Doce Notas

Entrevista a María Miró ante el personaje de Melisande en Ariadna y Barbazul en el Teatro Real

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La soprano catalana María Miró está estos días en el Teatro Real dando vida a Mélisande en Ariadna y Barbazul, la única ópera completa de Paul Dukas, que vuelve al escenario madrileño 113 años después de su última representación.

Las funciones, programadas entre el pasado 26 de enero y el 20 de febrero, cuentan con puesta en escena de Àlex Ollé y dirección musical de Pinchas Steinberg, en una producción que ofrece una lectura contemporánea y feminista de la obra simbolista de Maurice Maeterlinck. En su undécima participación en el coliseo madrileño, Miró se enfrenta a un personaje de enorme carga poética y emocional, suspendido entre el silencio, la opresión y el deseo de libertad.

Formada en el Conservatorio Superior del Liceu de Barcelona y en el Royal Northern College of Music de Manchester, María Miró ha desarrollado una sólida carrera internacional que la ha llevado a escenarios como el Gran Teatre del Liceu, el Teatro de la Zarzuela, el Teatro de la Maestranza, el Teatro Massimo de Palermo, la Opéra Grand Avignon o el Wexford Opera Festival, combinando con naturalidad el gran repertorio lírico con la creación contemporánea. Tras un año especialmente intenso, en el que ha debutado en nuevas plazas y ha asumido roles protagonistas de gran exigencia, la soprano afronta ahora nuevos retos artísticos, entre ellos su debut como Violetta en La Traviata con la Fundació Òpera a Catalunya y como Nannetta en Falstaff en el Gran Teatre del Liceu, confirmando un momento de plena madurez y proyección artística.

Regresas al Teatro Real con un título que no se representaba desde hace más de un siglo. ¿Qué significa para ti formar parte de este “regreso histórico” de Ariadna y Barbazul?

Está siendo una experiencia fantástica. Estoy muy feliz de formar parte de este proyecto tan especial y con un equipo artístico y un reparto estupendos. Además, es siempre un placer para mi volver al Teatro Real. Ariadna y Barbazul se estrenó en el Teatro Real en 1913 y no se había vuelto a representar hasta ahora. Es un honor formar parte de su regreso en esta nueva producción de Álex Ollé bajo la dirección musical de Pinchas Steinberg. Aunque se trata de una ópera poco representada, la música de Dukas me gusta mucho. Es compleja, pero a la vez tiene unos colores y matices fantásticos, es impresionista y poderosa. Además, se trata de una ópera con mucha representación femenina y feminista, con mensajes muy importantes para la sociedad, a favor de la libertad y en contra de la violencia de género. Me encanta la puesta en escena y el planteamiento que ha realizado Álex Ollé. 

Mélisande es un personaje cargado de simbolismo y silencios. ¿Cómo ha sido el reto de construirla desde dentro?

Mélisande es una de las 5 mujeres que Barbazul ha encerrado y maltratado. Viven en las tinieblas, sumisas y con miedo. Ariadna es la nueva esposa de Barbazul y desea liberarnos, intuye que seguimos vivas. Ella nos descubre y enseña el camino a la luz y a la libertad, nos dice que tenemos elección de salir de las tinieblas y ser libres. Nos transmite ilusión y esperanza, pero cuando ella finalmente decide irse y nos anima a seguirla, nosotras no podemos, sufrimos un síndrome de Estocolmo con nuestro captor, y demasiado miedo a la libertad. Las 5 mujeres de Barbazul empezamos la obra con un velo en la cabeza y Mélisande es la que más le cuesta desprenderse de él, porque le da miedo la luz y le da seguridad seguir en las tinieblas.

Para abordar a Mélisande he explorado mis miedos, que todos tenemos, y lo que significa ser libre para mí, a la vez que he empatizado con todas esas mujeres reales que son maltratadas por sus parejas, sin poder salir de esa situación. He explorado también una gran cantidad de sentimientos/emociones por los que transita mi personaje: miedo, desconfianza, tristeza, ilusión, esperanza, confianza, dolor, alegría, compasión, odio, rencor… Hemos trabajado intensamente con el resto de las mujeres de Barbazul, con las actrices y el coro femenino, y ha sido y es muy emocionante el recorrido que hacemos durante la ópera. El deseo de libertad y felicidad del final del segundo acto, que se trunca, y el final de la ópera tan emocionante con Barbazul herido y maniatado por los campesinos. En ese momento se mezclan sentimientos contradictorios: el odio y rencor hacia él y a la vez el no querer que sufra, las ganas de libertad y la imposibilidad de hacerlo… ¡Lloramos todas! Es una ópera muy catártica.

