Doce Notas

Jesús Rueda estrena su concierto Rivers in Winter en la temporada de Ibermúsica

entrevistas  Jesús Rueda estrena su concierto Rivers in Winter en la temporada de Ibermúsica

El jueves 5 de marzo, el público asistirá al estreno en España de una partitura que ocupa un lugar singular en el catálogo de Rueda: su tercer concierto para piano y el primero concebido para estrenarse directamente con orquesta. Bajo el título “Rivers in Winter”, el compositor traza una metáfora musical inspirada en la imagen de los ríos que desembocan en el mar, evocando la fugacidad del tiempo y estableciendo un sutil vínculo con la poesía de Jorge Manrique.

La obra, estrenada el 8 de enero en Bratislava junto a la Filarmónica Eslovaca, marca además un nuevo hito en la estrecha colaboración entre Rueda y Rodiles, intérprete para quien fue escrita la partitura y que también incluyó la Sonata “El efecto mariposa” en su disco homónimo. En Ibermúsica, el concierto dialogará con grandes páginas del sinfonismo ruso y centroeuropeo —como “El Moldava” de Smetana, las “Danzas polovtsianas” de Borodin y “Cantos y danzas de la muerte” de Mussorgski— en un programa que enmarca el estreno dentro de una tradición sonora de poderosa carga expresiva.

Formado como pianista en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid con Joaquín Soriano y en composición con Luis de Pablo y Francisco Guerrero, Jesús Rueda amplió estudios con Manzoni, Gentilucci y Luigi Nono gracias a una beca del Festival de Granada, y trabajó la música electroacústica junto a Horacio Vaggione en Cuenca. Compositor residente de la JONDE en 1997-98, ha representado a España en foros internacionales como el UNESCO Rostrum y ha recibido reconocimientos como los premios de la SGAE, el Forum Junger Komponisten de la WDR de Colonia o el IRCAM Reading Panel.

Desde hace más de 20 años es profesor invitado en conservatorios y universidades de Europa e Iberoamérica, y forma parte del jurado de numerosos premios internacionales entre ellos: el Premio Internacional de Composición Reina Sofía, Fundación Ferrer-Salat en Barcelona (de la que fue director artístico) o el Concurso de Composición de Bolonia. Ha sido Director de cátedra de Composición Manuel de Falla (Cadiz), catedrático de Composición en el Conservatorio Superior de Música de Aragón CSMA y Profesor de Composición en Musikene (San Sebastián).

Su catálogo, presente en escenarios como el Concertgebouw de Ámsterdam o el Centre Pompidou de París, convive con una intensa labor pedagógica en conservatorios y universidades europeas, consolidándolo como una de las voces más sólidas de la creación musical española contemporánea.

¿Cómo se siente ante el estreno en España de su Concierto para piano nº 3 dentro de la temporada de Ibermúsica?

Es una enorme satisfacción poder estrenar en Madrid este concierto para piano, con una pianista excepcional y un director y una orquesta formidables. No se puede pedir más. Después del estreno el pasado mes de enero en Bratislava sentí la necesidad de poner a punto la obra: siempre hay pequeños detalles que mejorar, y puntos que requieren de un ajuste para que el discurso sea fluido. En fin, todo lo necesario para que la obra funcione al completo. Tengo una enorme ilusión por este estreno madrileño, sé que lo voy a disfrutar, estoy en buenas manos.

La obra se estrenó el 8 de enero en Bratislava. ¿Qué recuerdos le dejó aquel primer encuentro con el público?

Sinceramente me quedé desconcertado. Me sorprendió la atención que el público prestaba a la obra, con una concentración y un interés poco usual. Su amabilidad y el respeto por el trabajo realizado me llenaron de agradecimiento.

La obra está inspirada en el paso del tiempo y en la imagen de los ríos que desembocan en el mar. ¿Cómo se traduce esa metáfora en el discurso musical del concierto?

La obra transita por diferentes espacios sonoros, ambientes, paisajes, recordándonos -en algún modo- el curso de un río hacia el mar. Desde la efervescencia rítmica del arranque del concierto y pasando por las secciones más líricas del primer movimiento, el agua se remansa en el segundo movimiento -decía Ernst Jünger que las aguas profundas son tranquilas-. El tercer movimiento se acelera, crece la densidad y el volumen, y se aproxima a su fin en el océano. Como sabemos, la metáfora es ampliable a cualquier marco que nos parezca pertinente.

Existe también un vínculo con los poemas de Jorge Manrique. ¿De qué manera dialoga su música con esa reflexión manriqueña sobre la fugacidad y la memoria?

Recuerdo hace unos años a Cristobal Halffter contar que cuando viajaba en tren hacia Villafranca del Bierzo pasaba por Paredes de Nava, uno de los posibles lugares de nacimiento de Jorge Manrique, y que cuando lo cruzaba sentía algo especial. Algo especial me sucede cada vez que leo las Coplas a la muerte de su padre. No sé si es por haberlas aprendido de memoria en el colegio, pero la impresión de leerlas cada cierto tiempo me produce un fuerte impacto. Esta sensación se encuentra entre lo sobrenatural, la melancolía, la nostalgia y la lucha contra el olvido. Su traducción en música responde a las asociaciones que hace mi experiencia con la memoria y la idea de la desaparición. En realidad me resulta difícil explicarlo.

