concerto 1700 se ha convertido en una de las formaciones españolas de referencia en el ámbito de la interpretación historicista. Fundado por el violinista Daniel Pinteño, el ensemble ha construido una trayectoria basada en la recuperación del patrimonio musical hispano de los siglos XVII y XVIII, el rigor musicológico y una intensa actividad discográfica y concertística que lo ha situado en algunos de los principales festivales europeos.
Este verano, el conjunto da un nuevo paso en esa proyección internacional con una gira que ha llevado cuatro programas diferentes en el West Cork Chamber Music Festival de Irlanda (del 1 al 4 de julio de este año) y el estreno en Dinamarca de Falla & Lorca: Baroque Meetings, una propuesta que dialoga con el universo creativo de Manuel de Falla y Federico García Lorca desde una mirada barroca.
El programa ya tiene, además, confirmadas próximas fechas en el Festival de Torroella de Montgrí (20 de agosto) y en el Festival de Música Española de Cádiz (21 de noviembre). Además, Concerto 1700 actuará en la Semana de Música Antigua de Álava junto a Carlos Mena con “In Via: El camino de Simón de Cirene” (19 de septiembre), y en el Festival Fora do Lugar en Portugal con “Back to Follia!” (5 de diciembre).
Con motivo de esta gira, conversamos con Daniel Pinteño sobre el momento que vive Concerto 1700, la creciente presencia de la música española en el circuito europeo y los retos de seguir recuperando un repertorio que aún guarda numerosas páginas por descubrir
Este verano actuan en prestigiosos festivales tanto nacionales como internacionales. ¿Qué supone para Concerto 1700 formar parte de estas programaciones y qué cree que valoran estos festivales de su trabajo?
Para nosotros es la confirmación de nuestra madurez artística después de más de diez años de trayectoria y, desde luego, un orgullo tremendo. Estar en programaciones de este nivel demuestra que la escena musical española y la recuperación de nuestro patrimonio musical no es simplemente algo que interese de puertas para adentro, sino algo que interesa, y mucho, fuera de nuestras fronteras. Creo que los programadores internacionales valoran especialmente el equilibrio que ofrecemos: por un lado, el buen hacer a la hora de rescatar estas partituras del olvido y, por otro, la vitalidad, el riesgo y la frescura con la que las hacemos sonar en el escenario. No buscamos exponer un objeto del pasado, sino compartir un repertorio que late, que está vivo y que pertenece al presente tanto como cualquier otra música.
En Irlanda han presentado cuatro programas diferentes en apenas unos días. ¿Cómo ha vivido este reto artístico?
Con una mezcla de muchísima adrenalina y como una oportunidad fantástica para desplegar toda la versatilidad de Concerto 1700. Hemos tenido cuatro programas totalmente diferentes y supone un gran reto. Pasar en apenas unas horas de la intimidad puramente camerística y sutil de los cuartetos de Castel o Brunetti, a la exigencia técnica de las cantatas de Scarlatti con Ana Vieira Leite o las arias alemanas de Haendel, requiere que el grupo funcione como un mecanismo de precisión absoluta. Es un maratón musical extendido en el tiempo muy exigente a nivel mental y físico, pero nos motiva muchísimo poder mostrarle al público del West Cork toda la paleta de colores y la flexibilidad de la que es capaz nuestro ensemble. Hemos disfrutado muchísimo de la experiencia. Es un festival intenso donde hay charlas, encuentros, masterclases y muchos conciertos al día de diferentes estilos. Todo ello en una localidad relativamente pequeña por lo que nos permite interactuar con el público y compartir experiencias con colegas de otras partes del mundo.
Una parte importante de su trayectoria consiste en recuperar compositores españoles poco conocidos, como José Castel. ¿Todavía queda mucho patrimonio musical por descubrir?
Muchísimo; de hecho, apenas estamos rascando la superficie. Los archivos españoles e hispánicos custodian un auténtico océano de música extraordinaria que lleva siglos durmiendo en un silencio injusto. Recuperar a autores de la talla de José Castel o Gaetano Brunetti no responde a un mero capricho académico o arqueológico; es una obligación para con nuestro patrimonio y como me gusta pensar casi se transforma en un acto de dignificación de nuestro legado musical. Pese a todo, y siendo crucial, me parece que nuestra labor debe ir más allá de la recuperación. Esto es solo un primer paso que debe ir seguido de la incorporación de estos autores y repertorios en las programaciones musicales tanto de nuestro país como del extranjero. Normalizar la presencia de un trío de cuerda de Castel junto a autores como Mozart o Haydn me parece el verdadero éxito.
¿Cómo se consigue que una obra escrita hace tres siglos resulte cercana para el público actual sin perder el rigor histórico?
La clave está en entender que el rigor historicista no es el fin del viaje, sino una herramienta fundamental para que la propuesta funcione. Estudiamos los tratados, usamos cuerdas de tripa y arcos de la época porque son los materiales que nos revelan los afectos y la retórica original de esa música. Pero una vez que pisamos el escenario, la faceta más arqueológica se queda fuera. La música antigua no se puede abordar desde la nostalgia dócil; tiene que ser un acto casi revolucionario donde el artista aporte conocimiento y emoción a partes iguales para conectar con la sensibilidad actual.