La producción propone una lectura contemporánea con una mirada feminista. ¿Cómo dialoga este enfoque con tu propia visión del personaje?…

En el libreto original de Maeterlinck, las mujeres tienen un síndrome de Estocolmo con Barbazul y deciden quedarse con él porque tienen miedo a ser libres. Sin embargo, Ollé cambia el enfoque final y me parece muy acertado. Ariadna, símbolo de mujer libre y moderna, se va sola, y nosotras nos quedamos con Barbazul. Pero tras la marcha de Ariadna algo cambia en nuestro interior, ya no somos sumisas ni tenemos miedo: queremos justicia y mostramos a Barbazul al público, con un “¿y ahora qué hacemos con él?”, en un final abierto. Me parece importante ofrecer un mensaje de esperanza y justicia en contra de la opresión y el maltrato a las mujeres al final de la ópera.

Compartes escena con un equipo artístico muy potente, con Àlex Ollé y Pinchas Steinberg al frente. ¿Qué te aporta trabajar con ellos en esta ópera tan especial?

Es fantástico poder trabajar y aprender de dos grandes artistas, que atesoran años de experiencia y sabiduría, y con los que es un placer trabajar. De Álex Ollé he aprendido que “menos es más” a la hora de actuar y que lo importante para transmitir una emoción es sentirla y pensarla en nuestro interior. Me ha gustado mucho el perfeccionismo que Álex y su equipo buscan en la puesta en escena, y la importancia de emocionar. Dirigir musicalmente esta obra no es fácil, ya que es muy sinfónica, con más de 90 instrumentistas en el foso, y es tarea difícil conseguir un balance adecuado con los cantantes para no tapar sus voces. De Pinchas Steinberg me ha encantado los colores que ha encontrado en la orquesta y su capacidad para conseguir, en la medida en la que se puede, ese balance.

La música de Dukas exige una gran sutileza expresiva. ¿Qué retos específicos plantea esta partitura a nivel vocal?

Los personajes de esta ópera no tienen arias ni dúos bien definidos. Ariadna, la protagonista, es la única que tiene un par de monólogos que podríamos considerar arias. Es una ópera donde la melodía la tiene la orquesta, más que los cantantes. En el caso de las 4 mujeres cantantes de Barbazul, tenemos frases que vamos intercalando en un diálogo muy coral. Mi papel tiene una tesitura adecuada para mí, de soprano lírica. La música tiene mucha belleza y unos de los retos que plantea es la gran masa orquestal que hay, y fragmentos muy densos y en forte, por lo que se requieren voces con buena proyección.

Tras Ariadna y Barbazul llegarán dos nuevos debuts importantes: Violetta y Nannetta. ¿Qué te seduce de estos personajes tan distintos entre sí?

Se trata de mis dos primeros Verdis. Violetta es un rol de referencia para cualquier soprano. Hace un par de años quise probarme en el rol en un formato de cámara y me sentí muy a gusto con ella. Es un rol muy exigente vocal e interpretativamente, pero me seduce su amor y pasión hacia Alfredo y su vulnerabilidad. No hay falsedad en ella y eso me atrae. Muy agradecida de poderla debutar (con orquesta y la totalidad del rol) con la Fundació Ópera a Catalunya. En julio interpretaré a Nannetta de Falstaff en el Gran Teatre del Liceu, un rol muy diferente a Violetta. Se trata de un personaje alegre, fresco y juguetón y tengo muchas ganas de pasármelo bien en una comedia. ¡Últimamente voy de drama en drama! En octubre debuté el rol de Yerma de H. Villalobos en Ópera de Tenerife, un rol muy largo, exigente y dramático. Para la voz es sano ir alternando diferentes tipos de repertorios y roles más líricos con otros más ligeros, para que la voz mantenga su flexibilidad.

Mirando al futuro, ¿hay algún rol o repertorio que sientas como un “sueño pendiente”?

Sí, me gustaría explorar el belcanto y cantar alguna de las reinas de Donizetti. Estuve a punto de cantar una Anna Bolena hace unos años, pero el proyecto se truncó. También me gustaría debutar Mimì, que canté hace ya 10 años en Inglaterra en formato de cámara, y Liù y Nedda, por ejemplo. Dentro del repertorio mozartiano, me apetece mucho revisitar la Contessa, que debuté en Opera Grand Avignon en 2018 y debutar Pamina. Hay mucho repertorio por explorar aún y tengo mucha ilusión por seguir creciendo como artista.

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