Doce Notas

Teatralia 2026. Domingo 22: Un domingo de ternura

Terra (Tierra). Grupo Sobrevento

Mañana soleada en la Quinta de los Molinos. Encontramos por fin el “Espacio Abierto Quinta de los Molinos”. Como niños curiosos, un poco expectantes ante un título tan sugerente y, sobre todo, por la edad recomendada, nos dejamos guiar. Nos sentamos todos en el suelo; no hace falta esperar en fila. Ahí, los más pequeños ya se encuentran más cómodos y se sueltan. Recomendaciones que nos liberan de las ataduras y corsés de los conciertos y espectáculos al uso: “Dejen a los niños en primera fila… los mayores detrás… dejen libertad… no apaguen los móviles… hagan fotos…”. Y ahí empieza ya algo diferente.

Entramos en la sala y un simple círculo de tierra nos espera; una guitarra y un violonchelo, también. Con los primeros acordes y sonidos se van despertando los ojillos inquietos y los rostros sonrientes; sus sonidos también. Esa inocencia que pregunta y no juzga, solo pregunta, como nos podemos preguntar todos, pero callamos porque ya estamos domesticados: “¿Qué hace?”. Pregunta repetida varias veces. Desenterrar objetos, recuerdos; contar a dónde nos llevan todas esas cosas desenterradas, traídas de nuevo al presente; compartir con los aquí presentes esos momentos vividos.

Sandra Vargas, autora del texto y directora e intérprete, sabe mirar, ofrecer toda la poesía del momento para aceptar lo que pueda pasar, pues, poco a poco, el círculo de tierra se fue llenando de esos pequeños locos bajitos, entusiasmados con cada uno de los ofrecimientos. Una voz maravillosa que nos proporciona múltiples intenciones en una simple repetición de palabras: mismas palabras, diferentes mensajes. Gracias a la música y al diseño de luces, vivimos con ella esas otras historias junto con su abuela, su padre y su madre.

Música compuesta para el espectáculo por William Guedes, música contemporánea influida por los cantos y ritmos tradicionales de Brasil e interpretada en esta ocasión por Leandro Tenório (violonchelo) y João Baptista Pires Neto (guitarra). Una guitarra que nos invita a jugar y un violonchelo con el que recordar.

Se nota que tanto Luiz André Cherubini como Sandra Vargas están involucrados en la investigación y difusión del teatro para la primera infancia y proponen este espectáculo “basado en la confianza, en la capacidad poética de los bebés”. Una apuesta del festival digna de reseñar, y ojalá se den nuevas oportunidades para seguir explorando esta línea. Mucho por descubrir en el Espacio Abierto Quinta de los Molinos.

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Ouverture. Teatergruppen Batida

Tarde también maravillosa, esta vez en los Teatros del Canal. Asistimos a la Sala Roja y, nada más verlos sobre el escenario, intuimos que de verdad vamos a presenciar un concierto cómico. ¡Qué narices! Pasan por delante de nosotros estos personajes estrafalarios, con cachivaches colgando por todos lados, cargados hasta las orejas, desfilando de un lado a otro del escenario. Se instalan y colocan todos esos bártulos, o instrumentos musicales, que se convierten en aliados para expresar sentimientos en cada una de las piezas que nos presentan. Así, este concierto cómico se torna en comedia poética.

Ocho músicos, actores, que se ganan la entrega del público desde el minuto cero. Se cuentan cosas entre ellos, nos las cuentan; no pasa nada porque hablen en inglés o porque haya momentos en los que no les entendamos del todo. Su gestualidad y complicidad hacen que comprendamos y que disfrutemos junto con unos ritmos que sueltan los pies. Una trompeta que se convierte en excusa para contar y sonar; una percusión siempre presente desde el principio hasta el fin de la obra. La música acompaña y transita esos lugares y sentimientos más simples y humanos: alegría, tristeza, torpeza o virtuosismo, desenfreno, cansancio o incluso ese striptease frustrado que se torna real y donde se nos muestran tal y como son, sin máscaras, sin nariz de payaso; ellos y solo ellos, con su energía y su ritmo, que nos contagia para terminar en un gran aplauso.

Parece mentira que esta obra tenga ya más de veinte años. Y premios merecidos que ha obtenido, entre otros: el Premio de la Crítica al mejor espectáculo internacional del Festival de Teatro de La Habana (2003), el premio a la mejor interpretación del Festival para Niños de Bucarest (2008) y los premios a la mejor dirección y mejor interpretación del Festival di Teatro per le Nuove Generazioni de Milán (2008). Pero es que lo bueno, si es bueno de verdad, el público lo sabe reconocer. Así salimos del teatro con una sonrisa puesta y el cuerpo reconfortado.

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