Doce Notas

Unas vísperas celestiales

opinion  Unas vísperas celestiales

Mireia Barrera. Cortesía FeMAP

Corría el 2012 cuando un grupo de amigos, agrupados bajo el nombre Associació  d’Amics de les Misses Polifòniques, impulsó el proyecto de revitalizar en Cataluña la tradición litúrgica de cantar misas polifónicas durante el culto religioso. Para ello encargaron a Barrera la creación de un conjunto vocal profesional que pudiera llevar a cabo tal empeño con las máximas garantías artísticas y fijaron un calendario anual de celebraciones.

Cada uno de los oficios estaría dedicado a un gran compositor de música sacra europeo, sucediéndose así grandes nombres como Claudio Monteverdi, Francisco Guerrero,  Tomás Luis de Victoria o Johann Sebastian Bach, entre otros. Ante el éxito de la iniciativa,  el proyecto de las misas polifónicas se ha ido realizando cada año hasta el presente, al cual se ha sumado este verano un nuevo ciclo de conciertos en un total de cinco monasterios catalanes.

El pasado 30 de julio, en el marco monástico de Santa María de Ripoll y dentro del Festival de Música Antigua dels Pirineus (FeMAP), la espléndida formación barcelonesa dirigida por Mireia Barrera – integrada por cantantes habituales en coros tan principales como Collegium Vocale Gent o la Capella Reial de Catalunya – nos brindó una exquisita velada musical centrada en el oficio de Vísperas dedicado a Santa Maria. Para ello se alternaron una suerte de antífonas gregorianas marianas con una selección de cánticos e himnos de alabanza a la Virgen de tres grandes maestros de la polifonía: Guerrero, Victoria y Monteverdi. Del primero pudimos escuchar el imponente himno mariano “Ave maria stella” y del último, un emotivo “Magníficat”.

El grueso del programa estuvo protagonizado por la expresiva – y a menudo casi expresionista-  música del maestro Victoria, del cual pudimos escuchar: “Nisi Dominus” (salmo 126), “Laudate Dominum omnes gentes” (salm 116), “ Regina caeli lactare” (a 8 voces) y la célebre “Ave María” (a 4), entre otras.

La prestación del conjunto catalán, reforzado con un bajón (Alfonso Barreno) y el virtuoso órgano de David Malet, fue un auténtico lujo, tanto por su pureza estilística como por su impecable expresión.  No cabe más que aplaudir sinceramente la envidiable iniciativa y tan loable compromiso artístico, tal y como hizo intensamente el público que el último sábado del mes pasado ocupaba más dos tercios de la basílica ripollesa – entre el cual pudimos entrever dos importantes figuras de la sociedad musical catalana: Joan Oller, director general del Palau de la Música Catalana, y el maestro Josep Pons, director musical del Liceu. Y es que, a menudo, tal y como sucede en el ámbito gastronómico, no siempre hay que cruzar los Pirineos para poder degustar exquisiteces musicales de altísima calidad, basta con tener más buen olfato que bolsillo.

www.femap.cat

____________________________

Salir de la versión móvil