
Se trata de una serenata escénica de pequeño formato para tres solistas y pequeño conjunto instrumental que fue compuesta por Georg Friedrich Haendel (1685-1759) durante su etapa italiana. A pesar de tratarse de una obra de juventud, el compositor germánico demuestra poseer no solo una asimilación absoluta del lenguaje operístico de la época, sino que además despliega una suerte de recursos expresivos que anticipan soluciones desarrolladas en su posterior etapa londinense y que hacen virtud de la escasez de medios. Como era habitual en este tipo de composiciones, se trata de una pieza de circunstancias que bebe de las fuentes literarias de la Antigüedad clásica y que fue encargada por la duquesa de Laurenzana con motivo de la boda de su sobrina para ser estrenada en Nápoles en el verano de 1708.
La velada transcurrida el pasado 16 de junio se inició con media hora de retraso debido a la incidencia médica de un espectador que tuvo que ser evacuado por los servicios sanitarios. El concierto arrancó con una intensa interpretación de la obertura de Agrippina, seguida por una concertación con aire escénico protagonizada por un espléndido trío de solistas. La soprano Kateryna Kasper fue un Aci de portentoso timbre, canto elegante e irreprochable unción estilística. Por su parte, la mezzo Sophie Harmsen nos ofreció una íntima y atractiva recreación de la desdichada ninfa Galatea. El rol de Polifemo exige una tesitura de amplísima extensión, sobre todo en el registro grave, y una interpretación de intensos acentos dramáticos. El barítono Cristian Senn no solo salió airoso del reto, sino que fue capaz de dar cuerpo a un cíclope de hondo calado expresivo, desplegando una vasta suerte de recursos canoros y aptitudes teatrales.
Desde el atril, el veterano Jacobs volvió a demostrar su maestría a la hora de desgranar un discurso fluido, rico en matices y de fulgurantes intenciones dramáticas. Una lectura que puso de relieve los valores expresivos de una retórica musical que, cual los grandes clásicos del teatro barroco, hunde sus raíces en lo más profundo del aliento emocional humano. Servido todo ello con virtuoso estilismo y vibrante carácter por las huestes de la Kammerorchester Basel.
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