
La cuerda, ensamblada con el metal y la percusión, alcanza momentos de verdadero clímax. Como apuntaría Jonathan Kramer, “la Novena es el adiós de un artista moribundo a un siglo que también lo fue, así como supuso el fin de la tonalidad”.


La cuerda, ensamblada con el metal y la percusión, alcanza momentos de verdadero clímax. Como apuntaría Jonathan Kramer, “la Novena es el adiós de un artista moribundo a un siglo que también lo fue, así como supuso el fin de la tonalidad”.