Doce Notas

Todo tiene un comienzo

cdsdvds  Todo tiene un comienzo

Todo tiene un comienzo y un final, que aquí es más un to be continued, dada la juventud de algunos autores y de los dos intérpretes.

Luis González Garrido, sevillano, se ha formado en Sevilla, San Sebastián, París y Bruselas. Es habitual en los festivales europeos, desde la música del Renacimiento hasta la música contemporánea y la popular actual. Con la herencia flamenca, que seguro que tiene de serie, imparte clases en Francia y el resto de Europa y ha recibido premios en España y Francia por sus interpretaciones. Su preocupación social le lleva a actuar en entornos educativos, hospitalarios y carcelarios. Todo esto habiendo nacido en 1997.

Orlando Bass, franco-británico, se forma en París y Berlín, y su abanico de intereses musicales va de Bach a la música contemporánea más actual y a la improvisación, especialmente con películas de cine mudo. Músico amante del riesgo creativo, participa en múltiples grabaciones y recibe premios de diversas instituciones musicales europeas, solo tres años mayor que su compañero saxofonista.

El lapso temporal de las ocho obras del disco es muy amplio, del orden de cien años: desde comienzos del s. XX hasta el actual s. XXI.

Esto justifica los casi setenta y cinco minutos del disco, minutos que se antojan la mitad dada la magnitud de las obras clásicas y actuales y la pericia de los intérpretes. Desde las obras más canónicas, como son las de Debussy y Poulenc —Première Rhapsodie y Sonate pour hautbois et piano—, a las más actuales y vanguardistas de Fabien Waksman —Cristal Seed— o Vincent David —L’éveil de la toupie—, ambas de una pericia, precisión y potencia cercana al jazz, para dar paso a la contemplación y lirismo de Aria, de Eugene Bozza —que escucho siempre dos veces—, demoledora melodía y tempo lento. Compositor cuya vida abarca casi todo el s. XX, nos deja una página maravillosa con esta Aria.

El pulso vanguardista y atonal se recupera con el joven Benjamín Attahir —Coincidences—, con cierto regusto arabesco y uso de la reverberación de las cuerdas del piano, golpeando la madera y huyendo de todo efectismo.

Se vuelve de nuevo a un cierto clasicismo con André Caplet, discípulo de Debussy y figura importante de la música francesa que tuvo como pareja a la propia Isadora Duncan: impresionismo de gran altura creativa en Impressions d’automne.

La compositora Fernande Decruck es la elegida para cerrar el disco con su Sonata en ut sos. Compositora especialmente dedicada al saxofón que vivió en la primera mitad del s. XX. Pieza con cuatro movimientos donde los intérpretes vuelven al canon de este tipo de dúos piano-saxo. Se me antoja que de una gran dificultad y exigencia.

Pieza de grandes contrastes sonoros dentro de la línea impresionista que impera en todo el disco en su vertiente «clásica».

Se acabarían dos veces los surcos del disco por las dos caras si fuera un vinilo. La industria del jazz y del rock lo hubiera convertido en un doble LP, seguro. Hay que agradecer aquí la generosidad musical de intérpretes y de edición.

Y acabo como en otras ocasiones: ¿para cuándo un circuito de música(s) del s. XX y XXI en España? Si los poderes musicales solo ofrecen clasicismo y romanticismo, nos perderemos también la música del siglo actual como nos perdimos la del siglo pasado.

Me temo que alguien saca partido de esta situación —intuyo que las grandes agencias centroeuropeas—, pues pasa también, en menor medida, en el jazz y en el rock.

Agradezcamos esfuerzos como los detallados aquí.

Cuentan con apoyo del INAEM y del Colegio de España en París.

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