
Cuando (justo antes que comenzara el estado de alarma en nuestro país) Paloma Gutiérrez del Arroyo (voz) y Manuel Vilas (arpa medieval) presentaron en Madrid su CD Chantador de joi d’amor, llevaron a cabo con éxito la difícil tarea de presentar en formato concierto –y en una iglesia barroca de amplia nave– un repertorio alumbrado hace unos nueve siglos. Pero otro tipo de reto es llevar al estudio seis piezas de unos 9 min de duración cada una (en promedio), compuestas para un ambiente performativo muy específico dentro de un orden social ya inexistente, la música del trovador Bernart de Ventadorn (nacido cerca de Limoges, en el siglo XII).
Después de la caída del CD como formato de distribución de la música y su reconversión en objeto cuyo valor tiende a lo objetual, las producciones, que rara vez dejan de contar con una versión física, estudian muy bien que llevar al estudio o, dicho de otra manera, grabar repertorio tan poco conocido como el que nos ocupa en estas líneas y con el que tenemos tanta distancia cultural, es una apuesta significativa.
La grabación es muy fiel a criterios históricos derivados de la información –parcial– de la que disponemos de la música trovadoresca. Todas las pistas están grabadas conjuntamente por el dúo, en el que Gutiérrez del Arroyo pone en voz femenina los hermosos versos de Ventadorn. Porque, aunque no era lo más común, en el patriarcal entorno social de los trovadores había su contrapartida femenina, las trobaritz.
Por su parte, Vilas hace gala de creatividad y de una fina meticulosidad. Es casi una hora de música donde, a partir de la poca información performativa que se tiene, Vilas acompaña de manera variada y con gran atención al detalle en los matices. En sus manos suena un arpa fabricada por Luis Martínez, cuyo diseño está inspirado por las iluminaciones de la Biblia Maciejowsky (siglo XIII, norte de Francia). Los dos consiguen una simbiosis tal que el resultado pone en primer plano a la hermosura de la poesía de nuestro chantador.
Tratándose de un repertorio en el que texto y música son un solo indivisible abocado a la expresión poética algo que suma en la producción es la asesoría (citando al librillo del CD: “inspiración”) de una especialista en la lengua y la literatura occitana, Geneviève Brunel-Lobrichon.
Teniendo en cuenta que un disco así es una recopilación que en ningún caso se puede tomar como una versión discográfica del modelo recital, la producción termina siendo toda una joya, no solo por su rareza (aun queda mucho por descubrir de este repertorio al gran público), sino porque, respetando unos criterios históricos que nos sacan de nuestro contexto cultural, la calidad del resultado artístico es innegable.
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