Doce Notas

La Edad de Plata

cdsdvds  La Edad de Plata

Un par de veces al año me llevo una gran sorpresa con los discos que reseño para Doce Notas; esta es la primera de 2026. Solo sabía por citas que existió Gustavo Durán como pianista y estudioso del repertorio musical popular español e hispanoamericano. No sabía más hasta que me llegó el disco hace un par de semanas. Lo puse en la columna, creciente, de escuchar y reseñar. Hay otra para escuchar solo y una tercera para repasar discografías. Las tres pilas, crecientes: mucho lío tras la jubilación.

Me pongo a escuchar y a leer el libreto. Sobresalto tras sobresalto. Su infancia, sus estudios y juventud, su relación con la Residencia de Estudiantes de Madrid, su amistad con Lorca, con La Argentina, con Cipriano de Rivas… Ufff, esto pinta muy bien.

1936: llega a teniente coronel del ejército de la República. Amistad con Capa, con Hemingway… Arreglos sobre canciones populares españolas, labor que Falla y Lorca comenzaron y que él ya conocía. Proyectos truncados; no todos perdimos lo mismo en la guerra y el franquismo.

Tiene que salir en 1939, pero pudo rehacer su vida en Inglaterra (recala en plena campiña inglesa, Dartington) y, en un año, ya estaba en USA: colaboración con el Departamento de Estado para seguir la pista del fascismo en el Caribe y Centroamérica. Cuba, México y el resto del continente, hasta Chile y la región andina.

Tuvo tiempo, entre tanto viaje, de escuchar, estudiar y arreglar temas populares de todo el continente americano, de España y de Grecia. Arreglos magníficos sobre temas conocidos como Yaraví, Bailecito, El Café de Chinitas, Loh Peregrino, Prendimiento de Antoñito el Camborio, El mal de l’amor, canción leonesa, Traición de Vellido Dolfos, El puerto de Guadarrama, canciones griegas, Orenda minha, Bailada sobre poema de Martín Codax.

En 1965 es destinado por la ONU a Atenas y en Grecia fallece en 1969. Allí está enterrado, supongo que sin ningún intento por parte de las autoridades españolas de repatriar sus restos. Somos así de “madrastros” en España.

Los arreglos van dirigidos a desentrañar el espíritu de los temas, por una parte, y darles una dimensión actualizada y estilizada, por otra. Me recuerda la labor de mis paisanos de la época Vicente Escudero y Mariemma con el baile tradicional español: la idea era coger un diamante en bruto popular y darle una forma definitiva y universal. Algo que consiguieron.

El libreto que acompaña al disco es ejemplar: textos de las canciones, fotografías, introducción por parte de su hija Jane.

Un esfuerzo familiar y de los dos músicos encargados de hacernos llegar su obra de forma directa y magistral, el tenor Jonatan Alvarado y el guitarrista Samuel Diz.

Recientemente se está recuperando su cancionero y hechos vitales, propios de un individuo vital y arriesgado. Un ejemplo de intelectual en armas, como pocos, como describió Malraux en L’Espoir.

Especial la labor de sus hijas, Lucy Durán, productora musical, musicóloga y realizadora de programas musicales en la BBC.

No puedo dejar de recomendar la escucha de esta hora de joyas musicales mundiales que pasaron por la mente y las manos de Gustavo Durán.

Mientras tanto, recomiendo contactar con Poliédrica Editora. Con el apoyo de: University of Exeter, Dartington Trust y Residencia de Estudiantes.

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Para finalizar esta reseña, como en otras ocasiones, hago unas preguntas para poner nervio y corazón a lo escrito, en esta ocasión a Lucy Durán.

Enorme el nivel de sabiduría de su padre. ¿Cómo podía organizar tanta actividad a su alrededor: familia, trabajo, aficiones?