El programa del 5 de marzo incluye Vltava de Bedřich Smetana, otra poderosa evocación fluvial. ¿Le resulta sugerente que su concierto comparta velada con esta página tan emblemática del repertorio?

Sin duda son dos puntos de vista muy diferentes sobre lo fluvial, y compartir velada temática con un compositor como Smetana es un lujo. Su obra parte de la tradición nacionalista de finales del XIX, con una fuerte identificación con los simbolos patrios. Creo que ambos casos son metáforas del paso del tiempo, del relato temporal, del trayecto sonoro. Smetana busca líneas reconocibles gracias a la repetición, y algo del orgullo -patente en su música- de lo identitario.

También colaboró con Noelia Rodiles en la Sonata nº 5 Butterfly Effect, ¿Qué cree que aporta ella como intérprete a su música? ¿Cómo ha sido su trabajo con la pianista en la preparación de esta obra?

El concierto está escrito para Noelia, pensando en todas las características suyas como pianista y músico que me asombran. Su virtuosismo, su seguridad, su coraje (se lanza a lo imposible sin pensárselo dos veces), con ella todo es posible. Y eso también pide un momento de reflexión ya que sitúas a la pianista al límite y tal vez no se debería alcanzar ese punto. Al concierto le aporta frescura, brillo, luminosidad, una gran fluidez en el discurso, contundencia en el ritmo y expresión en lo lírico. La obra la hemos ido preparando a lo largo del año pasado: sean dudas, algunos ajustes en la escritura pero una vez visto todo esto Noelia ha trabajado muy duro con la obra y ha estudiado con profundidad también la parte de orquesta.

¿Cómo ha sido su relación creativa con la Filarmónica Eslovaca durante el proceso de preparación de la obra con la orquesta?  

Fue una orquesta respetuosa y con algunos puntos curiosos. El concertino hablaba perfectamente español, de su estadía en la Sinfonica de Tenerife. Uno de los percusionistas es español, Ismael, un alumno de Miquel Bernat en ESMUC.

¿Qué le gustaría que el público se llevara después de escuchar este estreno?

Una experiencia sensorial como es la música, que transmite ideas más allá de los códigos establecidos puede interpelarnos a niveles más profundos. Me gustaría pensar que alguien en el público ha recibido algo del mensaje en la botella que es una obra musical. Que hubo, tal vez, algo en su fluir que caló en el oyente: un intervalo en cierto contexto, un color diferente que causó extrañeza, un pasaje que te persigue sin tregua, la inmersión en el trayecto sonoro que te rozó imperceptiblemente. La música también es un espacio de protección, donde puedes refugiarte. Esta obra, como las demás, es una forma comprimida de ver el mundo, una porción virtual de realidad. Refleja el momento que vivimos, un cúmulo de sensaciones cambiantes y extremadamente contrastadas, y una mirada consciente sobre el presente.

A lo largo de su trayectoria ha trabajado con figuras como Luis de Pablo o Luigi Nono. ¿Cómo han influido sus maestros en su lenguaje compositivo?

Muchísimo, cada uno en su momento, pero de un modo determinante. De Pablo me abrió el mundo infinito y fascinante de la música, ensamblado con el arte y la literatura, fueron unos años de formación irremplazables y le estoy profundamente agradecido. Con Nono tuve una conexión llamémosle mística (entiéndase místico como algo que trasciende a un plano espiritual) y mi música en ese momento tomó esa dirección.

Después de décadas de trayectoria, ¿qué le sigue interesando explorar como creador?

Actualmente me tiene muy absorbido el punto místico que atesora la música de Bruckner, su conexión con una dimensión atemporal, el otro lado del espejo.

¿Cómo ve el momento actual de la composición en España? ¿Cree que hoy es más fácil o más difícil estrenar música nueva que hace veinte años?

Sin duda es más difícil que hace tres o cuatro décadas, se han reducido mucho las opciones. Han desaparecido orquestas y ensembles, también festivales, y en general la proyección de la música en la sociedad, en parte debido a la pérdida de la función que ha tenido la enseñanza. Pero esto ya lo sabemos. Los más jóvenes saben que no hay opciones para vivir de la música, y dirigen todos sus esfuerzos a la enseñanza en el sector público. No es que esto sea malo, pero perdemos creación.

¿Qué papel cree que deberían tener las instituciones culturales en el apoyo a la creación actual?

Realmente no lo sé. En los últimos años me he alejado del mundo de las instituciones, y echo de menos aquellas tal y como las conocimos en otras décadas. Creo que la cultura no debería formar parte de la ley de mercado. La cultura es algo invaluable cuantitativamente hablando. Tantas y tantas veces, cuando ya no soportas la dinámica del ruido de internet y del consumo infinito necesitas encontrar un espacio en el que poder trascender, poder sentir que la vida tiene otro significado, poder acceder a un espacio -tal vez con poco público- y escuchar una música regenerativa, o crítica, o una evasión rebelde (a lo mejor hemos hecho los auditorios demasiado grandes; en el s. XIX la música se hacía en salones.)

Dicho esto, admiro profundamente las iniciativas privadas que trabajan en la música sin pedir nada a cambio y sin depender de la coyuntura económica. Pienso en grandes músicos, José Luis Temes y Tomás Garrido entre otros, e instituciones privadas -Fundación Juan March- que rescatan el patrimonio musical olvidado (hablo del s. XX) y le restablecen su dignidad por derecho propio.

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