Doce Notas

Shostakóvich

De la mano de Columna Música y la soprano coreana Young-Hee Kim dedican, en esta ocasión, un monográfico a Shostakóvich. El Trío nº1 op.8 permanece estructurado en un solo movimiento, con un sentido absolutamente formal y con el consabido aporte irónico. El piano aporta la belleza del trazo frente a unas influencias que recuerdan a Brahms y a Schumann. Hace tiempo escribí en un homenaje a Dmitri Dmitriévich cómo “en él se da la música como reflejo de un sentir, de un sufrir”. Así, comentaba que “se perciben en Shostakóvich la música trágica con tintes de fanfarria y la ironía para paliar el malestar que supone la opresión con forma de dictadura popular”. Sus composiciones fueron un reflejo de sí mismo, pero también de la historia y del pueblo rusos.

El chelo con sordina abre el segundo de los Tríos, el op. 67, para en el séptimo compás entrar el violín. Las reminiscencias autóctonas lindan con un Rajmáninov o un Chaikovski, hay momentos de humor en el uso del pizzicato, secuencias posteriores de acrobacias y danzas de estilo siniestro. En 1967, y a pesar de una terrible dolencia medular crónica, tiene lugar la composición del Ciclo de canciones sobre poemas de Aleksandr Blok para soprano, violín y violonchelo. Se avecina lo peor, el temible desenlace. Suena el dolor, el lamento por el amado difunto de la Canción de Ofelia. Habla de la luz y de las sombras. Sobrecoge cuando habla “de la victoria del malvado, de la muerte del bueno”, en el primero de los textos. Siempre nos queda la música, en el final de los poemas. “¡Oh, música, soberana de la tierra! A pesar de la muerte y los tormentos, a pesar del dolor, que la última copa que vacíe sea, humildemente, en tu honor”. Disco redondo a nivel instrumental y vocal. Buen trabajo.

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