Doce Notas

Abriendo los ojos

libros  Abriendo los ojos¿A quién no le gusta escuchar música para entretenerse? Leemos, vamos al cine, al teatro… escuchamos música por puro placer sensorial. Todas las formas de arte nos hacen ser visibles, nos conforma como seres que pertenecen a algo: a una cultura que le rodea. Y la música, en especial, más aún para nosotros, miembros de ese gran grupo que llamamos sociedad. Pero ¿y si la música no siempre ha sido el objeto del placer, sino que se ha enfocado en esa línea por intereses, control o simplemente… miedo?.

Muchas de estas preguntas, con respuestas evidentes, son las que el músico y articulista Ted Gioia expone con gran acierto en su último trabajo publicado en España por Turner. Pero ¿Cómo responder a todo ello sin dañar? Acercarte a sus páginas es como dar cera a toda institución desde el respeto y exponer diversas tesis sin imponer al auditorio, cosa que parece imposible pero que magistralmente el autor en cuestión hace de manera audaz. En esta historia subversiva de la música, partiendo desde la necesidad de la música, no como arte y placer sino de manifestación sonora antropológica – que es campo trillado… y segado- no expone una serie de tesis basadas en personajes e instituciones como actores del cambio sino en el marginado social, la violencia y lo oculto. Es, quizás, un manual con tan interesantes teorías y una bibliografía tan sesuda que invita a una reflexión sosegada y que hace muy interesante su lectura a lo largo de los 28 capítulos de los que consta.

Este paseo no tiene su prólogo precisamente en los inicios de la música o cuando la arqueología musical ha creído precisar su aparición, sino en el propio nacimiento del universo; es aventurarse en un mapa vacío y sin referentes pero en el que Gioia, tendiendo hacia referentes como el neurólogo Oliver Sacks (impresionante y recomendadísima su “Musicofilia”) nos muestra en sus primeros capítulos como nuestro ADN, hormonas como la oxitocina y las tendencias hacia la violencia hacen que la música comience a fluir en la cultura humana. La audacia del autor en estos dos primeros capítulos es ofrecer al lector la relación existente entre los diversos estudios llevados a cabo sobre la relación de los instrumentos en nuestra sociedad, la estructura matriarcales, tribus y sus relaciones con el mundo chamánico dentro de la música hacia una visión mucho más asequible que complicada para los que pecábamos de no saber nada o casi nada: los referentes, estudios y la bibliografía consultada que salpican estos primeros capítulos es muy variada, hilando todo este ecosistema desde los fenómenos fisiológicos de nuestro cerebro hasta conceptos casi darwinianos, como la cripsis, o los folklóricos relacionados con la superstición.

Sin duda, una amalgama de posibilidades y sutiles toques de atención a la musicología, que no deja de ser evidente en todo el libro, y que sobrevuela sin escrúpulos entre los capítulos III y IX, sección donde nos instruye en necesidad del mito en relación al fenómeno de las migraciones humanas para llegar a la matematización pitagórica de la música y, con ello, el fin de lo esencial en el arte sonoro: nuestra relación en la búsqueda del más allá a través de este medio. De nuevo el autor inclina la balanza, tristemente, hacia las posibilidades perdidas cuando la música deja de sentirse como magia para adentrarse en el mundo de lo físico como necesidad de controlarla y, con ello, el surgimiento del interés, de unos cuantos pocos o muchos, por manejarla para sus propios propósitos; Ted Gioia reflexiona a través de ejemplos literarios de las más diversas culturas -como el Poema de Gilgamesh o los textos de la Suma sacerdotisa Enkheduanna- sobre las dualidades entre lo femenino y lo masculino en el orden frente a la disciplina o sus relaciones con la música emocional y épica en el fenómeno de diversos ejemplos musicales tales como la canción laudatoria; Y escarba sin vergüenza alguna cuando critica la necesidad del control por parte de la arquitectura patriarcal y la institución religiosa hacia una visión un tanto sesgada de nuestro pensamiento como seres libres: un tour de force peligroso en estos tiempos que parecen correr hacia atrás, desgraciadamente.

Con mucha destreza, los capítulos que nos llevan desde el X hacia adelante se concentran en la historia de la música tal y como la hemos creído conocer: para el lector que maneja los datos históricos o para aquel que tenga un mínimo interés en la cronología de los hechos sonoros desde la Edad Media hasta casi nuestros días, le resultarán altamente atractivas todas estas páginas porque la visión, ácida y sin complejos, que aporta es un campo abierto a la reflexión: de todos es conocido el coqueteo con las estructuras de poder de Mozart o Haydn a través del mecenazgo o la complacencia de otros -métase también a Bach, pero con pinzas- por casi no existir otras opciones factibles; pero, ¿quién hubiera visto que Guido D´Arezzo o San Benito de Nursia como dos subversivos bajo el fuerte dominio de la iglesia medieval, a Gesualdo o a Josquin des Prés como rebeldes “con mucha causa”? Con interesantes saltos al pasado o ejemplos de nuestra música actual, se suceden hechos incendiarios dentro de la historia, las relaciones de poder entre la iglesia -de todos conocida- y lo político por el control de la música secular a la vez que los movimientos migratorios en el viejo continente desde Africa u oriente van creando oleadas descontroladas que tienen que ser demonizadas (como el fenómeno de las esclavas árabes o Quiyans) que dan paso al amor cortés y, con ello, a la versión menos metafórica y más directa de las Trobaidoritz que hoy en día comienzan de nuevo a asomar la cabeza y, como mujeres, a salir “fuera del convento”. Se aderezan estos cambios con el nacimiento del nuevo público y, con ello, la pérdida del objetivo mágico de la música hacia una forma de entretenimiento que ensalza al compositor como creador de placer sensorial, pero despojando a la música de su papel chamánico y ancestral. Con el tiempo -compárese con los que nos ha tocado vivir- todo girará en torno a éste, con mucho poder, pero con una pasividad absoluta.

La última parte del libro expone las tesis que el autor ha escrito en diversos medios acerca de la evolución del Jazz y la cronología de la música popular americana; no dejando atrás la visión mágica y esotérica del sonido, complementa su “Historia del Jazz” hasta llegar al corporativismo de la música popular en los años 80, la influencia de la MTV e incluso el fenómeno Taylor Swift de los últimos años. No deje el lector de leer los datos sobre violencia y música (como el huevo a la tortilla para el autor, sin uno no existe lo otro) en historias como el Grunge y Kurt Cobain o la espeluznante puntilla del Terrorismo y su relación con la música popular que ofrece sobre el atentado del festival Route 91 Harvest de las Vegas de 2017.

Para el que se empape de esta joya, le quedará pensar tal y como expone el autor en sus últimas páginas, si somos pasivos o activos frente a la música: cada uno que piense cuál es su visión frente al hecho sonoro, si la actitud del placer por el placer con la consecuente degradación de la función ancestral, o la de ver la música como un elemento de cambio constante en lo que a nuestra sociedad se refiere: para bien o para mal… Ahí quede.

_____________________

Salir de la versión móvil