Doce Notas

Un Año Nuevo algo distinto en Viena

cdsdvds  Un Año Nuevo algo distinto en Viena

Yannick Nézet-Séguin ha sido el encargado de dirigir a la Filarmónica de Viena en su tradicional Concierto de Año Nuevo en Viena. Una cita que este año ha contado con un leve pincel de modernidad aportado por la imagen y personalidad del director canadiense.

Pues otro Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena, pardiez, y ya uno ha perdido la cuenta de cuántos lleva a las espaldas. Ahí estaban los elementos icónicos: la deslumbrante Sala Dorada de la Sociedad Musical, las flores y el glamour de un público selecto y cada año con mayor sesgo multirracial… Poco cambia, como bien saben los aficionados, en esta enhiesta y querida tradición, de modo que las variantes de un año para otro las marca no tanto el repertorio (centrado, como no podía ser de otra manera, en el legado imbatible de los Strauss) como la personalidad de los sucesivos directores (algunos de ellos con más de una presencia en este menester a lo largo de sus sucesivas ediciones) que van desfilando por ella. Para esta 86.ª edición hemos tenido debutante: el canadiense Yannick Nézet-Séguin, batuta joven pero bien curtida, con un montón de seguidores, pero no exento de críticos, alguno de ellos poco recatado.

Nézet-Séguin quiso aportar un elenco de nuevas obras, en concreto cinco, no interpretadas con anterioridad en el concierto. Algo parecido a lo que Ricardo Muti ya hizo el pasado año, así como el dato de incluir entre ellas a dos compositoras, significativamente elegidas en su condición de pioneras: Florence Price (la primera afroamericana en ser reconocida con el estatus de compositora sinfónica) y la austríaca Josephine Weinlich, fundadora y directora de la primera orquesta europea compuesta íntegramente por mujeres.

Aquí radicaba, en buena medida, el atractivo de este Concierto de Año Nuevo 2026, en cuanto ya es bien sabido que la Filarmónica de Viena podría interpretar a la perfección los clásicos de los Strauss atada a un árbol de pies y manos, independientemente de quién la dirija. Se trataba, pues, de ver a un Nézet-Séguin que exhibió una franca expresión de placer durante todo el concierto, dar rienda suelta a su imagen y personalidad algo alejadas de la ortodoxia tan característica del mundo clásico, lo cual incluyó, entre otras curiosidades, perderse entre el público en la emblemática Marcha Radetzky, que tuvo un carácter lúdico y de fin de fiesta más marcado que nunca.

Es muy probable que Nézet-Séguin haya sabido llegar particularmente bien al enorme contingente de gentes que siguen la retransmisión en todo el mundo, porque tiene muy buenas dotes de comunicador y sabe transmitir, aunque sus —por otra parte, tampoco tan estrafalarios— toques de modernidad en cuanto a su imagen y actitud no sean del gusto de todos. Pero, como él mismo recalcó en la previa del concierto, «la música puede unirnos a todos porque vivimos en el mismo planeta». Un poder fascinante y maravilloso, superador de prejuicios y diferencias.

El ruso de origen osetio Tugan Sokhiev, otro debutante, será el encargado de dirigir a la Filarmónica el próximo 2027, y todos nosotros que lo veamos…

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