Doce Notas

Enraizadas

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Hermanas músicas, jóvenes y trabajadoras. Se formaron en Barcelona, Musikene de San Sebastián, Rotterdam y Salzburgo. Actúan por toda España y el resto de Europa.

Abordan músicas de un rango temporal muy amplio, partiendo de finales del siglo XVIII hasta la actualidad, desde el clasicismo a piezas con una base impresionista importante, hasta llegar a un serialismo suave con la primera obra: Metamorfosis, de Federico Mosquera. Ágil y precisa partitura e interpretación.

Pasa el disco por la Sonata para violín y piano op. 37 de Andrés Gaos, quizá la pieza que mejor representa el antes aludido impresionismo. Gesto suave y tranquilo, pulso que saben mantener las dos hermanas.

Gaos, gallego de nacimiento, desarrolló gran parte de su carrera musical en Argentina, con esporádicas visitas a Europa, España incluida. Intérprete, compositor y funcionario en sus últimos años, posee una larga trayectoria dedicada a las músicas de raíz popular y dramática, con gran influencia del nacionalismo español en años de decadencia en la península.

Muy apropiada para los salones de la burguesía ilustrada de la época; recordemos que Argentina era un país en alza en ese momento.

Retroceden en la tercera hasta el periodo clásico para interpretar una pieza —Duetto per Cembalo o Piano Forte e Violino— del ilustrado José Palomino, niño prodigio español que acabó su vida en Portugal y con doble nacionalidad. Maestro de capilla en ambos países y protegido por la monarquía lusa. Piezas tranquilas, serias, introspectivas, ejecutadas con maestría: una delicia de escucha sosegada y, a veces, alegre, como el rondó final.

Cierra el disco una pieza del vallisoletano Luis de los Cobos Almaraz (1927-2012), obra grave, seria, pensativa. No es para menos: De los Cobos conoció la represión de Franco y el exilio. Hijo de fusilado durante la guerra, estudió Derecho y Música en Madrid; participó en la puesta en marcha de la Orquesta Sinfónica de Valladolid por iniciativa de Mariano de las Heras. No se le dio certificado de “depuración” ideológica y marchó a Ginebra a ejercer su doble carrera: Derecho y Música.

Su obra en los años cincuenta es un puente entre el nacionalismo musical de la II República en España y las nuevas tendencias ya atisbadas en Centroeuropa. Entabló amistad con Shostakóvich en Austria y quizá de él toma este estilo austero, serio, que refleja esta magnífica obra para piano y violín.

La Nana del Campo Grande —parque central de la ciudad— no es una nana al uso. Es una balada que rememora sus paseos nocturnos por el parque, interpretando para los amigos piezas de violín conocidas de la música europea. Emotiva y evocadora pieza. Un pasado que no deseamos, pero que a veces asoma la patita en Valladolid.

Vaya para él este homenaje del Dúo Delibes, al que me sumo.

Un disco que me ha sorprendido por la maestría y madurez de las dos hermanas intérpretes… y paisanas.

Grabado en la sala de cámara del Auditorio Miguel Delibes —sala con un sonido excepcional— el pasado verano y con el apoyo de la Junta de Castilla y León.

No lo duden: pedidos a cobrarecords.com y a disfrutar.

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