Mi padre era superbien organizado en todos los aspectos de su vida, física y mental. Siempre vestido impecablemente. La librería siempre perfecta. Solía poner una enorme energía en todo lo que hacía: trabajar, leer, estudiar, componer, tocar el piano, organizar fiestas, conversar, contar anécdotas, aprender idiomas. Pero no se notaba que le costara esfuerzo; fue una característica innata. Se acostaba tarde, se levantaba temprano, pero siempre que podía se echaba una siesta. Yo, como la hija más pequeña de las tres hermanas, disfrutaba mucho de su compañía, su sabiduría y su musicalidad. Pero todo bajo sus términos…

Era un músico consumado y un musicólogo. ¿Trabajaba sobre partituras o sobre grabaciones?

Cuando componía, siempre lo hacía escribiendo partituras con lápiz; iba borrando y corrigiendo, con su escritura perfecta. Curiosamente, no guardó esos bocetos de sus composiciones, aunque recuerdo haber visto muchos mientras iba componiendo. Creo que los tiró a la basura una vez bien copiada la música en sus cuadernos, lo que llamamos su “cancionero”. Y entre ellas, las canciones del disco.

En cuanto al proceso de investigación, coleccionaba discos (vinilos) de toda clase de música, incluso de cantantes de gospel como Mahalia Jackson o de música cubana. Fue una gran parte de su inspiración.

También poseía una gran biblioteca de libros sobre la música de todas partes del mundo, sobre todo del mundo hispanohablante, de España y Latinoamérica. Yo he heredado esos libros. Los tengo a la vista todo el tiempo en mi casa. Así es que, cuando Samuel Diz vino a mi casa en Londres por primera vez, pudimos ojear muchos de ellos y hemos podido encontrar las fuentes de muchas de sus canciones, que luego hemos grabado en el disco El mal de l’amour.

¿Hubo algún intento de volver a España ya jubilado?

Sí, lo deseaba con el alma. Pero estaba muy enfermo del corazón, estando en Atenas (su último puesto en la ONU), cuando se acercó el momento de la jubilación en marzo de 1969. Una de sus últimas cartas fue a su hermano mayor, Ernesto Durán, que vivía en Madrid. Le decía que hubiera querido jubilarse en Madrid; sin embargo, no pensaba que tuviera suficiente pensión como para comprar una buena casa en la capital. Tal vez iría a Canarias, dijo. Murió cinco días antes de jubilarse de su puesto en Atenas. Su intención era tomar unas vacaciones con amigos durante un par de semanas en Chipre y luego irse a España. Tal vez la emoción fue demasiado fuerte…

Un legado como el de Gustavo Durán merece un centro cultural y musical completo en España. ¿Sería esto posible?

Las hijas de Gustavo hemos decidido donar todo su enorme archivo personal —cartas, partituras, libros relevantes (por ejemplo, libros de música firmados por los autores, como Argeliers León), sus fotos, etc.— a la Residencia de Estudiantes. Ahí está todo superbien archivado y conservado, y poco a poco van catalogándolo todo.

La Residencia ha dedicado dos eventos en memoria de Gustavo, con música en directo de Samuel Diz y Jonatan, y charlas (Lucy Durán, Lara López, Jane Durán, mi hermana, y Gloria García Lorca).

Así que creo que la Residencia ya está haciendo el papel de un centro para el archivo de Gustavo Durán. Lo que sería maravilloso sería una exposición del archivo en la sala de exposiciones de la misma.

¿En qué medida sigue usted su carrera de difusión de la música popular africana, en su caso?

Buena pregunta. Toda mi vida he tenido un fuerte interés en el folclore musical del mundo y, en continuación, también en mi carrera profesional (como locutora durante 27 años en BBC Radio 3), como productora musical de 32 discos —sobre todo, pero no exclusivamente— de música mandé de Senegal, Gambia y Mali, y como profesora en SOAS, Universidad de Londres. Todo esto se lo debo a la inspiración de mi padre.

Muchas gracias, Lucy; a ver si nos vemos en Londres pronto.

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