Háblenos un poco del proyecto Proyecto Falla & Lorca: Baroque Meetings ¿Cómo nació y qué se va a encontrar el público ante esta propuesta?
Este programa nació con la idea de explorar los hilos ocultos que conectan la vanguardia española de principios del siglo XX con la sonoridad barroca de los siglos XVII y XVIII, que es la verdadera cuna de nuestra tradición oral. Nos inspiró mucho ver cómo figuras de la talla de Manuel de Falla o Federico García Lorca se sumergieron en el legado popular para escribir sus célebres canciones populares españolas.
Lo que el público se va a encontrar en el escenario es un diálogo muy directo y vibrante: tomamos esas melodías tan arraigadas en la memoria colectiva .como Los cuatro muleros, Las morillas de Jaén o Anda, Jaleo. y las adaptamos al universo instrumental de la música antigua, haciéndolas convivir con las chaconas, folías o pasacalles de la época. Para conseguir este sonido tan particular, combinamos los instrumentos de época de Concerto 1700 con la voz honda y llena de matices de la cantaora Laura Marchal. El resultado es una experiencia acústica muy natural que rompe con las etiquetas rígidas: no es barroco, no es flamenco, es puro mestizaje.
En este proyecto colaboran con la cantaora Anna Colom. ¿Qué aporta una artista procedente del flamenco a su propuesta y qué han descubierto durante ese proceso de trabajo conjunto?
Este proyecto tendrá su estreno en el Hindsgavl Festival de Dinamarca en apenas unos días. Por descontado, una cantaora flamenca como Anna nos aporta una fuerza expresiva tremenda que eleva la propuesta a otro nivel. Provenimos de tradiciones musicales tan diferentes e inicialmente uno siempre tiene algo de miedo a cómo será la dinámica de trabajo en los ensayos pero pronto se descubre que el flamenco y el barroco comparten muchísimo más ADN del que la gente imagina: la flexibilidad del ritmo, la libertad en la ornamentación y esa búsqueda de la emoción directa y sin filtros. Durante el proceso de trabajo hemos descubierto que al unir su versatilidad con la sonoridad barroca que ofrece una formación como Concerto 1700 surge un lenguaje común, eléctrico y con una fuerza orgánica que nos ha fascinado a todos.
Además de los conciertos, participarán en actividades pedagógicas junto a jóvenes músicos. ¿Qué importancia tiene para usted transmitir este repertorio a las nuevas generaciones de intérpretes?
Para mí es una parte nuclear de nuestra misión como conjunto. La música antigua y la interpretación histórica no se pueden aprender únicamente leyendo tratados en un aula; se transmiten de verdad compartiendo la experiencia física y el oficio sobre el instrumento. Impartir estas masterclasses en Irlanda con los jóvenes músicos del programa de estudiantes de la Irish Baroque Orchestra nos permite sembrar esa curiosidad por el patrimonio olvidado y, sobre todo, contagiarles la idea de que este repertorio es un lenguaje vivo, dinámico y con un potencial de futuro tremendo.
En poco más de una década, Concerto 1700 ha pasado de ser un proyecto emergente a convertirse en una referencia de la interpretación histórica en España. Mirando atrás, ¿qué decisiones han sido determinantes para llegar hasta aquí?
Evidentemente, detrás de estos diez años hay muchísimas horas de trabajo, el talento de un equipo humano y musical extraordinario y decisiones valientes, como la de crear nuestro propio sello, 1700 Classics, para trabajar con total libertad. Pero si tengo que señalar el motor principal, es la firme convicción de dignificar nuestra profesión y lo que hacemos sobre el escenario.
Desde el primer día tuve claro que el sector, en mi caso de la música antigua, debe de salir de ese bucle tradicional de precariedad y malas condiciones laborales. Llegar hasta aquí ha sido el resultado de exigirnos el máximo rigor en el plano artístico y de cuidar minuciosamente las condiciones y el respeto hacia los músicos que forman el conjunto. La decisión más determinante ha sido apostar por la excelencia y la honestidad profesional: entender que para que el público valore y respete lo que hacemos en el escenario, los primeros que tenemos que poner en valor el oficio y dignificarlo somos nosotros mismos.
¿Cuáles son los próximos proyectos de Concerto 1700? ¿Pasan por alguna propuesta para su sello discográfico, 1700 Classics?
Nuestra idea va más allá de ir sumando fechas en el calendario; el objetivo real es dar continuidad a la difusión de nuestra música. Precisamente por eso decidimos crear 1700 Classics. Tener un sello propio nos da la flexibilidad necesaria para grabar todo aquello que nos parece interesante, con total libertad y sin tener que amoldarnos a las modas del mercado discográfico. Para nosotros, el disco es la mejor manera de que esta música viaje y no se quede en un hecho aislado: el concierto en directo es una experiencia mágica, pero la grabación permite que estas obras sigan sonando en cualquier parte del mundo y estén al alcance de cualquiera. Ya estamos trabajando en los próximos proyectos que queremos grabar, pero sí es verdad que la difusión de este patrimonio debería contar con un apoyo más decidido por parte de programadores y entidades públicas. A menudo nos falta sacudirnos los complejos a la hora de valorar lo propio; es hora de que las instituciones apuesten de forma decidida por el inmenso talento de los artistas de aquí y por la enorme riqueza de nuestro patrimonio musical, dándoles el lugar y el respaldo estable que se merecen.
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