
El próximo 22 de mayo, el Centro de Cultura Contemporánea Condeduque acogerá el estreno absoluto de Todos los bienes del mundo, un proyecto que revisita el cancionero renacentista español desde una mirada contemporánea, abierta al jazz, la improvisación y las músicas populares. Junto a la cantante María Berasarte, el contrabajista Pablo M. Caminero y el percusionista David Mayoral, Prego propone un diálogo libre entre la tradición y la creación actual a partir de las canciones de Juan del Encina y otros compositores de los siglos XV y XVI.
Ganador del Primer Premio del Westfield International Harpsichord Competition en 2012, Ignacio Prego se ha consolidado como uno de los intérpretes españoles de mayor proyección internacional dentro de la música antigua. Ha actuado en escenarios como el Lincoln Center de Nueva York, la National Gallery of Art de Washington, el National Centre for the Performing Arts de Pekín o el Auditorio Nacional de Madrid, además de colaborar con figuras como Jordi Savall, Harry Bicket o Masaaki Suzuki. Formado entre Madrid, Indiana University y The Juilliard School de Nueva York, donde estudió con Kenneth Weiss y Richard Egarr, el músico madrileño ha desarrollado una trayectoria marcada tanto por el rigor en la interpretación barroca como por una constante curiosidad hacia otros lenguajes musicales.
Todos los bienes del mundo parte de canciones renacentistas y del folclore antiguo, pero son abordadas desde el jazz, la improvisación y la música contemporánea. ¿Cómo ha sido el proceso de encontrar un equilibrio entre el respeto a las fuentes originales y la libertad creativa?
En realidad, creo que el respeto a las fuentes originales implica siempre una gran libertad creativa bien entendida. La improvisación siempre fue parte de la música antigua. Fue un periodo en el que los intérpretes eran casi siempre compositores y grandes improvisadores. El mismo bajo continuo requiere esa capacidad y libertad. Si solo nos quedamos en el papel y la tinta y nos perdemos el espíritu y el contexto en el que esas obras fueron escritas, perdemos la esencia de esta música.
Obviamente, este proyecto tiene mucho de experimental, con influencias del jazz, la improvisación libre, etc., pero, en mi opinión, hemos conservado precisamente ese espíritu de búsqueda y ese afán por comunicar y emocionar tan presente en ese periodo.
En este proyecto comparte los arreglos con Pablo M. Caminero. ¿Cómo se ha desarrollado ese diálogo musical entre un músico tan vinculado al jazz y su propia trayectoria en la interpretación historicista?
Con Pablo era muy fácil entenderse porque, aparte de colegas de profesión, somos amigos. Ambos compartimos esa curiosidad por otros lenguajes, así que, cuando me encargaron un proyecto nuevo para CondeDuque, pensé rápidamente en él. Los arreglos han nacido de esa colaboración. Al final, se trataba de salir de la zona cómoda y crear algo diferente a lo que estamos habituados.
El programa toma como punto de partida músicas de Juan del Encina y sus contemporáneos. ¿Qué cree que sigue haciendo tan actuales esas canciones cinco siglos después?
Creo que la fuerza de esas canciones está en sus melodías, su carácter y sus textos, con temáticas tan atemporales como el amor, la pérdida o el deseo… Tienen, además, una sencillez y una relación con lo popular que conecta de forma muy directa con el oyente de hoy. Cuando trabajas este repertorio, te das cuenta de que hay patrones rítmicos y giros melódicos que están muy presentes en músicas actuales.
Usted ha desarrollado una importante carrera internacional como clavecinista especializado en música barroca. ¿Qué le atrae especialmente de salir del repertorio más estrictamente historicista para abordar propuestas híbridas como esta?
Casi desde el principio de mi carrera he disfrutado mucho haciendo proyectos con otras disciplinas artísticas, como el teatro, la danza o la pintura. También he colaborado con bailarines y músicos de flamenco y de jazz. Personalmente, me lo tomo como una oportunidad para aprender y absorber todo lo que pueda.
En Todos los bienes del mundo aparecen el clave y el piano junto al contrabajo, la percusión y la voz de María Berasarte. ¿Cómo cambia su manera de tocar y de concebir el sonido dentro de una formación tan abierta y poco convencional?
El punto de partida es completamente diferente. Cuando uno aborda repertorio barroco desde el punto de vista historicista, no podemos abstraernos de toda la información que conocemos, que nos permite acercarnos lo más posible a las convenciones de la época y a las intenciones del compositor. El intérprete debe conocer esto y, a partir de ahí, ser artista y emocionar.
Nuestro punto de partida en este proyecto, desde el respeto, es mucho más flexible en cuanto a la instrumentación, la rearmonización, la forma, el carácter o la manipulación rítmica…
La increíble voz de María Berasarte te lleva inmediatamente a otra manera de tocar y abordar este repertorio. Logra una atmósfera muy mágica. David Mayoral logra que el puzzle funcione.
El espectáculo se estrena en el Centro de Cultura Contemporánea Condeduque. ¿Hasta qué punto un espacio asociado a la creación contemporánea condiciona o inspira la concepción del proyecto?
El Centro de Cultura Contemporánea Condeduque apuesta por propuestas muy diferentes a lo que vemos programado en los ciclos habituales de concierto, danza, etc. Es muy inspirador y les estoy muy agradecido por la libertad total que me han dado en este encargo (el segundo tras el estreno de A Night with John Dee hace unos años con el pianista Moisés Sánchez). En esencia, me dijeron que propusiera lo que yo quisiera. Solo tuve que reunir a tres músicos fantásticos de muy diferentes sensibilidades y disfrutar.
Después de una trayectoria centrada en Johann Sebastian Bach y el gran repertorio barroco, ¿qué le aporta personalmente un proyecto tan transversal y basado en la improvisación y el intercambio entre músicos de procedencias distintas?
Me obliga a salir de automatismos. Cuando llevas muchos años trabajando repertorios muy concretos, entrar en un proyecto basado en la improvisación cambia completamente la energía. Aquí hay una parte de riesgo y de escucha constante que me interesa mucho. También disfruto mucho trabajando con músicos de procedencias diferentes porque aparecen ideas que yo solo no habría imaginado. Es una manera de relacionarme con esta música desde la curiosidad.
Acabo de estar tocando las Variaciones Goldberg en Córdoba y Suiza, y en unos días estaré en Valencia con la misma obra. Me encanta poder visitar mundos tan diferentes en tan poco tiempo.
¿Qué es lo que esperan que el público reciba de esta propuesta?
Nos gustaría que el público sintiera que esta música no pertenece solo al pasado. Que pueda escuchar a Juan del Encina desde un lugar muy actual, sin necesidad de conocimientos previos; que perciba la libertad que hay sobre el escenario, porque eso hace que cada concierto sea distinto. Y ojala el público salga con la sensación de haber escuchado algo cercano y nuevo al mismo tiempo.
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