Doce Notas

El verismo triunfa en el Liceu

opinion  El verismo triunfa en el Liceu

La producción de Damiano Michieletto, proveniente del Covent Garden y que tiende a integrar ambas obras dentro de una estética vintage – “como dos capítulos de una misma historia dentro de un mundo rural y de provincias (…)”, según las palabras del mismo autor -, fue repuesta con eficacia y un buen trabajo actoral, especialmente visible en las escenas corales, por Eleonora Gravagnola. La escenografía de Paolo Fantin resolvió con habilidad y agilidad las ambientaciones gracias a una plataforma giratoria en constante movimiento. La interpretación musical a cargo de los efectivos del Gran Teatre del Liceu – coro y orquesta – estuvo también a la altura de su cometido bajo las órdenes de la enfática dirección musical de Henrik Nánási, quien supo exprimir con autoridad el jugo verista de ambas partituras.

Por lo que respecta al cast de la última representación, en Cavalleria rusticana pudimos disfrutar de la encomiable recreación del tenor Martin Muehle como Turiddu, espléndido tanto por su caudal vocal como por su vehemencia expresiva. Un logro que repitió en el papel de Canio en Pagliacci, siendo intensa y largamente ovacionado después de su famosa aria “Vesti la giubba”. Magnífica resultó también la Mamma Lucia de la veterana Elena Zilio, mientras que el español Ángel Ódena alcanzó a dar vida tanto a Alfio como a Tonio con notable autoridad canora y desparpajo escénico. Más discreta resultó la Santuzza de Oksana Dyka, no tanto por sus remarcables facultades vocales como por lo ingrato de su timbre en las regiones agudas. Mercedes Gancedo fue una Lola de envidiable atractivo, bien secundada por Yordanka Leon en el papel de mujer.

Completaron el reparto de Pagliacci, la delicada Nedda de Dinara Alieva, de voz poco voluminosa pero muy bien modulada, y los entregados hermanos Vicenç i Manel Esteve, en los respectivos roles de Beppe i Silvio.

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