
(A los fundadores de Doce Notas: Gloria Collado y Jorge Fernández Guerra)
Por fin. Tengo la costumbre de leer la totalidad del libro o escuchar varias veces los discos que voy a reseñar. Si no me convence del todo lo que escucho o leo, mejor no meterme en harina. No es el caso: me he empapado de lo que he leído. Todo muy documentado y magníficamente escrito y organizado.
Por partes: Enrique Téllez Cenzano es músico y periodista, profesor de composición y doctor en Ciencias de la Información… todo suma para que sus investigaciones sean exhaustivas y certeras, también apasionadas. Director del Aula de Música de la Universidad de Alcalá.
El libro –con prólogo de Víctor Pliego de Andrés, catedrático de Historia de la Música del Real Conservatorio Superior de Madrid– lo organiza en cuatro partes diferenciadas:
I) La asunción del Himno de Riego como estandarte sonoro de la España deseosa de progreso en el s. XIX;
II) La labor de Pau Casals como impulsor de la tendencia democratizadora de la música clásica en Cataluña y España hasta su exilio;
III) El trabajo de los creadores musicales, como el alcoyano Carlos Palacio, y su vinculación con las vanguardias políticas y musicales españolas en París; y
IV) La defensa de los ideales republicanos a través de la cultura y la música en el Madrid y Valencia asediados por Franco y sus aliados alemanes e italianos, con la mirada cómplice de Inglaterra, EEUU y Francia.
La documentación exhibida en el capítulo dedicado al Himno de Riego es exhaustiva y refleja las dificultades de abrirse paso en la maraña política y militar que fue el siglo XIX en España, pasando por diversos estadios monárquicos, momentos negros y momentos progresistas, y hasta una I República que desemboca en las sucesivas guerras carlistas y la demolición desde dentro y desde fuera de lo que era el imperio español… aquel en el que “no se ponía el sol”, según nos decía en los sesenta la Enciclopedia Álvarez. De sus arraigos y dificultades devino el uso del Himno en la II República y su conversión ahora en seña sonora de todos los que albergamos ideas y sentimientos republicanos, sin depender de la intensidad de éstos.
Muy interesante me ha parecido la sección dedicada a Pau Casals, cuya labor democratizadora de la música, especialmente la sinfónica, conocía por la lectura de su correspondencia con Schoenberg. Construir desde la Orquestra Pau Casals la Associació Obrera de Concerts en la Barcelona de los años treinta, guerra civil incluida, le hace merecedor del homenaje no solo de los aficionados españoles, sino de todos aquellos que creemos en este sistema político imperfecto que llamamos democracia, teniendo en cuenta que lo que vemos fuera es directamente abominable. Su trabajo con las autoridades de la Generalitat y del Estado y su implicación en la Olimpiada Popular frente a la organizada por Hitler supongo que le habrá hecho acreedor del Premio Nacional de Música de la España democrática a título póstumo, ¿no? Veo que recibió premios de la ONU, de EEUU, nominación al Premio Nobel de la Paz y de la Generalitat de Catalunya, pero no un Premio Nacional de Música a título póstumo. Me gustaría equivocarme, pero…
La tercera parte, dedicada al alcoyano Carlos Palacio (1911-2011), nos acerca el trabajo musical de un creador de fuertes sentimientos republicanos y colaborador del PCE, sus afanes por dotar de un sonido y un verso al camino emprendido por el pueblo español antes y después de la guerra civil –esta que, al parecer, ahora perdimos todos, pero unos mucho más que otros–, poniendo música a versos que incitan a la acción y a la defensa de los ideales y las personas –militares y políticos– que los encarnaron, especialmente el presidente Manuel Azaña. En París pudo conocer a gran parte de la intelectualidad y los políticos republicanos –entre ellos Julián Grimau, sobre quien Chicho Sánchez Ferlosio escribió una canción después de su fusilamiento– y tantos otros que frecuentaban el Hotel Nancy.
Pudo disfrutar en Alcoy del afecto personal, cultural y político de sus paisanos e instituciones antes de su fallecimiento en 2011.
El cuarto capítulo –Defender la República– nos lleva a conocer la colaboración de Ramón de Garciasol y Rafael Pérez Contel, valencianos que, sin ser necesariamente del mismo ideario político –uno anarquista y el otro comunista–, ponen su vida y conocimientos al servicio de España, en contra de la hidra fascista que presagiaba ya males mundiales mayores.
Canciones, himnos, epitafios, dedicatorias a comunistas encarcelados y asesinados en Alemania y Brasil, composiciones para una de las iniciativas de cultura popular más interesantes, el Teatro Cine Club de Madrid bajo la cobertura del PCE durante el asedio a la capital de España, una iniciativa opacada en parte por las Misiones Pedagógicas y por el trabajo en el frente llevado a cabo por Cultura Popular, proyecto cultural y educativo que fue dirigido también por la vallisoletana Teresa Andrés Zamora, directora de la Biblioteca Nacional y que murió en París en los años cuarenta, olvidada. Obras dedicadas a la resistencia al ejército golpista en Madrid y posteriormente en Valencia, que les hacen merecedores de un mayor conocimiento popular en esta España democrática que tanto les debe.
Música, historia, política, luchas, ideales, justicia… pueblo, términos que aparecen con frecuencia en las páginas de este magnífico libro –no miento si digo que lleva su tiempo la lectura–, que merece ser “estudiado” también en los conservatorios. A nadie se le ocurriría en Alemania rebajar la importancia creadora de Hans Eisler o Bertolt Brecht, por ejemplo. Aquí sí, somos muy “apolíticos” cuando lo que debemos ser es “apartidistas”, o sea, no debemos comulgar con ruedas de molino… y lo hacemos.
Un esfuerzo titánico del autor y de la editorial. Vaya, un musical “bravísimo” para ambos.
Acabo con un poema de Brecht muy ilustrativo de la situación también actual:
La guerra que vendrá
No es la primera. Antes de ella
Hubo otras guerras.
Cuando la última acabó
Hubo vencedores y vencidos.
Entre los vencidos, los de abajo
Pasaron hambre. Entre los vencedores,
Los de abajo pasaron hambre también.
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