
Grabación de Concertata a quattro, Tríos Arbós
Se trata del decimonoveno disco del grupo y está dedicado esta vez al cuarteto con piano (violín, viola, violonchelo y piano), pero, sobre todo, está dedicado a la memoria: tres obras para una formación escasamente frecuentada por el repertorio español, y que fueron compuestas en los años treinta.
Juan Carlos Garvayo, pianista del Trío Arbós y autor de las notas del CD, subraya justamente que “la producción de música de cámara para cuerda y piano en la primera mitad del siglo XX español no es especialmente pródiga”, por ello se hace sorprendente que “en un periodo de siete años (1931-38) aparecieran tres obras maestras escritas para una formación de la cual no existían prácticamente ejemplos…”
Es muy posible que el alto nivel alcanzado por la obra de Turina ejerciera un revulsivo en la joven generación que, aunque se había formado mayormente con Conrado del Campo y admiraba a Falla, Stravinsky y el neoclasicismo, estaba en estrecho contacto con un Turina que ejercía en el Conservatorio y en diversas instituciones. Así por ejemplo, Turina formaba parte de un jurado (junto con Esplá, Miguel Salvador, Facundo de la Viña y Bacarisse) que concedió por unanimidad el Premio Nacional de Música al Cuarteto con piano del navarro Fernando Remacha.
También se pueden buscar hilos conductores en algunos de los intérpretes que dieron vida a ambas obras. Es el caso del violinista Luis Antón, presente en el estreno de ambas obras, y que llegó a ser concertino de la ONE hasta bien entrados los años setenta. El estreno de ambas obras sucedió aún en pleno periodo de paz republicana: el 11 de mayo de 1932, la de Turina y, presumiblemente, el 9 de marzo de 1936 la de Remacha en el Colegio de España de París. Garvayo no da por seguro este estreno tres años después de haber merecido el Premio Nacional, pero no ha podido encontrar referencias anteriores. La obra de Remacha surge en un clima estético en el que la referencia a un Stravinsky o incluso a un Bartók, por no citar a Ravel o incluso a Prokofiev y Shostakovich (como sugiere Garvayo). Pero al margen de influencias, es una obra de honda personalidad de un autor magnífico que se eclipsaría tras la Guerra Civil, al menos durante dos décadas, por un exilio interior lamentable.
La última obra que cito es, quizá, la más sorprendente de la grabación y la primera en aparecer dando título al disco completo. Julián Bautista, madrileño, era miembro, como Remacha, del conocido como Grupo de Madrid y alumnos ambos de Conrado del Campo. Juntos trabajaron en la empresa cinematográfica Selecciones Filmógrafo, y juntos colaboraron con el gobierno de la República, recibiendo como premio el exilio que ambos compartieron aunque no juntos: Remacha se aislaría en su Tudela natal trabajando durante alrededor de veinte años en una ferretería familiar, mientras que Bautista alcanzaría Argentina, donde residió hasta su muerte.
La Seconda Sonata Concertata a Quattro presupone, por el título, la existencia de una primera, pero se perdió a causa de un bombardeo en su casa madrileña junto con gran parte de sus pertenencias. Esta segunda, fue compuesta en 1938, en Barcelona, donde residía Bautista como miembro del Gobierno Republicano, entonces instalado allí. Es una obra compuesta en dos meses y en un clima de bombardeos que la emparentan con algunas de las bien conocidas piezas de guerra de Shostakovich. El clima es, no obstante, ligero, solo adquiere un dramatismo, aunque de carácter muy íntimo, en un sobrecogedor segundo movimiento, lento y denso, del que podemos imaginar la tensión de su entorno en el momento de la composición.
La obra nació como consecuencia de la convocatoria de un concurso que propuso el Quatuor Belge à Clavier, convocatoria que Bautista conoce tras una breve estancia en Londres a donde acude para escuchar su obra “Tres ciudades”. Es muy sorprendente (a tenor del olvido de la obra) que esta Sonata Concertata se alzara con el primer premio de la citada convocatoria, compitiendo nada menos que con 121 obras, y con un jurado formado por Casella, Bliss, Ibert, Honneger y Tansman.
El estreno de este primer premio tuvo lugar el 10 de marzo de 1939, en Bruselas, y tuvo el valor añadido de que sirvió como salvoconducto para que Bautista consiguiera salir del campo de concentración francés donde había sido internado con tantos exiliados republicanos españoles. En Bruselas, Bautista se reunió con su esposa y desde allí se trasladarían a Buenos Aires, ya para siempre.
La interpretación del Trío Arbós, auxiliado por la violista Rocío Gómez, es excepcional. En este decimonoveno disco, el Trío, volcado en la difusión y comprensión de la música contemporánea, echa una mirada a un pasado cercano, tan olvidado y marginado como gran parte del actual, y nos descubre maravillas. Nos dicta una lección de comprensión de una literatura nacional que a fuerza de desconocerla, nos hemos imaginado una y mil veces que no existe. Cierto es que el desconocimiento tiene fuerzas históricas extremas. Tanto es así que el Trío Arbós da por casi seguro que la obra de Bautista no se ha vuelto a escuchar desde ese estreno en Bruselas de 1939. En fin, no es un muerto en una cuneta, pero es también memoria histórica. Y no es solo cuestión de justicia, es que se trata de una obra excepcional, vívida, sugerente y lírica.
Anotemos que este disco es la primera colaboración del Trío madrileño y el sello granadino Ibs Classical. Todo un idilio a proteger.