Doce Notas

Idomeneo y El lago de los cisnes: dos exitosas reposiciones en la Ópera de Viena

Considerada su primera gran ópera de madurez, el Idomeneo es un título felizmente recuperado los últimos tiempos donde ya podemos apreciar la intuición dramática y la ambición la musical del joven compositor de Salzburg. Mozart tenía 25 años cuando compuso esta obra para la temporada de carnavales de Múnic y, aun tratándose de una ópera seria, con su prescriptivo patrón de alternancia de arias y recitativos, supo imprimirle una profundidad dramática y un vitalismo musical que supera con creces las limitaciones convencionales de este género. La pasada velada del 22 de febrero, Tomás Netopil supo exprimir con notable acierto la partitura mozartiana, ofreciendo una lectura de tempos fluidos, atenta en resaltar los ricos detalles de la orquestación e implicada a fondo en la recreación musical de los personajes.

Contribuyó en gran medida al feliz éxito de la función, el excelente trabajo escénico de Holten, capaz de dar vida a los protagonistas del drama y superar su característica tipificación de cartón piedra. Un gran espejo colgante, que amplifica las resonancias barrocas de la obra, y unas cuidadas proyecciones videográficas contribuyen a recrear con atinada plasticidad la ambientación escenográfica de este episodio mitológico. Todo ello sumado a la complicidad de un competente reparto de cantantes completamente volcados en su cometido canoro y actoral.

Bernard Richter fue un Idomeneo absolutamente entregado en dar voz y cuerpo a su legendario personaje, quien, a pesar unas ligeras engolaciones iniciales, logró un importante éxito en su empeño. Exquisito resultó el Idamante de Rachel Frenkel, rol originario para castrato que la mezzo israelí encarnó con suma elegancia y refinado sentido estilístico. La Ilia de la soprano moldava Valentina Nafornita, aunque de voz un tanto pequeña, resultó atractiva y delicada en todo momento. La rusa Irina Lungu no ahorró esfuerzos para imprimir a su Elettra todo el carácter que es propio de este personaje. Pavel Kolgatin superó airosamente los escollos de sus endiabladas arias, así como el coro y el resto de coprimarios.

La tarde del 23 de febrero se repuso la aplaudida producción de El lago de los cisnes de Nureyev con una extraordinaria recreación a cargo de la compañía de ballet vienesa, con Nina Polákova (Odette/ Odile) y Denys Cherevychko (Principe Siegfrid) como cabezas de cartel. Paul Connelly fue el encargado de conducir la función, brindándonos una magistral interpretación de la excelsa partitura de Chaikovski, rica en atmósferas y tensión dinámica. El público acabó ovacionando de pie la espléndida labor de todo el equipo artístico.

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