
El conjunto valenciano de música barroca Harmonia del Parnàs se presentó los pasados días 14 y 18 de noviembre en los auditorios de Teulada-Moraira y Castellón para estrenar la propuesta semi escenificada Las dos caras del amor en el barroco español con el internacionalmente aclamado sopranista brasileño Bruno de Sá de solista.
Dicha propuesta, centrada en la temática del amor vista a través de la obra del compositor barroco José de Nebra (1702-1768), consta de una primera parte en la que el cantante interpreta roles femeninos en la tesitura real y una segunda en la que da vida a roles masculinos escritos originalmente para soprano. Este hecho supuso una primicia en tiempos actuales, ya que las correspondientes arias no han sido cantadas hasta la fecha por un hombre en la tesitura real. El programa coincide históricamente con la etapa vital de uno de los grandes castrati, Carlo Maria Michelangelo Nicola Broschi, alias Farinelli (1705-1782), quien debió interpretar estos roles que hoy día suelen ser interpretados por mujeres soprano. El maestro y organista aragonés José de Nebra fue uno de los compositores más destacados del barroco español en el siglo XVIII, y compuso numerosas óperas y zarzuelas de las que se escuchó una selección.
Las veladas ofrecidas por Harmonía del Parnás junto al sopranista Bruno de Sá tanto en Teulada-Moraira como en Castellón se convirtieron en una de esas raras ocasiones en las que el rigor historicista y la emoción pura coincidieron sin aparente esfuerzo. Desde el primer compás, quedó claro que no se trataba de un simple recital de música antigua, sino de un viaje dramatizado cuidadosamente elaborado, gracias también a la excelente labor del director de escena Allex Aguilera.
Harmonía del Parnás mostró una vez más su solvencia y profunda conexión con el repertorio barroco bajo la dirección de Marian Rosa Montagut. El sonido del conjunto fue compacto, a la vez que flexible y transparente, con un bajo continuo que proporcionó una base firme sin caer en la rigidez. Las cuerdas, gráciles y vibrantes, se vieron en ocasiones flanqueadas por dos magníficas trompas. La característica esencial del ensemble (una mezcla de precisión estilística e intuición expresiva) se hizo particularmente evidente en los movimientos instrumentales, donde el fraseo resultó elegante y natural, sin artificios.
La aparición de Bruno de Sá cambió por completo la atmósfera. Con una voz que combina una pureza casi irreal con un brillo escénico deslumbrante, el sopranista ofreció interpretaciones tan virtuosas como intensas. Los pasajes de coloratura surgieron con una fluidez casi acrobática, pero siempre al servicio del discurso musical; nada sonó gratuito, nada mecánico. En las arias más íntimas, su timbre claro y cristalino llenó ambas salas con una delicadeza conmovedora; en las más ardientes, su presencia escénica adquirió un magnetismo inesperado: cada gesto, cada respiración, parecía surgir directamente del texto y de las tensiones armónicas que lo acompañaban.
La compenetración entre solista y conjunto fue evidente desde el primer número conjunto. Harmonía del Parnás supo acompañar a Bruno de Sá con una flexibilidad que permitía al cantante estirar o recoger las frases sin perder el hilo musical. El conjunto instrumental formado por cuatro violines, dos trompas y el continuo (violonchelo y clave) respondió con espontaneidad, creando un tejido sonoro cálido y envolvente. Uno de los logros más relevantes en ambos conciertos fue la capacidad de conferirle al repertorio una insólita actualidad emocional, reforzada por el enfoque dramatúrgico. Cada pieza, incluso la más breve, se convirtió en una escena en miniatura. Y en conjunto, el programa configuró un arco expresivo que mantuvo al público atrapado hasta el último momento.
En este proyecto que tematizaba al amor, la colaboración entre Harmonía del Parnás y Bruno de Sá no fue un diálogo entre pasado y presente, sino una prueba de que la música barroca sigue siendo un arte vivo, capaz de hablarnos con claridad contemporánea.
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