Hemeroteca :: 01/10/2009
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música

29/10/2009

Por Juan Antonio Llorente
Última actualización 06/11/2009@17:44:21 GMT+1
En el mundo de los instrumentos musicales, donde se conoce al piano como el Rey, el órgano es el Papa. De ahí sus connotaciones religiosas para algunos, y de ahí también el empeño desacralizador emprendido por Toulouse les Orgues, festival cuya 14ª edición acaba de celebrarse.
Festival de Toulouse les Orgues 09. Coro del Capitole de Toulouse, al órgano Yves Rechsteiner. ©J.J. Ader
Una vez más se han puesto de relieve todas las posibilidades que la música de órgano brinda, estructurando un menú largo y estrecho, siguiendo con nomenclaturas gastronómicas. Recurriendo para ello a las múltiples opciones que brinda la región francesa de Midi-Pyrénnées, donde hay censados más de cuatro centenares de órganos, la mayoría en espacios religiosos en uso, o rehabilitados para fines civiles.

Sólo Toulouse contabiliza más de medio centenar, treinta de ellos en uso, siete de los cuales calificados de monumento histórico. El término de capital del órgano es, pues, el que mejor cuadra a esta ciudad de ladrillo, en la que, en el último fin de semana del festival, acudieron a la llamada de Jan Willem Jansen algunos de los mejores organistas del momento y, con ellos, otros artistas dispuestos a unirse o a rivalizar con el majestuoso instrumento en marcos de excepción.

Desde la Catedral de Saint Étienne, compendio de la historia de la arquitectura, a las deslumbrantes naves de Saint Sernin, la mayor basílica románica de Europa, que alberga uno de los mejores órganos del mundo, construido por Aristide Cavaillé-Coll. Una experiencia única de sonido si maneja sus registros Michel Bouvard, como lo fue la extensión extra-muros al órgano histórico de Cintegabelle, 20 años después de su recuperación definitiva.

Sin restar el interés a ninguna de las propuestas, de memorables pueden calificarse la presencia de Yasuko Uyama-Bouvard en su doble faceta frente al órgano y el pianoforte en un programa Haydn; la soberbia ilustración musical al órgano por Jean-Baptiste Dupont de un filme de Jacques Feyder; la interrelación entre el Coro de la Ópera tolosana -y su flamante director, Alfonso Caían-, con los dos órganos de la Basílica de Nôtre dame de la Daurade o las improvisaciones del valenciano Juan de la Rubia Romero haciendo viajar desde el barroco hasta el jazz al Cavaillé-Coll de San Sernin. Y, como no podía ser de otro modo en su ciudad, los famosos Saqueboutiers de Toulouse tuvieron su momento de gloria con el particular homenaje a la obra de Heinrich Schutz.

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