Estos dos artesanos nos descubren cómo aplican sus conocimientos de ingeniería para hacerse un hueco, sin tener padrinos, en la difícil profesión de lutier.
Paco Chorobo tarda un mes en transformar un puñado de palos en una guitarra flamenca adaptada al tacto, al sonido y a la estética de cada cliente. Utiliza sus propios moldes e incluso las máquinas de calibrar que él mismo ha creado. “Cuando alguien me dice ‘Paco quiero una guitarra que esté apretada, que me aguante bien, que no raje’, pues todo ese lenguaje lo entiendo porque también soy guitarrista”…
Chorobo había arreglado su primera guitarra cuando solo tenía diez años. Ya sabía tocar el piano y se había curtido como guitarrista y compositor tras quedar fascinado con un casete de Camarón en la adolescencia. Por eso no extraña tanto que comenzara a estudiar todo lo que caía en sus manos sobre construcción de guitarras “como si estuviera haciendo unas oposiciones”…
Luis Guerrero coincide con Paco Chorobo en que los comienzos de un lutier surgido de la nada —él es hijo de una profesora y un médico— son difíciles. Al igual que el ubetense, Guerrero se formó como ingeniero de telecomunicaciones, aunque no solo la pasión por construir guitarras le llevó a decantarse por montar su propio taller.
Hace cinco años, cuando se quedó en paro después de trabajar en una empresa dedicada a la firma electrónica de contratos, decidió empezar una carrera diferente en solitario. “[Pensé] cómo me encantaría hacer algo que dependiera de mí mismo, que yo haga mi trabajo y que nadie externo a mí un día venga […] y diga ‘te echo’. Quería buscarme una independencia laboral”, cuenta a HojaDeRouter.com …
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