VALLADOLID

De escuelas municipales y otras músicas

Miguel Ángel Pérez Martín - 07/05/2012

Vaya. Esta tarde he tenido que cambiar un par de artículos. El que tenía más avanzado era éste, el del extraño caso de la Escuela Municipal de Música de Valladolid “Mariano de las Heras”.

Actuaciones de alumnos de la EMM Mariano de Las Heras ayer, 6 de mayo, en Valladolid © Pablo Gerbolés

Con diecisiete años de antigüedad y después de haber formado miles de músicos y aficionados,  la escuela pasa por un momento de incertidumbre. Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid y que se pone en marcha de nuevo el procedimiento de adjudicación a las empresas interesadas, el ayuntamiento ha deslizado un borrador de reglamento que “bajaba la calificación” de “centro educativo” a “recurso sociocultural”.

Ello supone, de entrada,  una merma de calidad en la formación impartida: ya no habría pruebas, la exigencia sería menor y tanto los profesores como los alumnos habrían de tomarse su esfuerzo de tiempo y dinero como un mero pasatiempo. Otra consecuencia es la pérdida de profesorado para los alumnos mayores que quieren seguir aprendiendo música para perfeccionar la interpretación o la imposibilidad de poner en marcha los necesarios combos y ensembles que dan sentido a esta educación musical no académica.

Ya tenemos en Valladolid experiencia en este tema. Fue en los noventa, la escuela de cine y vídeo la primera que desapareció, le siguió la de teatro y la de danza se salvó por que los padres pusieron en marcha una asociación cultural que la gestiona, este año ha tocado el turno a la más que interesante – y realmente económica- escuela de grabado y a la de música en estas últimas semanas. ¿Razón? La gran coartada actual: ¡La crisis! No hay dinero.

No nos lo acabábamos de creer, ya que el ayuntamiento no deja de realizar gastos, y algunos tan estrambóticos como los casi doscientos mil euros en el par de corridas de toros a celebrar en mayo… cartel impresionante dicen los aficionados. No lo dudo, pero en estos momentos tan críticos optar por los toros frente a la educación y la cultura no parece lo mejor para remontar el vuelo.

Todo parecía sencillo: como en otras ocasiones, el pueblo de Valladolid se enfrentaba a la intolerancia de Javier León de La Riva, alcalde popular de la ciudad.

¿Déficit municipal?… bueno los costes superan a los ingresos por matrículas, claro. Los ingresos por matrícula fueron casi el 80% en los primeros años de este siglo, pero con el cambio de sede a un buen centro cultural, desde la antigua sede del colegio García Quintana de la Plaza de España, con el consiguiente aumento de los costes de las instalaciones –por la necesaria amortización– la matrícula cubre aproximadamente el 50% del presupuesto. ¿Pocos alumnos? Seiscientos veinte. Y porque no quieren admitir más. La primera vez que matriculé allí a mi  hija tuve que hacer cola desde las cinco de la mañana. Ni un sistema de sorteo habían ideado para las escasas plazas. Es una forma de morir de éxito.

¿Enseñanza de baja calidad? Pues no parece. El propio ayuntamiento maneja una base de datos de más de doscientos grupos musicales en la ciudad: clásica, folk, rock, pop, blues, jazz…muchos de ellos, ante los problemas acústicos en los conciertos nocturnos han optado por hacer sesiones matutinas y de media tarde para evitar molestias a los vecinos y multas municipales. Item más… el propio ayuntamiento organiza desde hace unos años la Fiesta Europea de la Música el 21 de junio, con la concurrencia de muchas de estas formaciones. Organiza también costosos conciertos en el Teatro Calderón, el nuevo –y marciano–  espacio La Cúpula del Milenio y hasta en el estadio de fútbol. Para ello apela a los miles de aficionados de la ciudad, muchos de ellos formados también en la propia escuela junto al conservatorio y las docenas de escuelas privadas que hay en la ciudad. Ciudad con una afición impresionante como tengo ocasión de comprobar, ya que colaboro en la organización de conciertos de jazz y música de vanguardia en un espacio del centro de la ciudad.

A todas estas sinrazones se une la imposibilidad del Partido Popular para resolver la contradicción que supone “el paradigma cultural de la clase social” (Bordieu) propio de los años 70 y 80 del pasado siglo, entre la “alta cultura” –su orientación a la defensa del patrimonio monumental y artístico y música clásica– y la hegemonía actual de la  “cultura popular”: música popular, tradicional, rock-pop, blues, jazz… algo que la Escuela de Frankfurt ya había dado por estudiado y que Frank Zappa había sepultado simultaneando con radicalidad y maestría las dos expresiones. Pues nada, ellos no se han enterado.

Todos estos factores hacían más extraña la cerrazón del alcalde por querer liquidar la interesante labor de esta escuela de música. Y por ahí iban mis argumentaciones hasta que empecé a ver qué había pasado en otros lugares con las escuelas municipales. ¡Vaya! Sorpresa…entro en la web de Doce Notas y veo que “no estamos solos”. Localidades como Leganés, Manacor, Aranjuez, Villacañas pasan por el mismo momento: ¡cierres! Punta Umbría se ha librado, pero ha estado a punto de incrementar esta aciaga lista.

¿Podría formar parte de una estrategia más amplia? Pues eso parece. Un documento difundido por la Femp (federación española de municipios y provincias) define las veinticuatro competencias “propias” de estas entidades locales. Desde el urbanismo a la asistencia social pasando por la vialidad y la cultura. Pero NO APARECEN YA POR NINGÚN LADO LAS COMPETENCIAS EN EDUCACIÓN FORMAL Y NO FORMAL. Se han esfumado, las han arrinconado, sin que se haya realizado un debate social serio, con luz y taquígrafo, simplemente: se han estrangulado, y con esto las aspiraciones de miles de alumnos –muchos de ellos menores–, de sus padres, de músicos profesionales y aficionados que quieren mejorar sus conocimientos musicales, de cientos de profesores, de viabilidad de empresas culturales, de toda la sociedad. Por la vía innoble y cobarde de los hechos consumados. Sin que las autoridades de educación de las comunidades puedan regular estas competencias y ligarlas, quizá, a la enseñanza oficial, diseñando dos itinerarios con puentes y pasarelas como se ha hecho en otros campos.

Si la ciudad de Valladolid (350.000 habitantes) y su área metropolitana (otros 100.000 habitantes) pierden este recurso educativo se trataría de un gran drama cultural y musical del que han de responder el propio ayuntamiento y la Junta de Castilla y León –casi siempre practicando la política de avestruz.

Uno de los mayores perjudicados sería el propio ayuntamiento ya que se servía para sus propios programas de músicos tanto locales como aficionados. Un auténtico suicidio cultural, un gran retroceso musical; quizá sea esto lo que pretende Javier León de la Riva apoyando con doscientos mil euros las dos corridas de mayo, restando, justo esa cantidad, a la Escuela Municipal “Mariano de las Heras”.

Y ya puestos a ser malos, ¿será que le molesta el nombre? Mariano de las Heras fue director de la banda musical de la Casa del Pueblo en los años 30 y posteriormente director de coro,  ya en prisión.

A ver si alguien pone un poco de razón en la España actual.

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