
El estreno mundial de La clausura del amor en la tercera edición de Ópera a quemarropa refuerza la consolidación de este proyecto musical de la Comunidad de Madrid de difusión de la ópera de cámara. La obra compuesta por la compositora Reyes Oteo se constituye así en un eslabón de continuidad del género, que se adapta a nuevos formatos y lenguajes para demostrar su pervivencia. Así lo comprobarán los espectadores que asistan a las dos funciones programadas en el festival en el Teatro Auditorio de San Lorenzo de El Escorial el 17 de julio y al día siguiente en el Teatro Real Carlos III de Aranjuez.
Otro estreno, en Alcalá de Henares el 18 de julio, acompaña al de La clausura del amor, el del proyecto La Plaza, integrado por artistas de distintas disciplinas -canto, performance, interpretación instrumental y composición-, que apuesta por nuevas voces, artistas emergentes, espacios alternativos y un lenguaje escénico contemporáneo.
Música y palabra
Arriesgada y experimental, la compositora andaluza Reyes Oteo (Sevilla, 1982) se ha forjado una carrera dentro de la música sinfónica y electrónica, con obras como Tehom de 2003, espectáculo audiovisual electroacústico con puesta en escena por actores en vivo y proyección de vídeo simultánea basada en el texto dramático ¿Se ha vuelto Dios loco? de Fernando Arrabal. A esta relación entre música y palabra vuelve con La clausura del amor, originalmente una famosa obra teatral del dramaturgo francés Pascal Rambert estrenada en el Festival de Aviñón de 2011 y representada en más de veinte países.
Dirigida por Ricardo Campelo Parabavides y coproducida por la compañía Teatro Xtremo y el Auditorio de Tenerife, la ópera La clausura del amor confronta a una pareja (Ruth González, soprano, y Enrique Sánchez-Ramos, barítono) en el momento que termina su relación. En escena, primero interviene él personaje que interpreta Sánchez-Ramos, mientras la otra parte de la pareja escucha atentamente. Luego habla ella y él recibe, también en silencio, sus palabras.
Interpretada en directo por una formación de cámara integrada por acordeón, oboe, percusión y electrónica.
La puesta en escena incorpora cámaras con seguimiento por IA que proyectan, sobre el fondo del escenario, los rostros y las expresiones de ambos personajes, configurando un dispositivo escénico y sensorial que explora la distancia, la escucha y el final del amor.
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