Doce Notas

Entrevista al violonchelista Maximilian Hornung

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El violonchelista alemán Maximilian Hornung ha visitado de nuevo España en una temporada especialmente significativa de su trayectoria artística para protagonizar, el pasado 6 de mayo, uno de los encuentros más destacados del Sant Pau Festival en el Palau de la Música Catalana. Acompañado por la Franz Schubert Filharmonia y bajo la dirección de Tomàs Grau, el músico alemán interpretó el Primer concierto para violonchelo de Camille Saint-Saëns, una de las partituras más luminosas y emblemáticas del repertorio romántico francés.

La actuación supuso además la primera colaboración entre Hornung y la Franz Schubert Filharmonia, una formación que celebra este año su vigésimo aniversario y que se ha consolidado como una de las grandes referencias sinfónicas del panorama nacional. El concierto llegaba precedido por otros dos compromisos del violonchelista en España durante 2026 —junto a la Orquesta Sinfónica de Galicia y en recital en Salamanca— y en medio de una temporada marcada por hitos como su debut con la Berliner Philharmoniker, su residencia artística en el Staatstheater Nürnberg o sus colaboraciones con orquestas como la Oslo Philharmonic y la Zürcher Kammerorchester. Reconocido internacionalmente por la profundidad expresiva de su sonido y por una musicalidad de extraordinaria naturalidad, Hornung se ha convertido en una de las voces más personales del violonchelo actual. Habitual de escenarios como la Berliner Philharmonie, el Concertgebouw de Ámsterdam o el Musikverein de Viena, el intérprete alemán reivindica una forma de entender la música basada en la escucha, la honestidad artística y el diálogo constante con otros músicos. En conversación con Doce Notas, reflexiona sobre su debut con la Berliner Philharmoniker, su relación con la música de cámara, su regreso a España y la búsqueda de una identidad propia como intérprete.

Ha regresado a España en una temporada especialmente intensa y el colofón de esta visita ha sido su colaboración con la Franz Schubert Filharmonia en el Palau de la Música Catalana. ¿Cómo ha sido este primer encuentro artístico con la orquesta y con el director Tomàs Grau?

La orquesta y Tomàs Grau tienen un espíritu musical fantástico; todo el mundo está realmente motivado y profundamente entregado a la música. Ha sido una experiencia muy bonita. Un verdadero placer hacer música con personas que comparten exactamente la misma manera de entenderla.

El Concierto para violonchelo n.º 1 de Camille Saint-Saëns es una obra clave del repertorio. ¿Qué aspectos de esta partitura conectan más con su personalidad artística?

Creo que es una obra muy viva, humilde, sencilla y muy natural, pero aun así con un magnetismo enorme. Se comunica con el público de inmediato, de una forma muy cautivadora. Me siento muy atraído por este tipo de música.

Este año ha marcado hitos importantes en su carrera, como su debut con la Berliner Philharmoniker. ¿Qué ha supuesto este paso en su trayectoria y qué aprendizajes extrae de colaborar con grandes formaciones internacionales?

Ha sido, por supuesto, una experiencia increíble e inolvidable, de la que aprendí muchísimo y de la que obtuve una enorme inspiración. Siempre se crece durante todo el proceso de preparación de un concierto: la fase de trabajo, tanto técnica como —sobre todo— mental, es la que más te hace evolucionar si la haces bien. Y luego, al final, te sientas allí con la Berliner Philharmoniker y simplemente puedes disfrutar y dejarte inspirar.

Su agenda combina conciertos sinfónicos, recitales y proyectos de música de cámara. ¿Cómo equilibra estos distintos formatos y qué le aporta cada uno en términos de desarrollo artístico?

Al final, todo se reduce a la música que creas junto a otras personas, y eso es precisamente lo hermoso y lo que une todos estos formatos. En realidad, estas distintas dimensiones de hacer música no son tan diferentes entre sí: siempre es música de cámara, un dar y recibir constante, escucharse mutuamente y reaccionar.

Ha trabajado con directores de gran prestigio y perfiles muy diversos. ¿Qué cualidades valora especialmente en un director y cómo influye esa relación en el resultado final de una interpretación?

Creo que la relación musical —y también personal— con un director es fundamental para que una interpretación funcione. Necesito poder confiar plenamente en él, y que esa confianza sea recíproca. Eso solo se consigue cuando ambos estamos exactamente en la misma sintonía respecto a lo que queremos. La química tiene que encajar y debe existir la voluntad de todos de ser abiertos y flexibles, sin renunciar a nuestras convicciones musicales más profundas.

En un panorama musical cada vez más globalizado, ¿qué cree que define hoy a un intérprete con voz propia y cómo se construye su identidad a lo largo de los años?

Cuando enciendes la radio al azar, sin saber quién está tocando, pero reconoces de inmediato al intérprete, entonces ese artista tiene una voz propia. Claro que para eso debes conocerlo previamente, pero existe ese elemento cautivador que, como mínimo, te hace seguir escuchando. Es solo un ejemplo, pero para mí refleja exactamente lo que significa una verdadera identidad artística. Para conservarla, uno nunca debe traicionarse a sí mismo ni a sus convicciones musicales más profundas.

¿Qué balance realiza de los tres conciertos que ha dado en España desde el pasado mes de enero?

Adoro España, adoro al público español y su manera de ser. Tocar aquí me resulta increíblemente motivador porque, de algún modo, siento una conexión muy fuerte con este país, y el entusiasmo del público es extraordinario. Siempre es una alegría. ¿Cuáles son sus próximos proyectos? Tengo muchísimas ganas de viajar a Australia por primera vez este mes de junio. Estaré allí tres semanas, con dos debuts con orquesta, varios recitales en solitario y también impartiré una masterclass. Me hace mucha ilusión descubrir este nuevo continente.

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