Doce Notas

Dramaturgias del desconcierto y la revelación

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La JONDE es una de las principales canteras del país para jóvenes que quieren dedicar su vida a la música clásica, contemporánea, etc. Fundada en 1983 y dependiendo directamente del Ministerio de Cultura, la integran jóvenes músicos españoles que sobresalen en sus diferentes especialidades, sometidos a un proceso de selección por audición.

Para muchos solistas y profesores hoy consolidados ha sido su trampolín, el puente entre el conservatorio superior y la carrera profesional. La JONDE trabaja un repertorio exigente, cercano al de cualquier orquesta profesional, combinando el gran repertorio sinfónico con música española y contemporánea; y precisamente esta combinación se dio en el concierto del pasado día 13 de enero.

Director y orquesta abordaron con ímpetu diabólico los también diabólicos compases del Vals de Mefisto nº 1 de Liszt. Siendo el más conocido, describe una escena en una taberna de pueblo en la que Mefistófeles incita a Fausto a bailar salvajemente. Bajo el mando del director británico Jonathan Nott salió a relucir el carácter grotesco de este satánico vals, rítmicamente deformado con aceleraciones, fragmentaciones y síncopas que acaban con cualquier sensación de equilibrio. También desde el punto de vista melódico-armónico se puede hablar de un clima de permanente inestabilidad, provocado por múltiples figuraciones nerviosas, silencios súbitos, modulaciones inesperadas y un uso incisivo del cromatismo, expuestos sin tapujos por quien en la temporada venidera asumirá la titularidad musical del Liceo de Barcelona: un desafío a las convenciones formales que anticipa lenguajes posteriores del siglo XX en su ambigüedad tonal.

De manera similar, aunque en su lenguaje trasladada a nuestros tiempos, se presentó la obra Metalepsis, con la que el compositor valenciano Josep Planells obtuvo el año pasado el XLII Premio Reina Sofía de Composición Musical. El título alude a una figura retórica que representa el entrelazamiento de diferentes planos narrativos, trasladados por Planells al campo musical. También aquí se emplearon a fondo tanto el director como los músicos, exponiendo los fuertes contrastes de esta pieza que no avanza de manera lineal, sino por saltos, interferencias y replanteamientos constantes, generando un discurso ora tenso, ora extremadamente frágil.

La segunda parte de este concierto estaba íntegramente dedicada a la Quinta de Shostakovich, una de las sinfonías más apasionantes de todo el siglo XX, y no solo por su complejo y ambiguo trasfondo histórico. Escrita tras la feroz condena oficial a su ópera Lady Macbeth de Mtsensk, la obra se presenta externamente como una “respuesta creativa de un artista soviético a unas críticas justas”, pero bajo esa fachada late un discurso mucho más oscuro. Nott supo recrear con acierto el clima opresivo y severo que subyace al primer movimiento con sus brevísimos motivos, angulosas melodías y una orquestación austera, generando así la sensación de vigilancia constante, aunque todo ello expuesto en un tempo muy lento. Del Allegretto subsiguiente, una especie de scherzo deformado cabría decir lo mismo. Su carácter sarcástico se desenvolvió en un ritmo pausado, casi lánguido, perdiendo un poco aquella acidez cortante que Shostakóvich comparte con Mahler. Excelentes aquí los metales y la percusión, si bien por momentos demasiado rotundos frente a unas maderas y una cuerda magníficas en cada una de las tres piezas de este programa coherente y muy bien ensamblado.

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