Yo diría que es el ensayo más profundo que he leído sobre el cambio de paradigma musical y estético (pintura, escultura, fotografía, cine, teatro, poesía) que se opera en Europa a comienzos del siglo XX. Centrado en la figura de Schoenberg como cabeza visible primero del atonalismo y después del serialismo, ya más metódico.
Sin querer salir de la gran tradición musical de Europa el creador del serialismo percibe que en el plano temático (de fondo) de la música, las percepciones y emociones del romanticismo y del impresionismo no sirven en un momento de total disolución de una visión del mundo como es la Europa de comienzos de siglo. En lo formal hace ya décadas que el final del Romanticismo, su secuela con Bruckner, Wagner, Strauss y Mahler ha diluido la centralidad de la tonalidad y la melodía como ejes fundamentales de la obra musical. Los impresionistas aceleran esa disolución melódica en aras de una mayor complejidad armónica y un juego de dinámicas musicales más profundas y complejas (Debussy, Ravel). Incluso fijándose en modelos externos a los europeos, África, América.
Schoenberg y sus compañeros Berg y Webern (aún con grandes diferencias entre ellos) adoptan esta visión de escritura musical no centrada en la melodía, produciendo una sensación de pérdida de la tonalidad por el uso intenso y extenso de las disonancias. Otros autores, desde otros puntos de partida llegan a lugares parecidos: Bartók en Centroeuropa y Stravinski con el uso del alma musical y la antropología rusa. Todos se influyen.
La clave del libro está en reflejar un nuevo marco de relaciones entre los signos estéticos. El expresionismo. Considerado como una vanguardia más (ultraísmo, dadaísmo, futurismo, cubismo) es en realidad es una ruptura total con el universo clásico en las artes y la música particularmente, la prueba está en que un siglo después apenas entran estas obras en los auditorios de Europa, al menos en el sur. Un dato: una obra fundamental para entender este nuevo paradigma, Pierrot Lunaire, se escuchó en directo por primera vez en Valladolid ochenta años después de estrenada. Es otro paradigma para el que apenas están preparados centros de formación y escenarios, incluso en la actualidad.
¿Qué supone el expresionismo frente a modelos anteriores? No hay que ir muy lejos, la propia publicación nos da la definición de forma muy acertada. “…mientras que en la música impresionista esperamos – y hallamos- una invención armónica en la cual la disonancia por muy aguda que sea es suavizada, un rango dinámico a menudo bajo y texturas transparentes, en el expresionismo nos movemos en un mundo sonoro que muestra una situación inversa: texturas pesadas y densas…un rango dinámico a menudo alto…así como una inventiva armónica cargada, casi de una manera explosiva, con una tensión explícita, es decir con un alto índice de disonancia. Mientras que el impresionismo promete al oyente cierto grado de objetividad, el expresionismo envuelve de un modo peculiar al oyente en el sonido que produce, no ensordeciéndolo, pero sí llevando al límite de lo tolerable el mágico poder del máximo volumen”.
Fin de la cita, que decía aquel y fin de la disertación. Es otro Lenguaje/Método musical que ya no cabe en las salas de concierto de la época (como no cabe el Punk actual en las salas de rock adulto, no nos engañemos) y que aún sigue sin solución. Schoenberg y sus colegas vieneses lo pusieron en marcha y solo algunos “neoclásicos” como Stravinski y Hindemith consiguieron encontrar un punto intermedio entre los dos universos: la “vieja” música (la tradición) y la Nueva Música.
A partir de la II Guerra Mundial el panorama se complica: aleatoriedad y electrónica en Europa (Stockhausen) y más aleatoriedad y Minimalismo en USA (Cage, Reich). Pero esto ya es materia para otro libro.
Magnífico relato, magníficos razonamientos y exposiciones. Muy recomendable.
Pregunten en su librería habitual, está muy bien distribuido. A disfrutar.
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