Doce Notas

‘Clásica& Danza española’ en la Escuela Superior de Música Reina Sofía

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La Escuela Superior de Música Reina Sofía continúa su ciclo de conciertos “Clásica&…” con una nueva propuesta en la que la música clásica se abre al diálogo con la danza española y la poesía, en un encuentro donde el sonido, el cuerpo y la palabra se entrelazan para crear una experiencia escénica única.

Clásica&… es un ciclo que apuesta por la mezcla, la espontaneidad y la colaboración artística, en un formato más distendido y abierto, pensado para quienes disfrutan descubriendo nuevas formas de escuchar. A lo largo de la temporada 25/26, cada concierto se presenta como una aparición inesperada que transforma el espacio y la experiencia, reuniendo a alumnos de la Escuela con artistas invitados de distintas disciplinas.

En esta ocasión, el violonchelo de Guillem Gràcia será el eje musical de una propuesta en la que su expresividad y profundidad sonora dialogan con la fuerza, el ritmo y la riqueza gestual de la danza española con la bailarina Isabel Ponce sobre el escenario. La incorporación de poesías de Alejandra Pizarnik, recitadas por la periodista Pepa Bueno, aportan una dimensión lírica que aumenta la carga emocional en escena.

La obra se articula en torno al recuerdo de un encuentro que quizá nunca llegó a suceder. Este gesto inicial sitúa al espectador en un territorio de ambigüedad, donde la memoria se fragmenta y se reconstruye continuamente. Sobre el escenario, la figura de la bailarina se presenta como una presencia única y atravesada por ese recuerdo. Evocación, deseo, ruptura y aceptación se suceden como estados de una conciencia en movimiento.

Músico e instrumento actúan como testigos y contrapunto de ese proceso interior. Lejos de una función meramente acompañante, la música de Saariaho, Bach, Huguet, Cassado y D’allabaco configura un espacio sonoro que sostiene, tensiona y amplifica la experiencia escénica, estableciendo un diálogo constante con el cuerpo y el gesto.

En este juego de presencias y ausencias, nunca se confirma del todo si el encuentro tuvo lugar. Es precisamente en esa incertidumbre donde la obra encuentra su centro: una reflexión sobre la identidad cuando se desprende de todo aquello que la rodea. ¿Qué permanece entonces? ¿Qué forma adopta el silencio? Y, como sugiere Pizarnik, ¿existe realmente el silencio?

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