Doce Notas

Profundidad emocional

opinion  Profundidad emocional

Eugenio Oneguin es una obra fundamental de la literatura rusa, escrita en verso por Aleksandr Pushkin entre 1823 y 1831. Concebida inicialmente como una novela por entregas, supuso un hito decisivo en la consolidación del ruso como lengua literaria, hasta entonces relegada frente al francés en los círculos aristocráticos. Chaikovski quedó profundamente cautivado por la obra y decidió adaptarla a la ópera con la ayuda de Konstantin Shilovski, estrenándola en 1879.

El compositor rechazó los modelos grandilocuentes de la grand opéra para centrarse en una historia íntima, psicológica y cercana, estructurada en escenas líricas casi autónomas. Esta elección supuso una innovación decisiva en la ópera rusa, priorizando la naturalidad dramática, los conflictos emocionales y la expresión interior de los personajes. Y precisamente estos fueron los aspectos que el director de escena Laurent Pelly supo destacar con su enfoque introspectivo y psicológico. Su trabajo se distinguió por una puesta en escena sobria que potenció la fuerza emocional del drama, apoyada en una excelente iluminación de Marco Giusti, que supo crear atmósferas íntimas para los conflictos internos.

Musicalmente, el joven director ruso Timur Zangiev realizó una lectura que sintonizó con el trabajo escénico, en una combinación entre rigor estilístico e intensidad dramática, obteniendo en todo momento una respuesta impecable de la orquesta, que volvió a destacar tanto a nivel solista como grupal. Más de lo mismo se puede afirmar del Coro de la Generalitat, vocalmente homogéneo y perfectamente nivelado en todas sus filas, y como siempre admirable en su desenvoltura actoral.

El barítono italiano formado en el Centre de Perfeccionament, Mattia Olivieri (Eugenio Oneguin), convenció con su interpretación del antihéroe romántico por su contención expresiva y elegancia vocal. Dmitry Korchak supo aprovechar sus dotes de tenor lírico para dibujar un Lenski juvenil y apasionado, ágil en las líneas melódicas sostenidas, tal como demostró con creces en su célebre aria antes del duelo. Corinne Winters (Tatiana) supo sacarle a su personaje la intensidad expresiva y profundidad dramática necesarias, cualidades esenciales para un rol que evoluciona de la ingenuidad juvenil a la madurez emocional. La mezzo rusa Ksenia Dudnikova, especializada en el repertorio eslavo, reforzó el carácter vivaz y despreocupado de Olga con su poderoso instrumento, mientras que Margarita Nekrasova (Filíppievna) encarnó a la niñera de manera entrañable, perfilando una figura típica de la literatura rusa, símbolo de tradición y afecto doméstico. Alison Kettlewell (Lárina) aportó solidez vocal y carácter a un papel secundario, pero fundamental para el entorno familiar.

Para acabar, destacamos la magnífica labor realizada por el bajo gregoriano Giorgi Manoshvili. Su Príncipe Gremin rayó la perfección gracias a su voz profunda y noble, ejemplo de estabilidad y dignidad, con la que entusiasmó al público en su famosa aria del III acto, una de las más solemnes del repertorio operístico.

En resumen: excelente velada en Les Arts con una ópera que simboliza como pocas la unión entre literatura y música, y que sigue conmoviendo por su profunda humanidad, su sobriedad dramática y su penetrante análisis psicológico.

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